Sueño que, por lo que sea, estoy de vuelta a los años 90 y que nada más entrar a la cafetería donde desayuno todos los días me encuentro a Jesús Gil y Gil en la megapantalla de uno de los televisores que este mismo, nada más ganar las elecciones y formar gobierno, ordenó por decreto que colgaran en todos los bares y cafeterías de España,
Me lo encuentro, faltaría más, dentro del famoso jakuzzi desde donde, ya no sólo presenta su programa “Las noches de tal y tal”, sino que gobierna directamente, ya no sólo Marbella, sino ahora el país entero. Sí, sí, más o menos al estilo de un famoso milico venezolano con su "Aló, presidente".
- ¿Y ahora qué cojones le pasa a éste? Todos los días la misma cantinela –pregunto a la camarera que me sirve mi descafeinado con leche como podría preguntárselo a la botella de anís El Mono que está en una balda detrás de la barra.
- Acaba de anunciar un decreto por el que se reinstaura la pragmática de conversión forzosa de los Reyes Católicos de 1502 en el que se obliga a la población musulmana residente en España a bautizarse para no ser expulsada –me explica la simpática camarera que me atiende a diario.
- ¡Pero qué me estás contando?
- Era una de sus promesas estrellas durante la campaña electoral para poder hacer de nuevo a España “una, grande y libre” –en esta ocasión es uno de los clientes habituales de todas las mañanas quien me lo explica, puede que el más cazallero de todos los desocupados o escaqueadores profesionales que acostumbran a echar la mañana en la cafetería.
- ¿Y para eso hay que expulsar a todos los que no sean católicos?
- “España será católica, o no será”, que dijo en su momento… -me suelta uno de los abueletes que suelen gastarse la mitad de su pensión en la cafetería entre carajillos y chupitos a lo largo del día.
- ¿Un hijo de puta fascista como este mamarracho que nos gobierna ahora desde un jacuzzi rodeado de “mamachicos”? –sé que no debería manifestarme con tanta vehemencia delante de una parroquia compuesta en su inmensa mayoría por confesos –vamos, que todos los días presumen de ello como si alguien se lo cuestionara o le importara- españoles y muy españoles y sobre todo la hostia de españoles, vamos, por fascistas como poco hipedérmicos, socioculturales y tal, sin ir más lejos la mayoría social que ha votado en masa a un esperpento como Jesús Gil para presidir España; pero, no puedo evitarlo, soy de sangre caliente, vamos, que suelo tener una mala hostia que ni Jehova en sus peores momentos con el pueblo elegido y en general con todo Cristo, plagas, diluvios universales, estatuas de sal y tal, y no logro controlarme, aunque me lo propongo.
- ¡Ya estamos con lo de llamar fascista a todo aquel que no sea de nuestra misma cuerda! –irrumpe una de las señora de vetusto cardado que acostumbran a echar la mañana con sus amigas departiendo de lo humano y lo divino, vamos, de las noticías del corazón y para de contar.
- ¡Y tanto! Jesús Gil es un español de origen humilde como la mayoría de nosotros, un español de los pies a la cabeza al que le gustan las mismas cosas que a todos nosotros: los toros, las procesiones de Semana Santa, los chistes de gangosos, las vacaciones en Benidorm, babosear a las mujeres jóvenes en minifalda y regañar a nuestras hijas si se las ponen, defraudar a Hacienda, las canciones de Julio Iglesias y Raphael, creernos el ombligo del mundo, y, sobre todo, odiar a los moros, a los maricones y ya muy en especial a la gente del cine español, porque, aunque intuyamos que tampoco es oro todo lo que reluce y que lo de las subvenciones tampoco es para tanto, o al menos no cómo nos lo cuentan los medios de nuestra cuerda, nos da un especial gustirrinín pensar que están todos forrados, viven en grandes mansiones, se dan la vida padre todo el día de fiestas, viajes y droga, mucha "droja" y putas, muhas putas, carromatos de ellas, y encima, por si fuera poco, nos sermonean siempre que tienen la ocasión como lo hacían los curas de la parroquia. Eso y que todo lo que tenga que ver con la cultura, como no la tenemos ni la entendemos, como nos acompleja porque su falta nos hace sentirnos inferiores sin que sepamos muy bien a cuento de qué… Además, qué cojones, Jesús Gil es un empresario de éxito que sabe lo que le conviene a España para que vuelva a ser lo que siempre ha sido… -se le une a la anterior una de sus amigas de tertulia.
- ¿Una, grande y libre?
- Exacto –me responde retadora la misma señora-. Estábamos hartos ya de políticos mentirosos y corruptos que gobernaban a espaldas del pueblo y siempre en beneficio de sus intereses o de los de sus amigos.
- ¡Ah! Que usted cree que Jesús Gil, un “empresario de éxito” que nada más ser nombrado presidente del Gobierno de España saca un decreto para condonar la deuda de todos los clubes de fútbol de Primera División, un constructor chanchullero que fue condenado a cinco años de cárcel por la muerte de 68 personas en la tragedia de Los Ángeles de San Rafael, vamos, por haberse pasado por el arco de triunfo todos los controles de calidad y seguridad para ahorrarse el gasto, no va a beneficiar a sus empresas o las de sus amigos.
- ¡Fue indultado por el Caudillo! –grita desde el fondo de la cafetería cualquiera de estos españoles de requetebién.
- Claro, claro, de ahí el decreto nada más salir elegido para que se vuelva a colgar el retrato de Franco en todas las escuelas y edificios oficiales.
- Eso y lo de poner aranceles a los productos franceses hasta que sus agricultores dejen de volcarnos la fruta en su lado de frontera –salta otra de las tertulianas de la mesa de al lado-, a Portugal para convencerles de que se dejen anexionar por España y así poder ser más fuertes, o al sultán de Marruecos para que el pulpo que se coma en España sea de verdad gallego y no ese otro insípido e infiel.
- Pues entonces van a volver a comer pulpo cuatro… -rebato.
- Lo importante es que el pulpo vuelva a ser español… -oigo que suelta la camarera, la cual, vaya por Dios, creía hasta el momento al margen de la idiocia generalizada que caracteriza a su parroquia. También es que no le había querido dar mayor importancia a la colección de rojigualdas de todos los tamaños con la que decora su negocio tan del gusto de su parroquía.
- ¿Os creéis que los demás no van a reaccionar, que Francia, Portugal, la Unión Europea, Marruecos con todo lo que les vendemos a ellos y el montón de empresas españolas que fabrican sus productos allí? ¿Es que preferís volver a la autarquía y al aislamiento internacional de los años cincuenta y hasta más tarde?
- Los únicos que tienen algo que temer con Jesús Gil son los rojos y separatistas de mierda catalanes y vascos como alguno que yo me sé –acuso la indirecta por parte de cualquiera de los presentes.
- Pues sí, soy zurdo, ateo y encima vasco.
- Pues vete preparándote porque Gil también ha anunciado que si tus amigos de la ETA no se rinden y entregan las armas de aquí al sábado, ordenará al ejército que bombardee las tres capitales del País Vasco y algún que otro barrio de Pamplona, que ríete tú luego de lo de Guernica.
- ¿Mis amidos de la qué? - sí, ya, para que me voy a discutir nada con esta gente...- ¡No será capaz!
- ¿Jesús Gil? De eso y de tal y tal…
Y en eso que me despierto justo cuando ya estoy a punto de liarme a hostias con la parroquia al completo de la cafetería que me abuchea y ha empezado a lanzarme todo tipo de objetos a su alcance.
- ¿Otra pesadilla de las tuyas? –pregunta con su habitual e infinita resignación la mujer que duerme en el otro lado de la cama.
- ¿Tú te imaginas a un individuo como Jesús Gil dirigiendo los destinos de un país como España?
- No, hombre, no. ¿Cómo un empresario tan bocazas, atrabiliario, rancio, faltón, inculto y además convicto como Jesús Gil iba a gobernar un país medianamente serio como España? Eso es inconcebible.
- Ya te digo.
- Como mucho en los "Iunatis esteis"...