Sueño que al ir a desayunar en una de las cafeterías del barrio no llego a traspasar la puerta del establecimiento porque uno de los clientes que en ese momento salen me interpela tal que así:
- ¿Seguro que quieres desayunar aquí, no prefieres ir a la cafetería de enfrente que es más como de los tuyos?
- Ya sabes, de rogelios trasnochados, comecuras, sociolistos y medio separatistas o como si lo fueran, gente que odia España en suma. Vamos, la de verdad, la del Rey, el orden y la ley.
En ese momento aprovecho para echar una miradita al interior del local y enseguida me percato de que tiene razón el pavo, que no me apetece una mierda desayunar en un local forrado de rojigualdas, constitucionales y no, alguna que otra con la cruz de Borgoña, el retrato de cierto generalito gallego de voz atiplada, vamos, de pito y así, y no te digo ya los tricornios, trajes de luces y de flamenca y demás parafernalia cañí. No, esta claro que este no es el sitio donde más me apetece meterme un café con leche entre pecho y espalda a la vez que hojeo la prensa del día; al fin y al cabo, en España hoy en día toda la de papel es de derechas o casi.
- En la cafetería de enfrente tienen una bandera republicana y suelen poner a Serrat de música de fondo.
Pues mira, no se trata tanto de que me guste Serrat, como mucho por la nostalgia esa de cuando lo escuchaba de crío yendo con mis viejos en el coche, o que me siente especialmente complacido por desayunar con una tricolor al lado. A mí todas estas cosas, independiemente de mi filiación sentimental hacia ellas, me parecen más folklore que otra cosa; pero, si tengo que elegir...
En cualquier caso, paso de desayunar porque la disyuntiva que se me plantea así por las buenas no me acaba de convencer. ¿Es necesario elegir dónde desayuno en función de mis principios, tendencias o sentimientos ideológicos como si fuera un habitual de un batzoki, herriko, casa del pueblo, la Garibaldi o del putiferio al que vayan los de derechas?
En fin, que paso de desayunar y voy a hacer las compras del día antes de volverme a casa para ponerme delante del ordenata con mis cosas. Entonces, al ir a entrar en el super que me pilla más a mano, el segurata que me pregunta.
- ¿Es consciente de que el dueño de esta cadena de supermercados y la junta de accionistas al completo apoyan fervorosamente a Israel y admiran sin reservas a Trump, Milei, Orban, Meloni y hasta al paleto de Amurrio o el amigo del narco?
- Que si usted no es de la misma cuerda le recomiendo que se vaya a hacer las compras a la competencia.
- ¿Se refiere al Covirán del barrio?
- ¿Acaso no es usted un sociocomunista amigo de las dictaduras de izquierda como China?
- Pues no es precisamente el caso, no; pero, antes que darle de comer a una caterva de hijos de puta fascistas...
Algo me dice que he empezado a entrar en el juego sin darme cuenta. En cualquier caso, toca pasar por el ambulatorio antes de llegar a casa y es llegar a la recepción y...
- Tiene que firmar este manifiesto a favor de la sanidad pública gratuita para todos. Si no está de acuerdo, aquí le proporcionamos una lista de clínicas privadas en las que...
- ¡Hostia! ¿Y pasa lo mismo con los colegios públicos aunque los padres no se los puedan costear?
- Exacto. Hay colegios sufragados con los impuestos de los que están a favor de lo público, y otros también públicos; pero, sin el mismo tipo de recursos humanos y materiales para los que les gustaría llevar a sus retorños a otros de élite pero no pueden.
- Entiendo, para ser coherentes con lo que defienden.
- Exacto, si no quieres pagar impuestos y aun así no puedes permitirte un colegio de pago, pues es lo que hay, te jodes y a disfrutar de la libertad neoliberal.
Creo que esta distopía que empiezo a intuir en mi sueño tampoco está tan mal. Entonces llego al portal de mi casa y, cuando una vez dentro me dispongo a coger el ascensor, aparece un portero uniformado, y cuya existencia desconocía del todo, el cual me explica que...
- Ese ascensor es para los vecinos de derechas. Si quiere coger el suyo tendrá que esperar a que llegue el de los de izquierdas.
- ¿Cómo? ¿Qué hostias...?
- ¿No querrá que los de izquierdas se mezclen con los de derechas dentro del mismo ascensor?
- Claro, claro, no les vaya a dar por comentar la actualidad del día con lo de Ayuso, el caso Koldo y Ábalos, la Kitchen, lo de Gaza y...
- Y se arme la de San Quintín. ¿Por qué si no se decidió en su momento dividir España con el propósito de evitar a toda costa una nueva guerra civil por culpa de la crispación política? Lo mejor es que cada cual haga su vida con los suyos de acuerdo a su ideología y sin tener que interactuar con los otros más que para lo estrictamente necesario. Vamos, para andar por la calle y poco más. Como que hasta para eso tenemos dos ligas de fútbol profesionales paralelas y así no hay que darse de hostias porque unos son del Barça y otros del Madrid.
- ¿Pero entonces qué gracia tiene...?
No me da tiempo a acabar mi frase porque justo en ese momento despierto de la patada que me propina sin querer la señora que acostumbra a dormir al otro de mi cama. Eso sí, ahora, como venganza y tal, voy y le cuento mi sueño.
- Pues que quieres que te diga, tal como está la cosa tampoco me parece tan mala idea. Cada cual con su rebaño y aquí paz y después gloria.
- ¿En serio que no te parece una pesadilla?
- Bueno, tampoco me parece muy diferente a como vivíais en la mayoría de los pueblos del País Vasco hasta hace cuatro telediarios. Ya sabes, cada cual en los bares, tiendas, sociedades o asociaciones culturales, colegios o ikastolas, equipos de fútbol o de cualquier otro deporte, en lo que sea pero siempre y cuando fuese de los de su misma cuerda y... y para de contar.
- Pues, hombre, visto de ese modo, puede que no tanto, sí.