PESADILLA OKUPA

                                         

    Sueño que llaman a la puerta y que al ir a abrirla me encuentro con un chaval feo como un demonio y con unas pintas como de venir directamente de una rave de esas.
- ¿Y tú qué hostias quieres?
Oye, ni puto caso, el crío se me cuela en casa por debajo de mi sobaco y se va de cabeza a la habitación de mi hijo pequeño. Allá que voy a averiguar qué pasa.
- Lo he invitado yo a pasar unos días porque en su casa estaba a la greña todo el rato con sus viejos. Ya sabes, que si no se adapta a sus normas, que no les gustan sus costumbres, sus creencias, sus pintas.
Transijo porque, como en esta casa somos la hostia de tolerantes y tal, no me queda otra.
- Vale, pero sólo un par de noches.
Al día siguiente nada más levantarme de la cama voy a la cocina y me encuentro con el figura y otro que no conocía de nada.
- ¿Cómo que luego vienen más amigos tuyos?
- ¿No pretenderás que los deje en la calle? ¿Tengo yo la culpa de que nadie los quiera en su casa, que todo el mundo parezca odiarlos?
No quiero discutir con el subnormal de mi hijo, que de bueno que es parece tonto, así que me vuelvo a la cama a ver si, después de echar una cabezadita, despierto y me encuentro que todo ha vuelto a su sitio.
- ¿CÓMO QUE ACABAN DE ECHARNOS DE NUESTRO DORMITORIO!- me pregunta mi mujer, qué hostias, me grita para no variar.
- Lo que oyes, que nos busquemos otra habitación para dormir.
- ¿Y nuestras cosas, la ropa?
- Me temo que las han puesto en el rellano de la escalera, si es que no las han tirado por la ventana, que también.
- ¿Pero no podemos echarlos?
- Es que ya no son dos, ya hay como más de una docena repartida por toda la casa. No queda ni un dormitorio libre.
- ¿Y dónde coño se supone que vamos a dormir?
- He sacado unos sacos para que podamos echarnos sobre la alfombra del despacho; es el único espacio libre que nos queda.
- Ahora mismo los echo yo a escobazos de esta casa.
- ¡Ni se te ocurra! No se puede pegar a unos crios, eso sería maltrato infantil y se nos caería el pelo. No ves que en el fondo son unas pobres víctimas a las que, los mismos que nos los soportaban cuando vivían con ellos, ahora les dan la razón en todo con tal de que no vuelvan a sus casas.
- ¿Y vamos a dejar que nos ocupen nuestra casa como si fuera suya?
- Es que dicen que es suya, que se la había prometido no sé qué ser supremo en el que dicen que creen porque los ha elegido para no sé qué.
- Me importa una higa lo que crean ellos o dejen de creer, ahora mismo voy a hablar con el administrador.
- ¿Cón el ex-policía? Pero si es tonto del culo, nos odia y seguro que además se pone de su parte con tal de jodernos.
- ¿Entonces qué vamos a hacer? ¿Irnos nosotros de casa?
- Vamos a ver si entran en razón y por lo menos podemos convivir en esta casa respetando cada cual su espacio.
- Pues de momento el de los tirabuzones ya ha encontrado la bodega y no creo que él y sus colegas tengan pintas de respetar mucho tus botellas de cosecheros y crianzas de Gómez de Segura, Susaran, Solagüen, El Hombre Orquesta, Luis Cañas, Baigorri, Remïrez de Ganuza, Campillo, Fernández de Piérola, Izadi, García de Olano, Lurgorri, Bello Berganzo, Pascual Larrieta, Ostatu, Pago de Larrea, Heredad Larreina, Gil Berzal, Cándido Besa...
- ¡ME VOY A CAGAR EN SU PUTO DIOS POR TODO LO ALTO, AHORA MISMO A LA PUTA CALLE CON TODOS LOS OKUPAS!
- Te vas a reir, dicen que los okupas somos nosotros...
Y sí, ha sido despertarme del susto, levantarme de la cama y lanzarme al pequeño trastero donde tengo las botellas del vino de mi tierra, no vaya a ser que... Y vaya por Dios, resulta que para pesadilla de veras la de comprobar que nunca he tenido tanta botella junta. De hecho ya no me queda ni una de la última caja de cosechero que traje a casa. A ver si repongo algo este finde, que eso al menos sí que tiene fácil solución.

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