VÍSPERA DE REYES POR TODO LO ALTO


 

 Como es víspera de Reyes mis pesadillas de anoche han sido un monográfico. En la primera de la noche volvía a tener ocho o nueve años y mi viejo me llegaba a ver la cabalgata de sus majestades. Recuerdo que lo que más me ilusión me hacía, como cuando me llevaban al circo por fiestas, era poder ver de cerca animales, ovejas, gansos, caballos o dromedarios. En mi sueño mi viejo me coge "arricotes" para que pueda ver la llegada de sus majestades por encima de la turbamulta arracimada para la ocasión. Cuál es mi sorpresa que en lugar de ver a los Reyes Magos sobre sus dromedarios o, en su defecto, a caballo como solía ser lo habitual, los veo también a "arricotes" de los representantes sindicales de los jardineros municipales que este año han mantenido en jaque al ayuntamiento con su huelga indefinida hasta hace cuatro días; mejor no preguntar qué tipo de acuerdo habrán firmado. En cualquier caso, el niño que soy en sueños le pregunta a mi viejo, que para algo compraba El Norte Express todas las tardes:


- ¿Y los camellos o los caballos al uso?

- Eso han sido sustituido por empleados muncipales para que los animales no se estresen por culpa de la multitud -me contesta poco convencido.

- ¿Entonces este año en vez de corderos saldrán brasileñas?

- ¿Cómo?

- Quiero decir corderas. Ya sabes, aita, como no quieren que se estresen los cordericos que acompañan a los pastores que suben todos los años desde tu pueblo a la capi para danzar en la cabalgata.

- Esos, hijo mío, hace ya años que no suben; como mucho suben a la capi la Zagala y el Katximorro a hacer compras y por el estilo.

- ¿Por eso este año tampoco son reyes sino reinas por la cosa esa del empoderamiento feminista?

- Y cada una de ellas en representación del colectivo de inmigrantes según el origen de cada reina: Baltasar una senegalesa de las que te venden quincallería étnica por las terrazas, Gaspar una chinita de esas adoptadas y...

- Melchor no parece muy europeo que se diga...

- No, porque nuestras hermanas sudamericanas también tienen derecho...

- Ya, pero es que Melchor parece la prima de Atahualpa...

- Tú mira las carrozas.

- ¿Dónde? No veo nada.

- Porque también han puesto luces LED como las de las farolas por la cosa ecológica y tal.

- Total, que no se ve una mierda.

- Sí, un poco deslucido sí que está todo este año...

- Eso y que este año en lugar de gansos toca conformarse con los munipas.

- Joder, qué pesado estás. Mira que te bajo para que bailes tú solo.

- ¿Bailar qué? ¡Si no hay música?

- Sí, este año han decido que se desfile sin música...

- No me lo digas; ¿para no molestar a los vecinos?

- A estas horas hay mucha gente mayor durmiendo ya en sus casas y... Acumulación acústica, dicen.

- ¿Y para qué cojones organizan entonces una cabalgata de Reyes sin animales, pastorcillos, luces, música, sin magia ni nada?

- ¡Josemari, no hables así que como se enteren las Reinas Magas en lugar de regalos te van a tocar un cargamento de carbón.

- ¿Carbón, energía no renovable? Lo dudo. Éstas me dejan molinillos de viento de esos en papel, fijo.

En eso que despierto para la primera meada prostática de la noche, y al volver a la cama, y nada más reconciliar el sueño, otra pesadilla.

Sueño que me despierto por segunda vez en mitad de la noche creyendo haber oído un ruido procedente del salón donde se encuentra el árbol de Navidad con los calcetines colgando para que sus majestades de Oriente dejen sus juguetes. Entonces me acerco a hurtadillas hasta el salón. Procuro abrir la puerta despacio y sin meter ruido para comprobar a través de un hueco mínimo que, en efecto, se trata de Melchor, Gaspar y Baltasar cumpliendo con su cometido. Sin embargo, la emoción es tanta que bajo la guardia y abro tanto la puerta hasta que uno de los reyes gira la cabeza -en estos casos suele ser Baltasar, el cual siempre anda al tanto, supongo que por si aparece algún agente de la ley para pedirle los papeles o algo así, y me descubre.

Así pues, una vez descubierto escapo como alma que lleva el diablo hacia mi cuarto para esconderme debajo de las sábanas hasta el día siguiente. A la mañana, sin embargo, me levanto con el corazón en un puño porque temo que una vez en el salón me vaya a encontrar los alrededores del árbol hechos una carbonera como castigo por mi osadía durante la noche. Luego ya compruebo que todos mis temores eran infundados, ya que, como no tardaría en saber unos pocos años más tarde, los Reyes son los padres y no van a ser tan hijos de puta como para traumatizar a sus retoños sólo por echar unas risas, con lo caro que les puede salir eso luego en sicólogos.

Eso y que los reyes de verdad tampoco son muy de hacer regalos, sino más bien todo lo contrario, son los lacayos a la caza de favores, también llamados enchufes o contactos, quienes se los hacen a ellos, tipo el yate Bribón, o del Bribón, ya no sé, los picaderos de lujo en la Sierra para las barbacoas con la Bárbara Rey o Corina de turno, las cuentas ocultas en paraísos fiscales a nombre de testaferros y todo así.

A por la segunda meada prostática de la noche y tercera pesadilla nada más volver al catre con un trasfondo real que ahora no viene al caso.

Sueño que vuelvo al salón de casa en mitad de la noche y que al ir a abrir la puerta me encuentro, en lugar de al trío regio, a tres fulanos de la secreta que apenas unos pocos días antes habían pasado por casa preguntando por un tal José María Arinas a cuenta de no me acuerdo bien qué mandanga subversiva -aquí ya mezclando una anécdota de mi pasado, pero si eso para otro día, algo así como muy de los años de plomo y tal- a lo que a mi señor padre no le queda otra que preguntarles con una apenas disimulada media sonrisa.

- ¿Está seguro, agente, de que se trata de mi hijo?

- ¿Está sugiriendo que la policía no sabe lo que hace?

- Mire que el chaval sólo tiene ocho años...

- Ya...

- ¿No se habrán confundido de apellido?

- ¿Y su hijo no es demasiado mayor ya para creer en los Reyes Magos?

- Mi hijo es y será siempre de izquierdas y republicano.

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