Una razón de peso para no ser crítico en la vida, para ser una persona decente o por lo menos no con derecho a despellejar al prójimo impunemente desde un púlpito remunerado sobre todo a servicio de los de la "casa", la empresa que te paga para que publicites los libros de sus editoriales: darte el gustazo de decirle a un escritor como Montero Glez., a este o a cualquier otro, cómo o por qué debería escribir así o asá, según te convenga a ti, y no digamos ya si encima lo haces reconviniendo a alguien por lo que tú, jodido mojigato, consideras excesos o barbarismos, como si el mal o buen gusto de los demás tuviera que coincidir con el tuyo por narices, tú señorito que miras con desdén el trabajo de otros con el culo apretado porque, oyes, qué barbaridad, las burradas que suelta el tipo ese, qué poco saber estar en esto de las letras, lumpen más que lumpen.
domingo, 5 de mayo de 2013
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