
Sueño que servidor y la mujer de mi vida y olé estamos de vuelta en Berlín, y ya más en concreto en la pequeña terraza de mesas de gruesa madera de aquella cervecería que ocupaba la planta baja de una curiosa casita de dos plantas en pleno centro de la capital alemana. Me doy cuenta porque, al igual que aquel día, me encuentro disimulando que no le aparto el ojo a la joven y rubicunda camarera alemana de pelo corto que atiende las mesas con tanto brío como simpatía; qué le voy a hacer si siempre he sido muy de mujeres con carácter y en pudiendo también tirando a rubicundas y tal, en realidad no muy diferentes de la que me acompaña en este último tramo de mi existencia, vamos, muy de mito erótico con dominatrices envueltas en cuero con látigo en mano y la regañina siempre en la punta de la lengua: "Oh ja, meine Herrin, ich war sehr schlecht, ich bin es immer, ich verdiene eine Strafe (yo es que en sueños chapurreo alto alemán hasta con acento berlinés, mira si seré pedante o ya directamente bobo)".
Claro que, para qué engañarnos, el único objeto de verdadero deseo libidinoso, o por el estilo, que ocupa mis pensamientos en ese momento no es otro que las jarras de cerveza, las de vidrio de gafas de alta graduación, que llevo trasegando sin parar durante toda la mañana con la excusa del pegajoso veranillo berlinés. Me pierde la cerveza en verano, en realidad todo el año, todavía más después de una larga caminata, sobre todo en cualquier ciudad de los Pirineos hacia arriba. En realidad la excusa perfecta para catar todas las marcas de cerveza del lugar en sus correspondientes jarras de una medida nunca menor de una pinta. Y claro, Berlín, como toda Alemania, es el lugar ideal para entregarse de lleno a la König Pilsener, Erdinger Weissbier, Radeberger, Paulaner, Hasseröder, Veltims. Beck´s… Ahora, ya te digo que sí, que todas están muy ricas y muy alemanas, pero con los años te das cuenta de que para poder disfrutar de una buena birra en condiciones te vale y sobra, y además con creces, con la misma Alhambra de Granada, la cual es para mí el sumum de las comerciales a este lado de los Pirineos -toma ya, publicidad gratuita por toda la cara-.
- ¿Tú has venido a conocer la ciudad conmigo o a ponerte hasta el culo de cerveza todos los días? Vamos, para variar –pregunta visiblemente enojada la que según ella es la madre de mis hijos, que yo hay días que hasta tengo mis dudas (y ahora a esperar al memo o mema que me "amoneste" aquí o en privado por el comentario convencido de que escribo en serio, que estoy de los "literalistas" hasta la misma punta de mi rosado capullo-. Claro que yo casi prefiero que me reproche lo de la priva antes que lo de que no puedo apartar la mirada del culo a la camarera cada vez que se da la vuelta tras dejarnos una nueva tanda de cervezas sobre la mesa.
- Yo no había pedido otra.
- Ya, pero yo sí, para luego, no voy a estar mareando a la chavala cada cinco minutos.
- ¿No te parece que son demasiadas?
- Con algo hay que acompañar el puto chucrut.
- Pero es que cuantas más bebes menos te das cuenta de que hace ya un rato largo que me he coscado de que no paras de mirarle el culo a la camarera. Vergüenza tenía que darte, puto viejo verde. No cambias. ¿No ves que una cría?
- Hombre, ya de admirar algo que sea la belleza de la juventud y así. Eso y me da que ya sabe andar solita.
- Ni puta gracia. El caso es dar siempre la nota.
- ¿Perdona? ¿Acaso te he dicho yo algo de las pintas que llevas? Y no me refiero a las de beber.
- ¿Cómo que qué pintas? Ese vestido largo con lentejuelas, el collar que te llega hasta el ombligo y el corte de pelo a lo garzón.
- Es mi pequeño homenaje al Berlín de los años 30.
- Querrás decir a Liza Minelli en Cabaret.
- Eso. Ya sabes, los locos años 20 hasta bien entrados los 30 y…
- Y el ascenso de los nazis.
- ¡Ya estamos con la puta política! ¿Es que no me vas a dejar disfrutar del viaje sin tener que…
- ¿Recordarte lo que pronostican todas las encuestas para las próximas elecciones generales en España?
- ¿Tanto te cuesta disfrutar del momento?
- Disfrutemos. ¡Meine kellerin, otro par de jarras!
- Sí, a ver si es verdad. Mira, ese chaval vestido como con uniforme de colegio de pago se ha levantado para cantarnos algo.
- ¿Acaso no te gustaba la música en directo?
- Mientras no sean cantos regionales y así.
- Oye, lo que se estile en estos sitios.
- Si al menos fuera la de Money, Money, Maybe this time o Mein her...
- Chssss, calla, que empieza…
"The sun on the meadow is summery warm.
The stag in the forest runs free.
But gather together to greet the storm.
Tomorrow belongs to me.
The branch of the linden is leafy and
Green,
The Rhine gives its gold to the sea.
But somewhere a glory awaits unseen.
Tomorrow belongs to me.
Now Fatherland, Fatherland, show us the sign
Your children have waited to see
The morning will come
When the world is mine
Tomorrow belongs to me
Tomorrow belongs to me
Tomorrow belongs to me
Tomorrow belongs to me"
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