viernes, 16 de enero de 2026

CENA DE EMPRESA


 

     Pesadilla navideña en toda regla. Sueño que tengo que acudir a la cena de empresa de la cofradía de pescadores de agua dulce a la que pertenezco. Acudo, como todos lo años, de morros porque a mí todo lo que sea compartir mesa y mantel con peña que no es de mi cuadrilla de toda la vida se me antoja siempre un engorro. Puedo pasarlo más o menos bien según con quién; pero, para qué engañarnos, no me puedo relajar del todo ya que tengo que estar constantemente al tanto, no vaya a aflorar en un descuido, un descuido por lo general del tamaño de una botellica de buen tinto, dos o tres copas de patxarán y otros tantos gintonics o por el estilo, mi verdadero yo, o para ser más exactos, el gilipollas tocapelotas, listillo, grosero y faltoso que llevo dentro. Eso y que, así en general, a mí la gente no me cae nada bien y viceversa.


Por si fuera poco, ya no es sólo que estas cenas de empresa sean especialmente latosas por lo de tener que sentarte al lado de gente con la que en realidad no tienes nada en común que no sean las mierdas del curro, que puede que hasta te caiga mal porque razones tan peregrinas como porque el muy hijo de puta le echa hielo al vino blanco, u otras ya de verdadero calado como porque vota a VOX y si no hace lo parece. De ahí, pues, que para evitar la sensación de trasladar la jornada laboral al restaurante, se acabe hablando, una vez agotado el repertorio de chismes balompédicos, médicos, políticos, municipales y por estilo. Por no hablar del recuento de las cuitas domésticas de cada cual con sus respectivos cónyuges, los hijos, los suegros, los cuñados y demás fauna surgida del puro azar genético, da igual si propio o de la persona con la que te acuestas de continuo en una pugna continua y más o menos silenciosa por la manta que te cubre los pies.

Putas cenas de empresa con esa alegría impostada tan de estas fechas. Ahí a tope con las fotos de los bebes de tus colegas que ni te habías enterado de que habían sido padres, esas o las de las últimas vacaciones de verano de otros con los que te quedas pensando: "¿Si no te pregunté en su momento, en septiembre, dónde habías pasado las vacaciones de verano, por qué cojones me lo cuentas ahora que no tengo excapatoria? ¿Cúando he mostrado yo el más mínimo interés por nada que atañe a tu molesta y sobre todo prescendible existencia sobre la tierra? ¿Por qué a nadie le da por hablar en estos saraos sobre el subiectum de la metafísica en cuanto ente partiendo del principio de que la sustancia es antes que la esencia y no al revés? De verdad, no lo entiendo.

Con todo, estoy convencido de que este año la cena de marras todavía se me va a hacer más cuesta arriba por culpa del figura que entró hace unos meses en la cofradía por la puerta grande, que decían los compas que lo habíamos contratado para que nos ayudara a reflotar el negocio, que el tipo hacía verdaderos milagros allá por donde iba. Y qué quieres que te diga, milagros sí que hace el chaval, eso no te lo niego, cosas como multiplicar el pan y el vino para el hamaiketako, no sé qué de un primo con un obrador y otro con bodega familiar en Leza o por ahí. Ese milagro o también ese otro de conseguir sacar de casa a la peña después de toda una noche de farra al grito de "¡Levántate y anda!" Cuando soy yo al que le toca llamar a la puerta de la casa de mis colegas para ir a tomar el vermut, o lo que se tercie, después de una noche de trueno, o no me la abren así esté media hora machacando el timbre o aporreando la puerta como un loco, o me mandan directamente a tomar por culo antes de estampármela en las narices.

En serio, no entiendo yo qué influjo tiene este pavo que todo el mundo le acaba siguiendo a todas partes. Mucha juerga y sobre todo mucho jijijaja por cualquier pijada que en otra situación no le haría ni puta gracia a nadie. Y así en general todo lo que sea figurar y tal, sí; pero, de aquello para lo que se supone que ha sido contratado todavía está por ver: las redes siguen bajo mínimos, ni un mísero ezkallu o una puta loina en meses. Eso y que sé de buena tinta que el tipo no es trigo limpio porque ha hecho algunas gestiones en la gerencia de la cofradía que, seamos sinceros, rozan la ilegalidad; no por nada está todo el puto rato dando la murga con lo de que su reino no es de este mundo y por eso a él lo de cumplir religiosamente con la normativa que regula todo el tinglado de la pesca en agua dulce como que se lo pasa por el arco del triunfo. Pero, oye, que da grima ver cómo los tiene a todos en el bolsillo. Más que una cena de empresa navideña parece una de homenaje a su persona en plan estrellita del Rock o por el estilo. Aparte, claro está, del pedo que lleva ya el muy cabrón, pues no desvaria poco ni nada.

- Vosotros sois los que habéis permanecido junto a mí en mis tribulaciones. Por eso yo os preparo un Reino como mi Padre me lo preparó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Menudo rollo tiene el menda, sí. Y luego que no bebe, apenas; pero, oye, que nadie le rechista. Como que lo tienen endiosado, casi, casi literalmente. Así que llegamos ya a los postres en el Cenáculo, la tasca a las afueras de la ciudad donde hemos reservado mesa para trece, y la cosa está ya más que calentita. No es para menos si miras la hilera de botellas vacías de rioja -crianza por supuesto, qué menos en estas fechas-. Eso y que mejor me reservo mi opinión sobre la perfomance que se ha montado el Figura con el vino obligando a todos a que bebieran de su copa como si fuera una especie de pacto de sangre o algo por el estilo; vergüenza ajena es decir poco. Encima, no hemos acabado con los postres cuando ya han sacado los destilados de frutas y hierbajos varios. Vamos, como si al figura le hiciera falta más priva para empezar a dar la nota tal y como parece ser su costumbre. Así que en una de esas se levanta de repente, se baja los pantalones para sorpresa de todos y suelta todo chisposo.

- ¡A ver, bajémonos todos los pantalones para chupárnosla los unos a los otros!

Si nos ves a los doce petrificados de golpe y con los ojos a punto de salírsenos de sus órbitas. Eso hasta que se me ocurre gritarle al Figura-

- ¡VOCALIZA. CABRÓN!

- ¡A lavarnos, a lavarnos los pies los unos a los otros!

Joder qué susto. Ahora, ya te digo que si estos tienen que chupársela al de al lado por orden del Figura, no tardan ni un segundo en ponerse al tajo. Anda que no les tiene poco comido el coco ni nada el Figura. ¿Pues te puedes creer que el pelota de Kepa es el primero que se ofrece al Figura para lavarle los pies? Claro que éste se le adelanta con la toalla y convence al Kepa para que se deje lavar los pies por él antes que por cualquier otro.

- Entonces, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

- El que se ha bañado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.

A partir de ahí un mal rollo de la hostia porque todos los cuchicheos acerca del "sucio" de la cofradía parecen dirigirse hacia donde estoy yo sentado. Claro, como soy el único que se atreve a toserle al Figura en la nuca, el único que no le sigue el rollo porque sabe de qué pie cojea éste de veras, y sobre todo los chanchullos que se trae entre manos con la gerencia de la cofradía. De modo que empiezo a sospechar que el Figura pretende encasquetarme a mí los desmanes de su gestión.

- En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.

- ¿Quién, quién de nosotros? -pregunta uno que apenas hace un segundo estaba vomitando justo al lado del Figura.

- Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.

Mecagondios, ya no aguanto más a estos borrachos, ya sólo faltaría que me pusiera delante de las narices un trozo de pan huntado en la salsa de las carrilleras. A difamar a tu puto padre que está en los cielos, me digo. Me largo, no sin antes llamar por el móvil al contacto que tengo en la policía judicial desde el día que fui al juzgado para poner en conocimiento del juez las pocas pruebas que he podido recabar acerca de las actividades ilegales del Figura.

- Lo que vas a hacer, hazlo pronto.

- Tranquilo, echando hostias.

Y no es que yo vaya a hacer nada. Es que como esto es un sueño y todo es posible, ha sido abrir la puerta del comedor del Cenáculo y entrar en trompa toda una brigada de antidisturbios armados hasta los dientes.

- ¡A ver, tú, el perroflauta, al suelo de rodillas y las manos detrás de la cabeza! -grita el jefe del comando a una indicación mía con un ligero y apenas perceptible cabeceo apuntando hacia donde está ahora el Figura vaciando la vejiga entre unas macetas.

Al rato los pasmas se llevan al Figura preso y veo que el oficial al mando me entrega nada más salir a la calle un billete de veinte y otro de diez euros; dice él que la tarifa estipulada en estos casos.

- ¡Anda, no me jodas! Con esto no me llega ni para pagar medio cubierto.

Y en eso que me percato de que me he quedado sólo fuera del restaurante con todos mis compas atónitos por cómo ha derivado lo que iba a ser una simple y siempre patética juerga de empresa.

- ¿Qué, por qué me miráis así? Estás cosas pasan. No haber organizado nada.

- ¿Estarás contento? ¿Cómo has podido hacerle esto, y encima justo a unos pocos días de su cumpleaños? -tiene el cuajo de decirme el Kepa de los cojones.

- Mira, Kepa, no me calientes, no me calientes, que tú encima ya te encargarás de negarlo tres o las veces que hagan falta cuando vengan a preguntarte si conocías sus chanchullos en la cofradía.

- Último año que organizamos una cena de empresa.

- A ver si es verdad.

* Aquí se esperaría la archiconocida Última Cena de Da Vinci; pues no, demasiado manida y sobre todo cuadriculada, aburrida. Prefiero mil veces antes esta (1542) de Jacopo Bassano por reflejar más fidedignamente lo que me rondaba por la cabeza durante mi sueño.

  

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