UNA DE PIRATAS


 

  Sueño que estoy de cocinero en el galeón América. No me pregunten a santo de qué, esto es un sueño y a mí jamás se me habría pasado por la cabeza embarcarme ni en un crucero por el Mediterráneo.

El caso es que, como hace tiempo que no he pisado otro suelo que no sea el de la cocina y mi camarote entre los que transcurre todo mi tiempo, por eso y porque apenas me comunico con la tripulación ya que desde el primer día que puse el pie aquí me di cuenta de que, con muy contadas excepciones, estaba compuesta por una caterva de marineros de agua dulce con alma de filibusteros y muertos de hambre con menos cerebro que un mosquito, no me he enterado de lo que estaba pasando ahí fuera hasta hace un rato que me he asomado atraído por un estrépito más grande de lo habitual que me llegaba desde la cubierta.
- ¿Que qué está pasando? ¡UN MOTÍN ESO ES LO QUE PASA?
- Anda, no me jodas que os habéis amotinado contra vuestro amado capitán, si lo elegistéis por mayoría absoluta tras desplazar al anterior por viejo y flojo.
- Nos prometió que nuestro galeón volvería a ser el más temido del Caribe.
- Faltaría, no por nada es el que más cañones tiene de todos los que surcan estos mares.
- Al principio todo parecía ir viento en popa, y nunca mejor dicho.
- Que ya era raro con un capitán tan narcisista, veleidoso, histriónico, despiadado y mezquino como el vuestro.
- Sí, a su lado Edward Teach, alias Barbanegra, un grumete de medio pelo. Con todo, creíamos que era el mejor capitán de la marina mercante.
- ¿De la marina mercante?
- Bueno, sí, puede que lo de abordar el Venezuela para quedarnos con sus tesoros no estuviera del todo bien. En nuestro descargo hay que decir que lo hicimos para liberar al pasaje en manos del sanguinario bucanero Nichol Ripe.
- Ya, quien roba a un ladrón, mil años de perdón. ¿Por eso luego también lo del abordaje del Groenlandia?
- ¡La compañía naviera para la que trabajamos necesitaba sus recursos!
- ¿Y eso no es propio de piratas?
- Como mucho de corsarios al servicio de nuestro pabellón.
- ¿Qué pabellón, qué corso?
- Ese es el problema. Mientras se trataba de abordar barcos con pabellones de compañías babaneras y narcoterroristas como las del Venezuela, el Nicaragua, el Cuba, el Irán, el Nigeria y cuaquier otro barco de medio pelo por estilo, pues, todo parecía ir...
- Viento en popa, sí.
- Eso, eso.
- Claro, claro, patente de corso contra el mal y tal y cual...
- Pues sí. El problema ha sido después del abordaje del Groelandia por culpa de la avaricia sin límites de nuestro capitán y su convicción de que nadie osaría plantar cara a nuestros cañones.
- ¿?
- Depués de lo del Groelandia, una fragata de una humilde compañía europea con todo el papeleo en regla y sin cuentas pendientes con nadie, nos hemos convertido en los apestados de los siete océanos, el resto de compañías navieras del mundo entero se han confabulado en nuestra contra y ya no podemos atracar en ningún puerto a repostar que no sea el nuestro propio. Se acabaron, pues, las farras criminales en las tabernas y burdeles de media Europa, los amaneceres paseando por las infinitas playas de arena fina blanca de Oceanía, los enamoriscamientos con las mulatas, mestizas, zambas y otras maravillas de la fusión interracial de Sudamerica, incluso los safarís de fin de semana en África. Eso y que ahora tenemos a todas las corbetas, galeras, galeones y fragatas del mundo entero detrás de nosotros tras haber sido acusados de piratería.
- ¿De ahí el motín contra vuestro hasta hace nada amado capitán?
- Por eso lo vamos a pasar por la quilla ahora mismo.
- Esperad que voy a la cocina a por los despojos del bonito para el marmitako que había preparado está mañana.
- Eso, eso, cuantos más tiburones mucho mejor.
Y luego sí, ha sido ver pegar un salto a un tiburón blanco de no sé cuántas toneladas y despertar del susto. Pobre bicho, qué asco, oye.

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