Sueño que estoy en la Alemania del año 38, y más en concreto en la noche del 9 al 10 de noviembre. Sueño que duermo en nuestra casa de la calle Fasanenstrasse, justo encima de la peluquería que mis padres tienen a pie de calle. Un ruido infernal de cristales rotos y gritos conminando a todos los vecinos para que salgamos a la calle me despierta en mitad de la noche junto a mis padres y mi hermano pequeño.
- JUDEN RAUS! AUF NACH PALÄSTINE!
Casi no hace falta asomarse a la ventana para averiguar lo que está sucediendo. Los "chicos" de las tropas de asalto de las SA la están emprendiendo contra los escaparates de la mayoría de los negocios de nuestra calle, el nuestro incluído. En pocos minutos la acera de nuestra calle aparece cubierta de cristales y objetos que los camisas pardas apilan para encender hogueras. También vemos cómo los putos nazis sacan a los vecinos de sus casas para apalizarlos en mitad de la calle con esos garrotes, porras de goma y porras extensibles de cuero cargadas con plomo (Totschläger) que tan famosas se han hecho en los últimos tiempos a cuenta de la impunidad con la se mueven a lo largo y ancho de la ciudad dando palizas a todo aquel que no es de su gusto por el motivo que sea y que prácticamente son todos los que no son de su cuerda. Otros vecinos, en realidad familias enteras, son subidos directamente a unas camionetas para llevarlos todavía no sabemos muy bien adónde.
- ¡Escondámonos detrás de la estantería antes de que vengan a por nosotros!
Y a la orden de nuestro progenitor nos escondemos en el refugio que éste hace ya tiempo que éste había preparado detrás de una de las estanterías de la casa en previsión de que ocurriera algo como lo de esta noche. Una ocurrencia que según parece no fue exclusiva de nuestro padre, sino también del de una joven holandesa que escribió un famoso diario durante el tiempo que estuvo escondida para escapar también de los mismos bárbaros que está noche nos atacan sin provocación previa, movidos tan sólo por el odio hacia la fe que profesamos y todos los clichés y prejuicios que la rodean.
- No hay derecho a lo que nos están haciendo, destruir nuestros negocios y sacarnos de nuestras casas para expulsarnos del país donde nacimos nosotros y la mayoría de nuestros antepasados, porque quieren una Alemania sólo para aquellos que consideran alemanes puros -exclama nuestra madre entre sollozos.
- Lo peor no es eso, madre, lo peor es que un futuro no muy lejano muchos de los nuestros harán lo mismo en una tierra que no es la suya para apropiárse de las propiedades de los nativos antes de expulsarlos o exterminarlos -respondo a mi madre, quién sabe si desde la inconsciencia que me da intuir que lo que estamos viviendo es sólo un sueño, una pesadilla más bien.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué hostias estás diciendo? Tú siempre con tus tonterías y en el peor momento -me reprende mi viejo como de costumbre.
- Yo ya sé de lo que hablo, ya.
- Cualquiera diría que vienes del futuro -comenta mi hermano.
- Ya sabes, Yeshua, tú hijo y su desbocada fantasía -añade mi madre queriendo disculpar un comentario que ninguno acierta a adivinar a santo de qué puede venir; pobres figurantes...
En cualquier caso, pasamos la noche escondidos hasta bien entrada ya la mañana por si las moscas. Una vez seguros de que la calle está despejada de camisas pardas, decidimos bajar a la calle para departir con los vecinos que también han conseguido sobrevivir al progromo.
- Qué vergúenza, y mira que se veía venir, que hacía tiempo que esta gentuza parda campaba a sus anchas intimidando a todo el mundo -comenta el dueño de la sastrería que hace esquina en nuestra calle.
- Esto no puede quedar así, se supone que todavía vivimos en un estado de derecho. ¿Que han dicho las autoridades sobre lo ocurrido esta noche? -pregunta mi viejo.
- ¿Te refieres al alcalde del partido conservador Alfred Von Kantelier? ¿Qué ha dicho ahora esa eminencia sobre el ataque y los linchamientos de esta noche en manos de los camisas pardas de sus socios en el ayuntamiento? -ahora pregunto yo con una autoridad impropia del canijo que aparento en este sueño.
- Qué va a decir, que los presuntos agresores son chavales jóvenes y que no cree él que fueran mala gente, hijos de buenas familias y tal. Eso y que a veces hay anécdotas que se sacan de sitio. Y en todo caso, que habría que escuchar a las dos partes. Porque según el alcalde Von Kantelier, mucha de la gente de a los que arrasaron sus negocios y dicen que fueron apaleados también tienen lo suyo, sobre todo uno que fue concejal en su momento y que según él le estuvo tocando tocando los cojones durante todo el tiempo que lo tuvo que aguantar en los plenos.
- Esto es una pesadilla.
- Sí, y de la que ni despertando en mitad de la noche entre sudores se libra uno.

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