Observo compungido cómo la inmensa mayoría de aquellos que cuando el horrible e infame asesinato de tres jóvenes judíos en manos de extremistas palestinos dejaron constancia en este mismo medio de su horror y rechazo, no dicen nada de ese otro asesinato igual de horrible e infame de un joven palestino en manos de extremistas judíos. Observo decepcionado, una vez más, cómo el dolor va por barrios o banderías, cómo ese dolor carece de principios humanos sinceros y tiene más que ver con la trinchera de cada cual que con cualquier otra cosa. Pena, penita pena.
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