He pasado una noche horrible, para no variar. Me he despertado de golpe a eso de las cinco de la mañana por culpa de una pesadilla de lo más ridícula, también para no variar.
Resulta que íbamos en coche hacia el pantano de Ullibarri, y justo a subir la cuesta de la presa para bajar hacia el pueblo de Uribarri-Ganboa, nos encontramos a un tipo tirado en mitad de la carretera y completamente en bolas. Aparcamos a un lado, me acerco hasta el tipo mientras mi compañera se queda en el coche para evitar que los críos se bajen con el fin de saciar su curiosidad. Por si acaso, que nunca se sabe las tretas con las que los criminales pueden echan a perder una jornada dominguera a una familia humilde y decente como la nuestra, como que si tú lees últimamente la prensa local con tantos atracos a mano armada y reyertas callejeras parecería que estamos ya a la altura de... ¿Caracas?
En cualquier caso, sí, la culpa, por supuesto, de Pedro Sánchez y lo demás como muy de familia heteropatriarcal al uso, en realidad muy como si yo fuera mi padre, mi compañera mi madre y nuestros hijos mi hermano y yo cuando de canijo. Veo que el tipo está tirado boca arriba con los ojos abiertos, vivo. Le pregunto a ver qué cojones está haciendo. Me contesta que tomando el sol como Dios le trajo al mundo.
- ¿Desnudo en mitad de la carretera? - le grito, porque hay que gritarle, no merece menos.
- ¿Por qué no?
- ¿Pero no te das cuenta de que casi no te vemos, que no te hemos pasado por encima de puro milagro, que nos podías haber arruinado la vida?
El muy soplapollas hace un gesto como de importarle tres cojones lo que le digo.
- Aquí se está de puta madre y no me pienso levantar.
Entonces reparo en que el tipo tiene unos treinta y pico tacos, compresión atlética y el típico careto de pánfilo de los que se pasan el día haciendo deporte para evitar a toda costa que les venga una idea a la cabeza. También luce un careto, el cual, por cierto, me recuerda al de cierto personaje televisivo que en su tiempo debió pasar por el Gran Hermano y luego ha sido habitual del Conquis de la ETB2 y de un concurso de preguntas chorras del mediodía y en ese plan. Vamos, uno de tantos.
-¿No piensas levantarte para que podamos seguir nuestro camino?
-¿Para qué? Ya te he dicho que aquí se está de cine.
- Mira, si no te levantas de una puta vez voy a llamar a la policía para que te levanten ellos -en ese momento me vuelvo hacia mi mujer con el fin de que me alcance el teléfono que he dejado en el coche.
Al rato me veo que llega una patrulla de los Miñones -sí, de los txapelgorris que sujetan las columnas del palacio foral, no de la Zipaiantza, de los GEO o de los Rangers de Texas, no, sino de la policía foral en uniforme caqui y boina roja que hasta no hace mucho "apatrullaba" las carreteras de mi provincia.
Llegados a ese punto empiezo a sospechar que, como suele ser lo habitual en estos sueños de mierda, es más que probable que haya aparecido en otra época, en este caso puede que en los años setenta o por el estilo. Sólo así me explico verme con pantalones de pana de pata ancha, camisa estampada con los botones desabrochados luciendo pelambrera en el pecho, e incluso tupe y patillas. Vamos, todo muy a lo Cuéntame y así.
- ¿Es usted la persona que ha llamado para denunciar una incidencia con una persona tirada en mitad de la carretera?
- Miren ustedes mismos...
- ¿Dónde, dónde está esa persona?
No me lo puedo creer, el tipo se ha debido dar el piro nada más ver llegar a lo lejos a la patrulla de los miñones.
- ¡Ha salido corriendo por allí, aita! - me advierte y señala el pequeño chota de la casa.
- ¿Hacia la playa nudista? - pregunta uno de los miñones.
- Supongo, yo qué hostias sé.
- ¿No se dirigian ustedes hacia la playa nudista?
- Pues no que yo sepa.
- ¿Entonces por qué están todos en cueros?
- ¿Cómo?
Momento en el que observo que han desaparecido mis pantalones de pana y todo lo demás, que me encuentro en pelota picada al igual que toda mi familia al completo.
- ¿Y no podían esperar a llegar hasta la playa para desnudarse?
- Mire, yo no sé qué...
Suerte que, como suele ser lo habitual en estos casos, despierto de un sobresalto justo en el momento más comprometido de la pesadilla. Entonces, como también suelo despertar de un susto a mi compañera de lecho porque cuando lo hago yo acostumbro a pegar un grito, puede que varios, me prepraro para el consabido interrogatorio.
- ¿QUÉ PASA, QUÉ PASA?
- ¿Te acuerdas de ese programa de HBO que empecé a ver anoche, PESADILLA EN PELOTAS.
- ¿...?
- Pues una y no más.

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