viernes, 16 de enero de 2026

ADORAR AL NIÑO


 

    Cómo son las cosas hoy en día. Cuando uno era un crío y en el "meapilario" donde estudiaba le hablaban de "La Masacre de los Inocentes" por orden de un tal Herodes, todavía más cuando estudiando Historia del Arte veía cuadros como el famoso de Rubens que ilustra este comentario, no podía sino horrorizarme; ¡Cómo se puede ser tan cruel, mandar matar a unos pobres... inocentes, unos tiernos e indefensos niños!


Hoy en día, en cambio, la mayoría de los usos y costumbres sociales en los que crecimos han dado tal vuelco que los críos ya no son esos pequeños humanos en permanente gestación que los adultos arrinconaban durante las reuniones familiares, o de cualquier otro tipo, en una mesa aparte, con el único propósito de que no les tocaran los cojones con sus pataletas y caprichitos mientras ellos departían de las cosas que les son propias, cosas de adultos, sino más bien todo lo contrario, los críos ahora son el centro de atención de los adultos durante dichas reuniones, de modo que no es extraño que el crío presida la mesa mientras el resto se pasa toda la velada riéndole las gracias a la par que glosando los milagros y prodigios del infante como si no hubiera otro tema mejor que tratar. Y eso cuando no hay que soportar los berridos, bufidos o berrinches del inocente en cuestión impidiendo cualquier conato de conversación más o menos propia de la edad del resto de los que están sentados a su alrededor. Eso o esquivar el lanzamiento de objetos por parte del infante con la tierna intención de descalabrarle a uno la cabeza, porque, oye, mira qué tiene cosas el nene, qué ricura, qué carácter, y que le devuelvas la chirimoya que te la quiere volver a tirar a la cabeza, bendito.

Así pues, cómo no distinguir en esta perversión del concepto navideño de "Adorar al niño" el germen de lo que con el tiempo será el alumbramiento de un futuro "niño emperador" al más genuino estilo de Donald Trump, un individuo al que por encima del todo se le nota que es resultado de una educación en la que la palabra "no" brillaba por su ausencia. Eso y que es lo que es, un ególatra de manual porque crecío en la convicción de que todo, absolutamente todo, le estaba permitido, al punto de creer que el resto de los seres humanos están en el mundo única y exclusivamente para servirle o reirle sus gracias. Por no hablar, pues, de la que nos espera cuando las generaciones de "niños emperadores" que estamos criando sean mayores y les toque ponerse al mando. Claro que, con un poco de suerte, y como algunos no estaremos aquí para verlo, puede que consigan que el mundo tal y como lo conocemos se vaya de una vez por todas a la mierda y así se pueda resetearlo todo a ver si sale mejor a la siguiente.

Por eso en este Día de los Inocentes, cuando recuerdo su origen y con él cuadros como este famoso de Rubens que nos ocupa, lejos de espantarme como en mis años mozos, ahora no puedo sino esbozar una macabra, sádica y vindicativa sonrisa de infinita satisfacción.

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