miércoles, 23 de septiembre de 2026

OBSESIYUA

 


- Beste behin ere faxismoaren kontuarekin?

-...
- Benetan, izan zintzoa; ez al zaude apurtxo bat obsesionatuta faxismoaren lelo horrekin?
-...
- Badakusat bai, zurekin ez dago diskutitzerik...

DIE KRISTALLNACHT UND DER BÜRGERMEISTER VON KANTELIER


 

  Sueño que estoy en la Alemania del año 38, y más en concreto en la noche del 9 al 10 de noviembre. Sueño que duermo en nuestra casa de la calle Fasanenstrasse, justo encima de la peluquería que mis padres tienen a pie de calle. Un ruido infernal de cristales rotos y gritos conminando a todos los vecinos para que salgamos a la calle me despierta en mitad de la noche junto a mis padres y mi hermano pequeño.

- JUDEN RAUS! AUF NACH PALÄSTINE!
Casi no hace falta asomarse a la ventana para averiguar lo que está sucediendo. Los "chicos" de las tropas de asalto de las SA la están emprendiendo contra los escaparates de la mayoría de los negocios de nuestra calle, el nuestro incluído. En pocos minutos la acera de nuestra calle aparece cubierta de cristales y objetos que los camisas pardas apilan para encender hogueras. También vemos cómo los putos nazis sacan a los vecinos de sus casas para apalizarlos en mitad de la calle con esos garrotes, porras de goma y porras extensibles de cuero cargadas con plomo (Totschläger) que tan famosas se han hecho en los últimos tiempos a cuenta de la impunidad con la se mueven a lo largo y ancho de la ciudad dando palizas a todo aquel que no es de su gusto por el motivo que sea y que prácticamente son todos los que no son de su cuerda. Otros vecinos, en realidad familias enteras, son subidos directamente a unas camionetas para llevarlos todavía no sabemos muy bien adónde.
- ¡Escondámonos detrás de la estantería antes de que vengan a por nosotros!
Y a la orden de nuestro progenitor nos escondemos en el refugio que éste hace ya tiempo que éste había preparado detrás de una de las estanterías de la casa en previsión de que ocurriera algo como lo de esta noche. Una ocurrencia que según parece no fue exclusiva de nuestro padre, sino también del de una joven holandesa que escribió un famoso diario durante el tiempo que estuvo escondida para escapar también de los mismos bárbaros que está noche nos atacan sin provocación previa, movidos tan sólo por el odio hacia la fe que profesamos y todos los clichés y prejuicios que la rodean.
- No hay derecho a lo que nos están haciendo, destruir nuestros negocios y sacarnos de nuestras casas para expulsarnos del país donde nacimos nosotros y la mayoría de nuestros antepasados, porque quieren una Alemania sólo para aquellos que consideran alemanes puros -exclama nuestra madre entre sollozos.
- Lo peor no es eso, madre, lo peor es que un futuro no muy lejano muchos de los nuestros harán lo mismo en una tierra que no es la suya para apropiárse de las propiedades de los nativos antes de expulsarlos o exterminarlos -respondo a mi madre, quién sabe si desde la inconsciencia que me da intuir que lo que estamos viviendo es sólo un sueño, una pesadilla más bien.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué hostias estás diciendo? Tú siempre con tus tonterías y en el peor momento -me reprende mi viejo como de costumbre.
- Yo ya sé de lo que hablo, ya.
- Cualquiera diría que vienes del futuro -comenta mi hermano.
- Ya sabes, Yeshua, tú hijo y su desbocada fantasía -añade mi madre queriendo disculpar un comentario que ninguno acierta a adivinar a santo de qué puede venir; pobres figurantes...
En cualquier caso, pasamos la noche escondidos hasta bien entrada ya la mañana por si las moscas. Una vez seguros de que la calle está despejada de camisas pardas, decidimos bajar a la calle para departir con los vecinos que también han conseguido sobrevivir al progromo.
- Qué vergúenza, y mira que se veía venir, que hacía tiempo que esta gentuza parda campaba a sus anchas intimidando a todo el mundo -comenta el dueño de la sastrería que hace esquina en nuestra calle.
- Esto no puede quedar así, se supone que todavía vivimos en un estado de derecho. ¿Que han dicho las autoridades sobre lo ocurrido esta noche? -pregunta mi viejo.
- ¿Te refieres al alcalde del partido conservador Alfred Von Kantelier? ¿Qué ha dicho ahora esa eminencia sobre el ataque y los linchamientos de esta noche en manos de los camisas pardas de sus socios en el ayuntamiento? -ahora pregunto yo con una autoridad impropia del canijo que aparento en este sueño.
- Qué va a decir, que los presuntos agresores son chavales jóvenes y que no cree él que fueran mala gente, hijos de buenas familias y tal. Eso y que a veces hay anécdotas que se sacan de sitio. Y en todo caso, que habría que escuchar a las dos partes. Porque según el alcalde Von Kantelier, mucha de la gente de a los que arrasaron sus negocios y dicen que fueron apaleados también tienen lo suyo, sobre todo uno que fue concejal en su momento y que según él le estuvo tocando tocando los cojones durante todo el tiempo que lo tuvo que aguantar en los plenos.
- Esto es una pesadilla.
- Sí, y de la que ni despertando en mitad de la noche entre sudores se libra uno.

lunes, 14 de septiembre de 2026

PESADILLA CON CUCAÑA


 

 Ayer domingo me pregunta mi señora madre si voy a ir esta tarde a la romería Olarizu, la cual se celebra todos los lunes de mediados de septiembre. Vamos, como si todavía tuviera quince años y necesitara ir de jarana adonde fuera por la cosa aquella de a ver si encuentras una chica formal y limpia de una puñetera vez, te casas, me das nietos y ya a partir de ahí a esperar tranquilamente la muerte como cualquier persona decente y sin excesivo apego a la vida, tuve por adelantado la pesadilla de esta semana. Pesadilla que, como suele ser habitual en mí, procuro plasmar por escrito todo lo fidedignamente que puedo.

Pues bien, resulta que en mi sueño arrastro a mi familia hasta la campa de Olarizu con el fin de echar la tarde ascendiendo a la cumbre donde se encuentra la cruz que en realidad da nombre al altozano a cuyos pies se celebra la romería de marras, Kutzemendi (si bien también se denomina en los papeles como Kurutzemendi, Lukurumendi e incluso más recientemente de Santakruzgana, pues en puridad Olarizu se refiere en exclusiva a la campa donde estaba el despoblado, esta vez sí, homónimo).
En cualquier caso, mi verdadero propósito no era otro que sacar a pastar a mis cachorros para cansarlos un poco; no todo va a ser jugar en el ordenata y/o ver series o vídeos chorras en el móvil. Entonces descubro que es el segundo lunes de septiembre cuando se celebra la romería de Olarizu. Una romería a la que recuerdo haber ido de canijo en más de una ocasión dado que los primos a los que visitaba casi todas las semanas vivían en el barrio de Adurza, vamos, a tiro de piedra de la campa y para mí al otro extremo de la ciudad.
Claro que ahora tengo un porrón de años, una familia y no soporto las multitudes, es decir, más de cinco personas a mi alrededor. Con lo que me doy de bruces con una turba humana -tengo para mí, o será la cosa esa de mi memoria traicionera y prejuiciada, que la romería de ahora está masificada en comparación con las de cuando era un mico- y toda la parafernalia al uso de las romerías del país con sus bandas de alegres y estridentes txistularis o dulzaineros, y, de un tiempo a esta parte, también jóvenes ciclados con autotunes portátiles varios, o vete a saber qué otra especie de estas que dedican su tiempo y esfuerzo a llenarte los oídos de chatarra musical en la convicción de que propagarla es su principal y casi único cometido en sus miserables y prescindibles existencias; vamos, lo que viene a ser chusma con todas las letras. Eso junto con las txoznas y su hedor a fritanga de todo tipo; si bien el de la grasa de la txistorra para los talos a la cabeza de todos. Sin olvidar, por supuesto, más contaminación acústica junto a la barra de las txoznas desde sus altavoces para lo de evitar a toda costa que la gente pueda comunicarse de una manera que no sea a gritos, que digo yo si no habría que empezar a plantearse que si en Euskadi no se folla es porque no hay manera de que te oiga la persona que tienes enfrente cuando le propones un revolción entre los rastrojos al lado de la campa.
A esto hay que añadir lo de apretujarse unos con otros al estilo de los barracones de los campos de exterminio y por estilo -ahora no se me ocurre otro símil quizás un poquito menos tremebundo-. En cualquier caso, si yo ya me agobio en la playa cuando hay gente a cien metros de mi toalla, imagínate en una romería masificada.
- ¡Aita! ¿Para qué es ese palo en medio de la campa? -pregunta cualquiera de mis dos cachorros.
- Es una cucaña, la ponen para que el primero que consiga subir hasta arriba se lleve un premio.
- ¿Qué premio?
- Un jamón, un queso de Idiazabal, una botella de cosechero o de sidra, una medalla al mérito civil. ¡Yo qué sé! Ya me estoy agobiando. Venga, salgamos de aquí cuanto antes.
- ¿Hacia dónde?
- Hacia la montaña. Cuando uno quiere huir de algo siempre se tira al monte; eso también lo manda la tradición.
- ¡Pero si la gente que está subiendo hasta la cruz forma una verdadera marea humana!
- Subiremos por un camino alternativo que conozco de cuando era chaval.
De modo que emprendemos el ascenso hacia la cumbre del Kurutzemendi ("Monte de la cruz" en dialecto occidental) desviándonos hacia la cruz por uno de los lados del monte donde apenas se ve gente. En realidad lo hacemos por la parte de Mendiola -el pueblo de los campeones que hace ya unos años querían derribar la cruz para, sobre todo, tocarnos los cojones a los de la capital con la murga de que se trataba de un vestigio franquista y bla, bla, bla, y que no, por mucho que se empeñen no lo es-. Eso tras dar un rodeo con el que mi señora y vástagos empiezan ya a refunfuñar a mis espaldas. Y digo a mis espaldas porque siempre que nos da por ir al monte suelo ser yo el que camina un porrón de metros por delante, a veces llego al kilómetro, ante la poca disposición o ganas que le echan los que me acompañan.
- ¿DE VERDAD TENEMOS QUE SUBIR HASTA ESA CRUZ? -creo escuchar el grito de alguno de los bultos que a duras penas consigo distinguir en la lejanía.
- ¿No dijimos que íbamos a hacer algo de ejercicio por las tardes?
- ¿Y TIENE QUE SER CON ESTOS NUBARRONES ENCIMA?
- ¿Qué nubarrones?
Pues oye, es preguntar y empezar a caer el diluvio universal sobre nuestras cabezas.
- ¡VENGA, AHORA NO OS QUEDÉIS AHORA ATRÁS! -grito en la convicción de que si hacemos un último esfuerzo podemos llegar hasta la cima y refugiarnos bajo la cruz.
- ¡UNA MIERDA VAMOS A SEGUIR SUBIENDO! NOS QUEDAMOS DEBAJO DE ESTE ÁRBOL HASTA QUE AMAINE -escucho la que es una orden sin el menor atisbo de duda por parte de la madre de mis hijos y por lo tanto comandante en jefe indiscutible de todos nosotros.
- ¡NI SE OS OCURRA QUEDAROS AHÍ PARADOS CON LA QUE ESTÁ CAYE..!
No me da tiempo a terminar la frase cuando veo que una lengua de agua enfangada que desciende desde la cumbre me arrastra con ella. En el arrastre veo a mi familia a cubierto bajo un arce a un lado del camino, y lo que es peor, cómo, de repente y sin que me dé tiempo incluso a despedirme de mis seres queridos para siempre, al llegar el torrente a un desnivel, doy un salto que me envía por los aires hasta el extremo de la cucaña en mitad de una campa convertida ahora en un inmenso lodazal.
- ¿Y EL PREMIO?
Y sí, faltaría, ya lo habéis adivinado, ese es el momento exacto en el que despierto con el consabido sobresalto gracias al cual consigo tener a mi señora de morros toda la mañana.
- ¿Qué, se puede saber qué soñabas que me has vuelto a despertar en mitad de la noche con un alarido?
- Perdone usted, pero, como la señora duerme siempre como un tronco y casi nunca tiene pesadillas...
- Duermo todas las noches con una al lado.
- Lo que tú digas.
- ¿Adónde vas ahora?
- Al baño a mirar si tengo algo en el culo; me duele una barbaridad.

viernes, 14 de agosto de 2026

LA APISONADORA


 

El tiempo pasará como una apisonadora,
y de los días felices y rebeldes,
del ansía de darle la vuelta a todo,
del dolor, el daño y el arrepentimiento,
de la sangre propia y ajena,
del volverse contra uno mismo,
de derruir puentes y torres inalcanzables.
del olvido, el duelo y el pánico,
sólo quedaran las tardes nubladas de agosto,
una tristeza infinita que confundirás con la melancolía.
T.A

PESADILLA PLAYERA EN PLENO AGOSTO Y ASÍ


 

 - ¿Es que este verano no vamos a pisar la playa para darnos el baño de todos los años?

- ¿Dónde, cómo? Estamos en temporada alta.
- ¿Y?
- Y que entre que tú no soportas a la gente y que toda la costa asturiana está petada de turistas, ya me dirás tú.
- ¿Es que de entre las 208 playas y calas que hay en Asturias no se puede encontrar una que no esté abarrotada de "foriatus"?
- Pues, hombre, vete olvidándote de todas las que hay entre Cudillero y Llanes. Así que, con un poco de suerte, igual encontramos alguna cala vacía hacia el occidente.
- Tampoco vamos a exagerar...
- Ya veo, no vaya a ser que acabemos donde veranean mis padres al lado de Navia...
- Mejor lo intentamos por aquí cerca.
Dicho y hecho, de repente me veo ya en el coche en dirección a la costa con el bañador puesto y la crema solar a punto para cuando lleguemos a nuestro destino.
- Bueno, de momento, y sólo con ver las hileras de coches aparcados al borde de la carretera, ya nos podemos ir olvidando de intentarlo en la playa del Silencio o Gaviero, en la de Xagó, Aguilar, la de Artedo, la de Salinas y El Espartal, la de Verdicio, Aguilera, Campofrío, Carniciega, Salencia, Carranques, la de...
- Vale, vale, entiendo. No sé, igual en alguna cala oculta que no conste en los mapas o por el estilo. Alguna se te ocurrirá, tú eres la asturiana. A ver si hay suerte...
Pues parece que ha habido suerte, y no sólo con la marea que permite echar la toalla en la arena, sino también porque de momento sólo hay cuatro gatos dispersos a una distancia providencial unos de otros; cincuenta metros como mínimo.
- ¡Ay, no, ya se jodió! -exclamo al poco de extender la toalla y antes incluso de hacer amago de dirigirme al agua-.
- ¿Qué pasa, qué?
- ¡Mira esa manada de "walking dead viniendo hacia nosotros!
- ¿Los qué?
- ¡Venga pibes, echad las toallas y todos al agua, que está cala está mazo guay!
Ni qué decir que recogemos todo en un santiamén y salimos escopeteados a la búsqueda desesperada de otra cala todavía mucho más recóndita e ignota que esta otra en la que ahora nos encontramos.
- Ya sólo nos queda intentarlo en la cala de la Colorada...
- ¡Venga pa´allá!
- Ya, pero es que...
- Ni peros ni hostias, no me vuelvo a casa sin meterme en el agua, todo el año esperando para darme un baño en el mar y...
Un cuarto de hora después llegamos a una cala oculta entre los acantilados a la que accedemos tras un descenso verdaderamente caprino. No pasa nada mientras sepamos donde pisamos. Y si me despeño, pues, oye, ya me levantaré, o no. El caso es que por fin tenemos nuestro trocito de arena sin madri..., moros a la vista. Me voy al agua de cabeza.
- ¡HOOOOOOOOOSTIA PUTA!
- No me digas más: ¿tiburones?
- Uno solo, un tiburón del tamaño del de Spielberg.
- ¿Por qué te crees que le llaman la cala de la Colorada...?
Entonces he despertado de golpe como de costumbre en estos casos. A continuación he ido a mirar por la ventana a ver qué tiempo hacia hoy. Y, vaya por Dios, ha habido suerte: nublado, sí, como casi la mitad de los días de verano.
Pues eso, como soy un puto resentido, si no me baño yo, tampoco los foriatus.

UDAKO KAIKU BAT


 

Uda mukuru
Hondartza da oinaze
Oporrak ezin

ENPERADOREA


 - Beldur naiz gainera datorkigun etorkizuneko gizarteaz. Ze ba?


- Ez al zara jabetzen gure inguruan jaiotzen diren seme-alaba gehienek anaia-arrebarik ez dutela?

- Eta?

- Eta koxkortzen ari diren seme-alaba bakar gehienak sekula baino mimatuagoak, mizkeagoak, karpitxosoagoak, tiranoagoak direla.

- Esan nahi duzu delako "haur enperadoreak".

- Bai horixe. Imaginatzen al duzu gizarte bat Donald Trump bezalako helduek osaturik, gobernaturik, hondaturik?

- Baina Donald Trump ez da seme bakarra, hau anaia-arreba zituen.

- Pentsa, lau anaia-arreba izanda ere haur enperadorearen eredu peto-petoa baldin bada, nolakoak izango diren euren gurasoen erruz gaur egungo haur enperadoreak diren seme-alaba bakarrak behin nagusitu eta gero.

- Bai, etorkizun beltz-beltza. Zer egin dezakegu?

- Ez dakit, atera beste katxi bat.

- Kalimotxo ala gargardoa?

- Nik beti kalimotxoa, ez dut besterik nahi, ondo asko jakin behar zenuke eta!

- Barkatu, barkatu, ez sumindu, enperadore tirano hori! 

OBSESIYUA

  - Beste behin ere faxismoaren kontuarekin? -... - Benetan, izan zintzoa; ez al zaude apurtxo bat obsesionatuta faxismoaren lelo horrekin? ...