SIC SEMPER TYRANNIS


 

    - ¡Qué pasa, qué pasa! ¿Otra pesadilla?


- Tú me dirás. He soñado que estaba al mando como "legatus legionis" de la Legio XII Fulminata acantonada en Anatolia y que el resto de "legati" de las legiones de Oriente me convocaban a una reunión en Corinto con el propósito de convencerme de que me uniera a la conspiración para derrocar al emperador.

- ¿A cuál de ellos? Como hubo pocos...

- Al más autoritario, paranoico y obsesionado con el culto su personalidad.

- ¿Te refieres a Domiciano, el que pretendía que todo el mundo se dirigiera a él como "Dominus et Deus"?

- No, peor todavía, al más tiránico e impredecible de todos.

- ¿Pero quién, Cómodo cuya megalomanía no tenía límites y se deleitaba en la adulación más servil, Heliogábalo que disfrutaba de los placeres más decadentes y de la humillación de sus invitados, Caracalla que era obsesivamente militarista y pasó gran parte de su reinado en campañas, a menudo brutales, como con su masacre de Alejandría, donde ordenó el asesinato de miles de ciudadanos?

- Peor, mucho peor. Estoy hablando de un emperador capaz de todo tipo de depravaciones y humillaciones.

- ¿Calígula?

- No, el que digo yo no nombró senador a su caballo para humillar al Senado, sino más bien a una prostituta para representar a Roma en la asamblea de embajadores extranjeros.

- Entonces estás hablando de Nerón.

- Es verdad que el que yo digo persiguió a gente dentro de Roma como hizo Nerón con los cristianos, que ordenó guerras sin haber pisado nunca el campamento de una región, que amenazó con quemar Roma y lo que se le pusiera por delante si no le obedecían en todo. Pero no era Nerón, no, era uno muchísimo peor, y, por si fuera poco, además pederasta.

- ¡Ah, entonces era Tiberio!

- Tampoco era Tiberio.

- Mira, no se me ocurren más emperadores, ni me importa. Lo que quiero saber es si al final te uniste a la conspiración para derrocarlo.

- Bueno, ya me conoces. Al principio me resistí por la cosa esa de la dignitas romana, que no me parecía de recibo quebrantar las leyes de la Res Publica romana por muy descerebrado, caprichoso y déspota que fuera el emperador en cuestión. Al fin y al cabo casi que va con el cargo; pero...

- ¿Pero?

- Pero resulta que, el mismo emperador que al llegar al trono había declarado dedicar todos sus esfuerzos a garantizar la pax romana antes que cualquier otra cosa, quitando alguna que otra escaramuza defensiva y así, va y declara la guerra de la noche a la mañana y sin provocación prevía al mismísimo Imperio Parto.

- ¿Y eso?

- Eso culpa del gobernador hebreo de Palestina con la excusa de que los partos eran un peligro inminente para la integridad del Imperio. Un hebreo que, por la razón que sea, hace con el emperador lo que le da la gana y siempre en su propio y único beneficio.

- ¿Y qué pasó?

- Pues que el emperador que nunca se había puesto al frente de una legión y que por lo tanto tampoco sabía nada de la guerra, nos reune a todas las legiones de Oriente para invadir Mesopotamía en manos de los partos. Sin embargo, como la campaña es tan improvisada y caótica porque el emperador manda una cosa y al rato la contraria, como éste tampoco se deja aconsejar por los que sí saben de la guerra, y, sobre todo, como en realidad ha subestimado al enemigo hasta el punto de creer que con descabezar al rey de los partos el resto se rendiría al momento y sin condiciones, tal y como estaba acostumbrado a hacer con reyezuelos al estilo del de los nabateos, armenios, mauritanos y otros reinos satélites, pues que la derrota es total.

- ¿Y?

- Y que entonces sí. Entonces decido sumarme a la conspiración de "legati" contra el emperador y, aprovechando que nos cita en su tienda con el fin de preparar el discurso de la victoria para ser leido en el foro romano, un discurso en el que, faltaría más, niega la derrota asegurando que ha alcanzado todos sus objetivos, lo tomamos preso y luego ya sin dilación lo entregamos a los partos para que le hagan un "Craso".

- ¿Un qué?

- Ya sabes, Craso, el hombre más rico de Roma que lanzó su propia campaña contra los partos y acabó siendo derrotado y ejecutado por estos mediante el método de vertirle oro líquido por la garganta a modo de escarnio por haber asegurado que doblaría su riqueza y la de Roma a cuenta de ellos.

- ¿Y se puede saber de una puñetera vez cómo se llamaba el emperador en cuestión?

- Donaldo Trumpiano...

- Pues eso, "Sic semper tyrannis", que dicho en latín vulgar hispano viene a ser "así siempre a los tiranos" o "así les ocurra siempre a los tiranos".

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