EL ESPÍRITU DE ROBESPIERRE SIGUE SUBIENDO EN LA LLUVIA*
Sueño que, por la razón que sea, que ni la sé ni aquí importa porque esto es una pesadilla como cualquier otra, acabo con mis huesos en un calabozo cuyo ventanuco enrejado da a la Plaza de la Concordia de París, hoy de la Revolución, donde está el cadalso con la guillotina a la que van a parar a diario cientos de desgraciados durante lo que los historiadores del futuro denominarán como el Reinado del Terror (1793-1794) liderado por Maximilien Robespierre y el Comité de Salvación Pública.
- Supongo que es aquí donde van a parar todos los antirrevolucionarios que luego irán desfilando camino del cadalso -pregunto a mis compañeros de celda en la convicción de que al hacerlo me identifico como uno más de ellos y que por lo tanto seré aceptado al momento también como compañero de infortunio. Tengo que decir que además lo hago con una pachorra que siento inaudita en mí dada la situación.
- Eso es, compañero. Si no es hoy, será mañana o cualquier otro día cuando nos saquen de aquí para cortarnos el cuello en la guillotina -me contesta una dama cuyo vestido de pliegues sueltos a la espalda, lo que se dice "a la francesa", me hace pensar que se trata de una aristócrata a pesar de que apenas consigo distinguirla en medio de la penumbra del calabozo.
- Supongo que la mayoría de vosotros sois nobles o por el estilo.
- Te equivocas, compañero -me responde la dama-, ya no quedan nobles en Francia, el Comité de Salvación Público ordenó aguillotinar a todos como enemigos de la Revolución que eran.
- ¿Incluso aquellos que habían colaborado con la Revolución desde el principio como el conde de Mirabeau, el Marques de Condorcet e incluso el propio Marques de La Fayette?
- Todo aquel que no pudo o supo ponerse a salvo en el exilio ha sido ya eliminado. Los que estamos aquí somos todos miembros del Tercer Estado -sigue informándome la dama misteriosa cuya verdadera identidad sospecho que procura ocultar a toda costa.
- ¿Te refieres a antirrevolucionarios como los miembros de la Iglesia, de la Vendée o simples campesinos e incluso pensadores reaccionarios como Joseph de Maistre o Louis de Bonald?
- Todos esos van directos al cadalso sin pasar por aquí.
- ¿Entonces?
- Aquí estamos todos los que un momento nos sumanos a la Revolución; pero, que con el tiempo parece ser que no fuimos lo suficientemente entusiastas de la Revolución al estilo de "El Incorruptible".
- Entiendo, todos los líderes girondinos e incluso radicales como Geroges Danton o Jacques Herbet que osaron disentir del camarada Robespierre.
- Ni siquiera. La inmensa mayoría de los que estamos aquí somos personas trabajadoras acusadas de actividades contrarrevolucionarias, disidencia o simplemente por sospecha -me explica un hombre de edad madura que asoma de repente desde el fondo del calabozo.
- ¿Qué hiciste tú, pues, para ser acusado de antirrevolucionario? - pregunto sorprendido al observar que, en efecto, se trata de un hombre de aspecto desaliñado y cuyas nalgas o pantalones de paño a rayas, una chaqueta suelta llamada carmañola, e incluso el gorro frigio símbolo de la libertad que nadie ha podido arrebatarle, lo identifican como un "sans-culotte" en toda regla.
- Me quedé dormido durante un discurso de Robespierre.
- ¡No me jodas!
-¡A mí me condenaron por no aplaudirle con el suficiente entusiasmo!
- ¡A mí por ponerme a cubierto en el interior de una iglesia durante una tormenta!
- ¡A mí por decir la fecha de mi cumpleaños utilizando el nombre del mes anterior al del calendario revolucionario.
- ¡A mí por haber perdido el gorro frigio!
- ¡A mí por comentar en la taberna que la Maria Antonieta tenía un polvo regio!
- ¡A mí...
- Vamos, que la única antirrevolucionaria de verdad que hay entre nosostros debe ser esta dama de la aristocracia -comento dirigiendo mi mirada a la mujer con el vestido más o menos elegante.
- T´es fou! Yo era la "pute" que se la estaba chupando al "Incorruptible" cuando de repente le llegó la noticia del asesinato de Marat y al moverse de la impresión se me fueron los dientes y...
- En fin, lo de siempre, el reinado del terror de los más puros de los puros. ¿Qué día es hoy?
- 8 de Termidor del año II.
- Entonces tranquilos, no hay de qué preocuparse -algo me dice que ya me sé la historia, intuyo que de que cuando estoy despierto o algo así.
Y en efecto, no pasan ni cinco minutos cuando, de repente, se abren las puertas del calabozo y los guardias nos conminan a que lo abandonemos porque hemos sido liberados por los miembros del nuevo Comité de Salvación Pública. Tal es así que incluso una vez libres en medio del gentío vocinglero que abarrota en este preciso momento la Plaza de la Con... Revolución, podemos asistir con una sonrisa de oreja a oreja a la ejecución del mismísimo Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, alías "El Incorruptible".
Ni qué decir tiene también que hoy he despertado la mar de descansado, vamos, como nunca.
* Tomo el título de la magnífica novela de Patricio Pron "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia."

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