TODO LO QUE SUBE BAJA
Sueño que estoy recién levantado y también debidamente aseado y vestido, a punto de entrar en el ascensor para salir a dar mi paseo mañanero de los sábados por la mañana antes de desayunar para inmediatamente después ponerte delante del ordenador o hacer acopio de paciencia antes de ir a hacer las compras de la semana. Entonces descubro que lo que abulta dentro de mi pantalón del chándal no es sino mi miembro viril exageradamente empalmado. Vamos, una rigidez o contundencia como pocas veces, tipo obelisco egipcio y así. Algo sorprendente porque uno ya va cumpliendo años. Y a partir de ahí todo son problemas. ¿Cómo voy a salir a andar por la calle dando el cante con ese bulto títanico, desmedido y extraordinario entre las piernas? Empero, llego al bajo y nada más abrirse la puerta del ascensor aparece una de esas vecinas de cardado imposible, más que vintage diría que en plan NODO y así, tipo Carmen Polo y Martínez-Valdes, la del Generalísimo para los de la ES...