PESADILLA DE SEMANA SANTA


 

    Pues resulta que sueño que estoy con mi señora de vacaciones en Tierra Santa para asistir a las celebraciones de estos días en su lugar de origen. Un destino curioso para un ateo practicante como un servidor; pero, si eso vaya usted a hablar con mi subconsciente, yo ya paso de intentar entenderme en cualquiera de los aspectos de mi atormentada existencia.

El caso es que estoy asistiendo al Vía Crucis del Nazareno como si de verdad estuviera dentro de la versión "gore" de la Pasión de Cristo de Mel Gibson, la cual, por lo que parece, es la más fidedigna a los sucesos ocurridos entonces en Tierra Santa. O al menos eso nos quiere hacer creer el alcohólico antisemita australiano. Así pues, estoy viendo cómo arrastra el Nazareno la cruz bajo la lluvia de latigazos que le propina el típico legionario romano encabronado por su destino en una tierra tan árida e ingrata como la provincia romana de Judea en lugar de poder estarlo en Dalmacia a orillas del Adriático con una copa de vino aguado en una mano y el miembro viril y erecto de un efebo ilírico en la otra. Y en eso que el hijo de la Mari y el cornudo de José no puede más y deja caer la cruz sobre el asfalto.

- ¡A ver, tú, el de la gorra, ayuda al condenado a portar su cruz!

- ¿Yo?

- ¿Te lo tengo que explicar en latín?

Conste que al principio me resisto; pero, son los cabrones de entre el público que me rodea los que me empujan para evitar así que los legionarios se fijen en ellos. En fin, tampoco será para tanto cuando se puede ver el Monte del Calvario desde aquí, la Vía Dolorosa que le dicen. Eso y que se trata de un madero, joder, no de una piedra de 200 kilos como las que levanto cada mañana para entrar en calor antes de ponerme a escribir y también por la cosa esa del ejercicio para estar en forma y así tener contenta a la ninfómana de mi mujer.

- Tú descansa un poco si eso, que ya llevo todo el peso yo -le digo al Nazareno en un acto de piedad lógico tras verle tan demacrado y cubierto de sangre al pobre.

- No, es un peso que debo llevar sobre mis espaldas.

- ¡Anda, anda, no digas tonterías! ¿Quién cojones te obliga ahora que estoy yo aquí para ayudarte?

- Mi padre desde los cielos.

- Pues, si te soy sincero, eso en mi pueblo se llama ser un cabrón de cuidado. Da igual si es tu padre, tu suegra o tu asesor fiscal. Claro que vete a saber qué le has hecho a tu viejo para que te someta a semejante castigo.

- Estoy aquí para salvar a los hombres de sus pecados.

- ¡Hostia tú! ¿Como el Pablo Iglesias? Pues sí que lo tienes merecido.

- ¡Oh, Padre celestial, ten piedad y misericordia de mí!

- Oye, que yo en el fondo te admiro. Todo lo que sea cuestionar el orden establecido, y más aún si es para luchar contra el invasor romano, merece todo mi respeto. No te creas, si yo también fui un poco abertzale cuando era joven. Eso sí, en plan de los de Mario y Juan Marí. Luego ya me dio por darle al coco y empecé a ver cosas que cada vez me convencían menos con la cosa esa del terrorismo de los milis y sus adlateres. Ya sabes, la típica caida del caballo camino de Damasco de la que todavía no has oído hablar porque eso le pasará a un tal Saulo mucho más tarde y...

- ¡Padre, ten piedad y misericordia de mí!

- Pues como tu viejo sea como el mío cuando se enfadaba la llevas clara...

- Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

- Ya, bueno. Aunque yo creo que empecinarse en el error, vamos, como acostumbráis a hacer todos los entusiastas de la credo de turno, no es precisamente lo más inteligentes en estos casos. Igual hay que pensar en ceder un poco para que la cosa no llegue a mayores. No sé, tampoco es cuestión de jugarse la vida, digo yo.

- Ten piedad...

Y no acaba de recitar su letanía cuando veo que el Nazareno aprovecha un descuido de los legionarios que nos escoltan, se ve que unas rameras están llamando su atención enseñándoles los pechos desde las ventanas de un lupanar que da a la calle, para desaparecer entre la multitud.

- ¡Oigan, que aquí el amigo... -advierto a los legionarios para que luego no haya malentendidos.

- Tú a callar y tira "p´alante" con tu madero -tremendo latigazo.

Por lo que se ve los funcionarios del estado, y aquí poco importa si son los del Imperio Romano, el SEPE, el Gobierno Vasco, la Dipu, el ayuntamiento de mi ciudad o de cualquier otra administración pública habida y por haber, son todos iguales en todas las épocas y situaciones. Vamos, que al menor imprevisto procuran hacer la vista gorda como si no hubiera pasado nada y siguen con el procedimiento que tienen entre manos como el que no quiere la cosa con tal de no tener que rendir cuentas luego a sus superiores. Total, que no tardo en verme crucificado en lo alto del Calvario de marras, como quien dice, sin comerlo ni beberlo.

- ¿Pero cómo hostias he acabado yo aquí? -pregunto a los dos fulanos también crucificados que me acompañan a cada uno de mis costados.

- ¿No eras tú el Rey de los Judíos?

- ¡Qué cojones voy a ser yo el rey de nada, si no mando ni en mi propia casa, si yo estaba aquí de vacaciones con mi señora!

- Pues vete tú ahora a quejarte al Poncio Pilatos.

- ¡Algo tendré que hacer porque yo no pienso comerme este marrón por culpa de ese cantamañanas que se decía el hijo de Dios!

- Sí, podemos cantar los tres juntos.

- ¿Cantar? ¿Cantar el qué?

"Some things in life are bad
They can really make you mad
Other things just make you swear and curse
When you're chewing on life's gristle
Don't grumble, give a whistle
And this'll help things turn out for the best.
Always look on the bright side of life
Always look on the light side of life"
Always look on the bright side of life
Always look on the light side of life 

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