S ueño que saco a la perra de mi madre a hacer sus necesidades en el parque habilitado cerca de casa para tales quehaceres. Allí, mientras espero a que la perra se decida entre caca o meado, veo que aparece un viejo con su perro. Entonces, Lau, la perra de mi madre -¿Qué se habían creído ustedes?- sale disparada hacia el trasero del perro. Yo me acerco al instante, y casi que de un salto, hasta donde está viejo para controlar a Lau cogiéndola de la correa que ato a su collar a toda pastilla. También aprovecho para disculparme por mi negligencia. Entonces descubro que tengo delante de mí a un tipo clavado a Arthur Schopenhauer, uno de los más brillantes filósofos del siglo XIX y de más importancia en la filosofía occidental, el máximo representante del pesimismo filosófico. Lo reconozco al instante porque en casa tengo una estantería dedicada en exclusiva a sus libros con todos los retratos posibles de su autor, desde aquellos a modo de manuales de ayuda para...
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