COLEGIO DE MONJAS

                                    

 

     Sueño que estoy de vuelta al patio del colegio de mi ciudad donde me obligaron a hacer el prescolar. Me veía portando la imagen de la Virgen de no sé qué o de dónde en absurda procesión, y perdón por el pleonasmo, a la cabeza de la plana mayor de la chiquillada del colegio mientras dábamos infinitud de vueltas alrededor del patio y cantábamos cosas ridículas como "Vamos a cantar ave noche y día,/Y el Ave María no cese jamás./Ave Ave Ave María./El mismo saludo que el ángel te dio/Repiten tus hijos cantando a una voz. Ave Ave Ave María." Y en esas que de repente veo a una de las monjas que se dirige hacia mí hecha una hidra.

- ¡ARINAS! ¿QUÉ SACRILEGIO ES ESTE?
- ¿Yo? -soy un puto crío de cinco o seis años, cómo voy a saber qué significa eso de "sacricolegio" o yo qué sé.
- ¡VAYA INMEDIATAMENTE AL DESPACHO DE LA DIRECTORA!
Dicho y hecho, dejo mi puesto bajo el minipaso que porto con otros tres compañeros y la Virgen no tarda un segundo en perder el equilibrio y darse una soberana y, faltaría más, sagrada hostia contra el suelo; sin lugar a dudas lo mejor del día, de la semana, el mes e incluso de todo el tiempo que duré esta pesadilla.
- ¡ARINAAAAAAS!
Llego hasta el despacho de la directora prendido de la oreja por la monja vocinglera que me ha estado insultando y amenazando durante todo el recorrido con una estancia eterna en el infierno, que digo yo que si el cielo lo reservan para gente como ella casi mejor pasar la eternidad entre demonios que entre los de su santa calaña. Allí me encuentro detrás de la mesa de su despacho a la directora ataviada con su cofia de generala, gafas de culo de vaso, un crucifijo plateado colgado del cuello, en realidad uno de los muchos que nos rodean y entre los que destaca otro de madera a sus espaldas a tamaño natural o casi y con un retrato de Franco en uno de sus costados, poco me parece para ser uno de mis sueños.
- Pero, Arinas, por Dios, qué falta de respeto es esta, es que no te has dado cuenta de que estabas procesionando con el pantalón todo meado.
- Claro que me había dado cuenta, como que no; pero, es que ya he ido meado de clase al patio porque la madre aquí presente tiene la absurda norma de que sólo pueden salir al baño para hacer sus necesidades dos alumnos durante toda la hora que duran su clase. Eso y que, como te quejes de que si no sales al baño te va a reventar la vejiga de un momento a otro, enseguida va ella y tira de regla...
- ¿Insinúas que la culpa de que tú seas un cochino meón sacrílego es culpa de sor Reglamentaria?
- Bueno, en realidad es culpa de toda esta pedagogía filofascista que tienen ustedes aquí montada para aborregar a los cachorros de las clases medias y bajas de esta ciudad eternamente levítica y ensimismada con el único propósito de que ahora, una vez muerto su Caudillo, sigan votando a los de siempre.
- ¡ARINAS! ¿De dónde te has sacado semejante cúmulo de patrañas e insidias?
- ¡Ay, madre -interviene la otra bruja "encofiada"- me temo que es cierto lo de que su abuelo materno era un comunista de los de carné.
- Sí, señora, y condenado a muerte durante la guerra por los suyos.
- ¡Se acabó! Ahora mismo te vas a confesar por tus pecados con el padre Pablo de Rojas.
- ¿Pablo de Rojas?
- Sí, el señor obispo aprovechando que ha tenido a bien hacernos hoy una visita.
- ¡VIVA RUSIA!
Ni qué decir tiene que en ese preciso momento, y como de costumbre, he despertado de un sobresalto y con ello a la mujer que duerme a mi lado en la cama.
- ¿Te cuento mi pesadilla?
- Primero vete al baño como sueles hacer nada más levantarte.
- ¡Uy! Se me ha encogido tanto el culo y lo otro que no sé si voy a poder hacer nada.

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