Txema Arinas: escribir para incomodar (entrevista)
Nos leemos en las redes, nos seguimos los pasos: críticas, relatos, apuntes, y esa materia tan poco verificable que son los sueños cuando se escriben. A fuerza de asomarme a su voz, creo intuir su itinerario intelectual: una mirada que no se deja domesticar por los eslóganes, una desconfianza activa hacia la épica fácil, una fidelidad exigente a la pregunta.
Y, sin embargo, la duda regresó —siempre regresa— como un fantasma doméstico: ¿qué preguntas formular sin invadir lo que no me pertenece? ¿Cómo acercarse a sus ideales, a su pensamiento crítico, a sus zonas sensibles, sin convertir la entrevista en un asalto o en una reverencia? ¿Cómo hablar de su literatura sin reducirla a una etiqueta, sin dejarla encajada en el molde de lo previsible?
Además, desde hace un tiempo, Txema también edita: en Betagarri Liburuak, en Gasteiz, donde pone su esfuerzo al servicio de proyectos de humanidades en castellano y en euskera, con ese horizonte vasco-navarro que a veces es casa y a veces frontera. Editar, al fin y al cabo, también es una forma de leer el mundo: escoger, acompañar, sostener.
Con la intención —sencilla y limpia— de acercar a los lectores de Hojas Sueltas la esencia y el bagaje de Txema Arinas, y con el temor de dejarme algo en el tintero, presento al geógrafo, historiador, editor, escritor y amigo. Empezamos.
Biografía:
Txema Arinas nació en Vitoria-Gasteiz en 1969. Es licenciado en Historia y Geografía por la Universidad del País Vasco. Ha vivido en Irlanda y viajado a diferentes paises, experiencias que han influido notablemente en su mirada literaria y en su compromiso con la reflexión cultural.
Es escritor bilingüe, con obra en euskera y castellano, y ha desarrollado una intensa trayectoria como profesor, traductor y editor. Su trabajo literario y ensayístico destaca por una visión crítica del discurso identitario, el papel de la lengua en la construcción cultural, y las tensiones sociales y políticas de la realidad vasca y europea contemporánea.
Ha colaborado con medios como el diario Berria, las revistas Grand Place y Hegats, así como con otras plataformas digitales.
Bibliografía
Novela
Los años infames (2007)
Gaitajolea (2007)
Anochecer en Lisboa (2008)
Euskara galdatan (2008)
Maldan behera doa aguro nire bihotz biluzia (2009)
Zoko Berri (2009)
El sitio (2009)
Azoka (2011)
Borreroak baditu hamaika aurpegi (2011)
Muerte entre las viñas (2012)
Como los asnos bajo la carga (2013)
En el país de los listos (2015)
Testamento de un impostor (2017)
- Historias de la Almendra en 2018,
- Los tres nudos en 2019,
- Liberación o Muerte en 2020
- Asperra en 2023 en euskera
Tierras del Conde (2024)
Ensayo
Sabino Arana o la identidad pervertida (2008)
El imposible perdido (2012)
Colaboraciones y actividad crítica
Periódico Berria – Columnas sobre lengua, política e identidad.
Revista Grand Place – Ensayos y artículos de análisis cultural.
Revista Hegats – Textos sobre literatura y pensamiento contemporáneo.
Colaboraciones digitales – Publicaciones independientes y plataformas de pensamiento crítico en euskera y castellano.
Temas recurrentes en su obra
La crítica al nacionalismo esencialista y a la construcción mítica de la identidad vasca.
La lengua vasca (euskera) como espacio de conflicto cultural y político.
La memoria histórica reinterpretada desde una posición incómoda, alejada de consensos oficiales.
La ironía y la desmitificación de lugares comunes en la política vasca y española.
La introspección existencial en contextos sociales marcados por la impostura o la repetición ideológica.
Citas destacadas
“Sabino Arana no inventó el nacionalismo vasco, pero sí la peor de sus versiones posibles.”
— de su ensayo “Sabino Arana o la identidad pervertida” (2008)
“Escribo para incomodar, empezando por mí mismo.”
— entrevista en Grand Place, 2015
“El euskera no necesita mártires ni dogmas, necesita hablantes libres.”
— artículo en Berria, 2017
“El problema no es la memoria, sino el modo en que se seleccionan los recuerdos para justificar el presente.”
— entrevista en Hegats, 2020
“Lo que más teme el discurso oficial es la disidencia razonada.”
— intervención en mesa redonda, 2022
Estilo narrativo y literario
Su estilo destaca por una prosa densa pero ágil, con referencias filosóficas, históricas y literarias. Utiliza el diálogo interior y el análisis como herramientas narrativas. A menudo incorpora elementos de ensayo dentro de la novela, desdibujando las fronteras entre géneros. Es un autor que desconfía del sentimentalismo y de la épica identitaria, y prefiere el análisis crudo de la realidad.
Ha llegado el momento de someter a Txema a nuestro cuestionario de preguntas:
Entrevista
HOJAS SUELTAS: Tu formación en Historia y Geografía aparece de fondo en muchos de tus libros. ¿De qué manera ese aprendizaje se ha convertido en una herramienta literaria y no solo en un marco de referencias?
TXEMA ARINAS: Supongo que de la manera en que alguien que tiene la Historia siempre presente cuando se enfrenta a la realidad, que entiende que esta es siempre, de alguna u otra manera, la consecuencia directa de los diferentes procesos históricos vividos. La Historia no es otra cosa que una parte muy importante, si no esencial, del bagaje de cada personaje que construimos o de los escenarios en los que ambientamos un relato. Entiendo que todo esto tiene que ver con lo que decía Hegel de que la Historia es el progreso de la conciencia de la libertad.
H.S.: Escribes en euskera y en castellano. ¿Cómo decides la lengua de un libro? ¿Es una cuestión de tema, de oído, de registro, o de intimidad? Cuando cambias de lengua, ¿cambia también el tipo de pensamiento que pones en juego? ¿Sientes que el euskera te obliga a una precisión distinta o a un conflicto distinto?
T.A.: No, absolutamente no, como mucho me adapto instintivamente a las características de cada idioma. Además, creo que si eso no fuera así, que cualquier lengua, siendo como son en esencia instrumentos de comunicación, estaríamos justificando los prejuicios casi que darwinistas de algunos acerca de la superioridad de determinadas lenguas sobre otras y que nos remitirían de lleno a los prejuicios coloniales y hasta supremacistas de otras épocas.
H.S.: En tu trabajo es central la crítica al nacionalismo esencialista y a la construcción mítica de la identidad. ¿Qué signos te hacen sospechar de una identidad cuando se convierte en “relato oficial”?
T.A.: Sospecho de los relatos identitarios que en lugar de sumar lo que tienden es a restar, es decir, de los que construyen un relato mitificado de lo colectivo con la intención de hacer creer a unos pocos que son mejores que sus vecinos e incluso que sus propios paisanos en función de un supuesto y absurdo varemo étnico en el que siempre es más auténtico el que más blasona de serlo por la razón que sea, da igual si es por hablar la lengua vernácula que otros no, por la también supuesta y absurda excelencia de su árbol genealógico, por haber nacido en un pueblo y no en la ciudad, incluso por acudir religiosamente todos los años con la banderita hasta en los calzoncillos a la romería patriótica del partido nacionalista de turno.
H.S.:En Sabino Arana o la identidad pervertida afirmas: “Sabino Arana no inventó el nacionalismo vasco, pero sí la peor de sus versiones posibles”. ¿Cuál es, para ti, el núcleo de esa “peor versión”: el mito fundador, la exclusión, la moral, la sacralización de la lengua?
T.A.: Sabino Arana era un producto de su época, un individuo no especialmente formado, murió con treinta y pico años y sin haber pasado por aula universitaria alguna. En realidad no encontramos con un autodidacta del peor tipo, es decir, alguien al que sólo le interesaba aquello con lo que poder reafirmarse en sus prejuicios y rechaza todo lo que puede cuestionarlos. Su éxito fue el de un iluminado por la providencia, sí, muy al estilo de ese otro cabo austriaco que vino más tarde, que reunió la pasión y el fanatismo suficiente para convencer a un pequeño grupúsculo de adeptos que con el tiempo irán recogiendo los frutos del tipo de nacionalismo de oposición a ese otro español de la época, de corte esencialmente integrista y xenófobo, que fue sembrando en contraposición a ese otro nacionalismo vasco de corte liberal e ilustrado que se estaba perfilando en ese mismo momento en Pamplona de la mano de Arturo Campion y otros fueristas liberales del resto del País Vasco-navarro. El nacionalismo de Sabino Arana es el carlismo despojado de su lealtad a la idea de España para mirarse al ombligo vasco en exclusiva; pero, igual de integrista y reaccionario que éste. Luego, por supuesto, el nacionalismo vasco fue evolucionando hasta nuestros días, en los que sus dos principales ramas brotan directamente de la democracia cristiana y el socialismo más o menos revolucionario respectivamente.
H.S.: Has escrito: “El euskera no necesita mártires ni dogmas, necesita hablantes libres”. ¿Cómo se defiende una lengua minoritaria sin convertirla en instrumento de vigilancia o de pureza?
T.A.: Se defiende garantizando la pluralidad de los hablantes de dichas lenguas en cualquiera de sus expresiones, de modo que su uso o el aprendizaje de la lengua minoritaria no parezca ligado a una determinada ideología política e incluso a una determinada y exclusiva lealtad identitaria. En realidad se consolida, más que se defiende, equiparando en derechos y oportunidades la lengua minoritaria con la mayoritaria en todos los ámbitos posibles, es decir, asegurando que el hablante de esa lengua minoritaria pueda vivir en dicha lengua allí donde esta es la habitual u original. También se promociona, más que se defiende, haciendo atractiva esa lengua minoritaria a los que no la hablan, es decir, convenciendo de que su aprendizaje supone una llave de acceso a una cultura enriquecedora, antes que una simple imposición para acceder a la función pública e incluso un requisito para ser aceptado y poco más.
H.S.:A menudo abordas la memoria histórica desde una posición incómoda. Cuando dices que el problema no es la memoria sino la selección de recuerdos, ¿quién selecciona y con qué intereses?
T.A.: Hombre, desde el punto de vista personal cada cual seleccionará los suyos propios en función de su experiencia propia o de la de los suyos, también, o sobre todo, de su posicionamiento moral y ético antes que ideológico frente a la Historia. Sin embargo, desde un punto de vista colectivo, como sociedad, los “recuerdos”, es decir, el relato del pasado, lo tienen que hacer los profesionales de la Historia de acuerdo con los principios de su oficio y a los que hay que suponer la ecuanimidad propia del que tiene que refrendar sus estudios con documentos. Hay que asimilar que la Historia no es opinión, son datos.
H.S.: En tus artículos y colaboraciones críticas se percibe una desconfianza hacia el sentimentalismo y la épica. ¿Te parece que hoy se premia más la emoción que la complejidad?
T.A.: Tanto el sentimentalismo como la épica son sentimientos simples, instintivos e irracionales, y por lo tanto mucho más rentables para convencer a las masas que otros más elaborados. Esa y no otra es la clave de su éxito, ya sea en forma de producción cultural o de oferta ideológica, en sociedades que desprecian todo lo que no sea emoción o sentimentalismo dado que sus miembros huyen como de la peste de todo lo que sea complejo por pura incapacidad para entenderlo y sobre todo para disfrutarlo.
H.S.: “Lo que más teme el discurso oficial es la disidencia razonada”. ¿Qué entiendes por disidencia razonada: duda, matiz, contradicción, humor, capacidad de escuchar al adversario?
T.A.: Lo que más teme el discurso oficial de todos los tiempos y lugares es la disidencia a través del sentido del humor con la ironía, e incluso con el sarcasmo, porque una vez que se consigue evidenciar la contradicción de la verdad oficial de turno con una sonrisa ya no hay discurso o consigna que pueda volver a convencer a alguien de que lo que antes daba por cierto sigue siéndolo.
H.S.: Tu prosa se describe a menudo como densa pero ágil, y tus novelas incorporan elementos de ensayo. ¿Qué te permite esa mezcla de géneros que no te permite una novela “pura” o un ensayo “puro”?
T.A.: Supongo que entreverar lo coloquial y hasta irreverente con lo aparentemente formal o denso, puede que hasta intenso según el momento, cuando se requiere. Todo eso y, en especial, el uso continuo de la ironía, a veces también el sarcasmo y hasta la parodia, para hablar o recrear personajes y situaciones que vistos a través de los espejos cóncavos y convexos del famoso Callejón del Gato de Valle Inclán dan siempre en el esperpento puro y duro.
H.S.: ¿Cómo trabajas el ritmo para que el pensamiento no ahogue el relato? ¿Hay un método de escritura (esquemas, notas, reescrituras) que te ayude a sostener esa tensión?
T.A.: Los únicos apuntes y notas que tomo son mentales, como mucho algún nombre o dato que sé que se me puede olvidar. Escribo de tirón con un esquema que sólo existe en mi cabeza, casi diría que procuro verter todo lo que me bulle en la cabeza sobre el papel consciente de que el verdadero trabajo vendrá más tarde con las correcciones constantes y la poda de todo lo superfluo. Ahora, creo que lo que de verdad me hace sostener cierta tensión en el proceso de la escritura, dejando a un lado el puro instinto, suele ser la música que escucho de fondo y que procuro elegir de acuerdo con la escena que en ese momento pretendo trasladar de la cabeza al papel.
H.S.:En títulos como En el país de los listos o Testamento de un impostor aparece la idea de impostura y repetición ideológica. ¿Qué imposturas te interesan más: las íntimas, las públicas o las institucionales?
T.A.: Sin lugar a dudas las íntimas porque la literatura, siquiera ya sólo la ficción, la hacen los personajes. Las públicas e institucionales pertenecen a la no ficción, a los periódicos.
H.S. Entre 2007 y 2017 publicas una secuencia muy intensa de novelas, y en 2024 reapareces con Tierras del Conde. ¿Qué cambió entre esas etapas: tu relación con el tiempo, con la urgencia, con el lector, con el país?
T.A.: Desde el 2017 al 2024 también he publicado libros, en concreto en castellano Historias de la Almendra en 2018, Los tres nudos en 2019, Liberación o Muerte en 2020 y en euskera Asperra en 2023. Yo escribo por el puro placer de escribir e intento publicar siempre que puedo. De hecho, creo tener más libros en el cajón que publicados.
H.S.: Has dicho: “Escribo para incomodar, empezando por mí mismo”. ¿Qué debería sentir un lector al cerrar un libro tuyo: molestia, duda, claridad, enfado, o la necesidad de discutirlo con algún otro?
T.A.: Yo me conformo con que haya disfrutado de su lectura tanto en cuanto al estilo como al contenido de la historia, que la haya acabado con una sonrisa, sobre todo de complicidad. Pero, si además he podido ilustrarle sobre una realidad que desconocía e incluso provocarle alguna reflexión, entonces ya la curvatura del círculo.
Si tu obra se mueve en una frontera —la que separa lengua y dogma, memoria y relato, identidad y propaganda—, también propone una actitud: pensar sin consignas, desconfiar del consenso automático y proteger el derecho a disentir con argumentos. En tiempos de adhesiones rápidas, Txema Arinas insiste en el valor de la incomodidad: no como gesto, sino como método.
Cerrar una entrevista es siempre aceptar que lo importante queda, a propósito, sin clausurar. En Txema Arinas la conversación no se remata con un titular, sino con una incomodidad fértil: esa que obliga a volver sobre lo dicho, a desconfiar de la frase redonda y a preferir el matiz, incluso cuando el matiz duele.
Mientras hablábamos —de lengua y de lealtades, de memoria y de sus trampas, de literatura y de imposturas— iba quedando claro que su escritura no busca adhesiones rápidas. Aspira a algo más difícil: lectores que soporten la duda, que no confundan identidad con consigna ni cultura con liturgia. En tiempos de relatos compactos, su obra insiste en el derecho a discutir con argumentos y en la obligación de no dejarse arrastrar por la épica de turno.
Me queda, además, el reverso íntimo de esta entrevista: la confirmación de una amistad hecha de páginas y de distancia. La conversación, como sus libros, no pretende quedar bien; pretende ser verdadera. Y si algo he aprendido al seguirle durante años es que, para él, la verdad no es un pedestal, sino un trabajo: el de mirar sin autoengaño, empezando por uno mismo.
Algún día, ojalá, saldaremos el abrazo y el vino. Hasta entonces, que queden estas respuestas como una forma de presencia: la de un geógrafo e historiador que escribe contra la comodidad, un editor que apuesta por las humanidades sin alharacas, y un escritor que no promete refugio, sino claridad. La clase de claridad que no tranquiliza, pero acompaña.
Gracias por tu tiempo Txema.
Besarkada bat, Anxo
REDACCIÓN. Coordinación: Anxo do Rego

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