EL MAÑANA LES PERTENECE... OTRA VEZ
Sueño que servidor y la mujer de mi vida y olé estamos de vuelta en Berlín, y ya más en concreto en la pequeña terraza de mesas de gruesa madera de aquella cervecería que ocupaba la planta baja de una curiosa casita de dos plantas en pleno centro de la capital alemana. Me doy cuenta porque, al igual que aquel día, me encuentro disimulando que no le aparto el ojo a la joven y rubicunda camarera alemana de pelo corto que atiende las mesas con tanto brío como simpatía; qué le voy a hacer si siempre he sido muy de mujeres con carácter y en pudiendo también tirando a rubicundas y tal, en realidad no muy diferentes de la que me acompaña en este último tramo de mi existencia, vamos, muy de mito erótico con dominatrices envueltas en cuero con látigo en mano y la regañina siempre en la punta de la lengua: "Oh ja, meine Herrin, ich war sehr schlecht, ich bin es immer, ich verdiene eine Strafe (yo es que en sueños chapurreo alto alemán hasta con acento berlinés, mira s...