martes, 27 de diciembre de 2016

MUCHO MÁS QUE EL NARCO GALLEGO

*Reseña en SOLO NOVELA NEGRA: http://solonovelanegra.com/todo-e-silencio-resena/


“E descubriu un negocio magnifico. Fíxose cun camión cisterna… Non levaba aceite nin viño. Levaba xente! Tiña os seus ganchos, os engajadores, en Portugal. Os emigrantes dábanlle todo o que tiñan para chegaren a Francia. E el, na noite, en calquera monte de por aí, facíaos baixar e berraba: “Xa estades en en Francia, cona! La France, lembrádevos. A correr, a correr!” E nin Francia, nin hostias. Deixábaos ás veces desta parte da frontera, perdidos en calquera monte nevado, sen comida, sen un puto peso, mortos de frío. Un día houbo un choque, un accidente, e non tivero máis remedio que descubrilo, porque ía el ao volante. No cárcere estivo, pero non moito tempo. Ixo xa ninguén o sabe. Non creo nin que haxa sumario. O mal flota ben. Flota como o fuel, baixo a superficie. E tiña un bo escote feito. E socios! Así que cando din que estivo en America, ti ponlle nome a ese país: O Hotel da rúa do Principe.”
Animado por la visión de la excelente serie televisiva NARCOS, donde se cuentan las obras y amores del famoso narcotraficante colombiano Pablo Escobar, busco una novela negra que me acerque a la realidad de esos otros narcos de este lado del Atlántico que fueron los contrabandistas gallegos a partir del momento que decidieron cambiar el tabaco por la farlopa, durante las décadas de los setenta y ochenta. La llamada narcoliteratura no ha sido un género muy prolífico hasta no hace mucho en España. Nada que ver desde luego con la catarata de libros generados por los narcos colombianos o mexicanos, algunos de ellos, como Escobar, verdaderos personajes históricos desde el momento en que sus actos contribuyeron de alguna u otra manera a cambiar el rumbo de la Historia de su país. Aquí lo más parecido al narco sudamericano es el gallego, y con todo siempre son personajes esencialmente locales cuyo glamur no alcanza más allá de un plato de lacón con grelos y una redada en la portada del telediario con su juez en helicóptero. De modo que a la hora de elegir una novela negra que trate el tema, y a pesar de disponer de las excelentes novelas sobre el narco gallego escritas por autores como Carlos Gonzáles Reigosa o Nacho Carretero, ambos periodistas gallegos que previamente han tratado el tema como profesionales de la información, me acabo decantando por Todo é Silencio, de Manuel Rivas. La razón no es otra que la notoriedad que obtuvo la novela de Rivas desde su primera edición en el 2010 y cuyo recorrido ha derivado no sólo en varias reediciones en gallego y castellano, sino también en una película homónima dirigida en el 2012 por el reputado director José Luís Cuerda, e incluso en un proyecto de serie televisiva con Rivas como guionista y que mucho me temo que pretenden que sea la versión gallega de la exitosa Narcos.
Nos encontramos, por lo tanto, ante una novela negra de escritor literario que se aventura en el género como antes hicieron tantos otros con desigual resultado. Pero, por suerte, podemos afirmar que Manuel Rivas no ha caído en la misma tentación en la que cayeron en su momento Juan Benet, Luis Mateo Diez o Juan José Saer cuando quisieron escribir su novela negra con la absurda pretensión de darle una vuelta al género, esto es, de dejar su impronta de escritores de “reconocido halo literario” en un género tradicionalmente despreciado por los de su pasta. Manuel Rivas será un neófito en el género, pero es lo suficientemente inteligente y humilde para no entrar en él como un elefante en una cacharrería, esto es, queriendo poner patas arriba las claves o filosofía de la novela negra sólo para demostrar que ésta es un género demasiado acartonado que sólo unos autores de la talla literaria de Benet, Mateo Diez o Saer pueden enaltecer.
Por fortuna, Rivas no peca de tamaña soberbia y por eso tampoco comete el peor pecado que se puede hacer a la hora de escribir una novela negra por muy prestigioso que sea el nombre que la firma: aburrir. Manuel Rivas escribe una novela negra con una trama ambientada en una localidad ficticia la costa gallega donde uno de esos contrabandistas de tabaco reconvertidos en narcos empieza a ascender puestos en la escala social de su pueblo y provincia a medida que acapara influencia gracias al dinero y el miedo. Sin embargo, el narco gallego apenas será la sombra bajo la que se mueven los verdaderos protagonistas de la historia. Estos serán los cuatro amigos nacidos en el mismo pueblo imaginario: Fins, Leda, Brinco y Chelín, los cuales volverán a encontrarse después de críos y una vez más alrededor de la figura del hombre que controla el día a día de su villa natal y el destino de la mayoría de sus habitantes. La diferencia estriba en que ahora unos están al lado del capo como sicarios y los otros comprometidos de lleno en su captura. Siendo así sólo se puede adivinar un desenlace fatal, si bien me guardaré el cómo y el para quién.
Ahora bien, y sin que esto sirva en realidad para desmerecer el conjunto, la trama que desemboca en ese desenlace es probablemente el ingrediente más endeble de la novela de Rivas. Incluso diría que se le nota demasiado que está más o menos improvisada, puede que llevada casi que a rastras, porque, como suele suceder con tantas otras novelas negras, al autor lo que de verdad le interesa no es la trama sino el contorno, esto es, la descripción del ambiente físico y humano en el que se desarrolla la historia y que es precisamente en lo que Rivas deja su marchamo de reconocido autor literario. Y es que, aunque Rivas se esmera y resuelve con mucho tino las escenas de acción y unos diálogos en los que hasta se le pueden perdonar ciertas licencias literarias, como la de hacer del capo gallego un tipo más ilustrado que la media y por ello casi que un personaje sublimado para lo que eran de verdad estos tipos, piensen en Laureano Oubiña o en Sito Miñanco, en realidad prototipos del nuevo rico hispánico sólo que a una velocidad y con una rotundidad que sólo puede derivar de la falta absoluta de escrúpulos, es precisamente aquello que más lo singulariza como escritor, el aliento poético que impregna toda su narrativa, lo que hace que Todo é Silencio se convierta en una novela negra de altos vuelos.
Rivas imprime de lirismo la descripción que hace del mar como un personaje más de la historia. De ese modo, y sobre todo gracias al ritmo pausado, casi que “saudoso”, crea con su habitual sutilidad unos personajes con demasiada carne, esto es, cercanos, reales. Es ahí donde encontramos una vez más a un escritor no sólo de oficio sino sobre todo de talento para lo que le echen, o se eche él, encima. Qué otra cosa mejor, más elogiosa, se puede decir de un escritor sino que su voz es tan personal, única, que da igual el género al que se adscriba que siempre se le reconoce y hasta es una garantía de que lo que tienes entre manos va a ser de calidad. Una voz que aun destacando por su lenguaje lírico, evocador, o eso que llamo saudoso, la cosa galaica de Rivas en román paladino, no duda en conformar también, a fin de cuentas, una historia de narcos, sicarios y policías, directa, incisiva, por momentos hasta demasiado dura y por lo tanto propia del género. Y qué decir si la novela se lee en gallego -aquí una vez más hay que traer a colación eso que decía Gabriel Aresti, se supone que con no poca coña, de que «Sólo es español quien sabe/ las cuatro lenguas de España»-, la novela en su lengua original, ya que unas pocas nociones gramaticales de poco más de una hora y un buen diccionario no deberían ser obstáculo para acceder a la lengua de Castelao, Cunqueiro, Mendez Ferrín, Rivas…, me atrevería a afirmar que hace que ese gran protagonista que es el mar en calma o en plena tempestad, con todo ese silencio atlántico que parece envolverlo todo, amén de unos diálogos que destilan  morriña y sorna galaicas por todos los lados, se haga acaso mucho más notorio.
De ese modo, y también gracias al reconocible y exquisito estilo de Rivas, evitamos que la historia del narco Mariscal y los suyos, así como la de los policías que lo persiguen, nos resulte todo lo recurrente, es decir, mil veces antes leído, mascado, que acostumbran a serlo las novelas de ese subgénero de la narcoliteratura, donde muchas novelas pecan de excesivo tono documental o periodístico, esto es, catarata de datos y sucesos, la frialdad de la realidad como principal ingrediente, o de algo todavía mil veces peor, de la tentación, inconsciente o no, de caer en la mitificación del capo de turno hasta convertirlo en lo más parecido a un héroe homérico o casi, y Dios me libre de pensar en ninguna Reina del Sur o por el estilo.
Por suerte para todos, Rivas esquiva esa perniciosa tentación de hacer del narco un icono a lo Robin Hood de ocasión, cuyas contradicciones pueden resultar hasta atractivas con el riesgo consabido de que alguien pueda llegar incluso a disculparlo. Rivas lo evita porque subordina la figura del capo a favor de las del resto de los que le rodean, verdaderos peones, no tanto de su jefe o de la justicia que persigue a éste, como de la tragedia que supuso en su momento la existencia del narcotráfico en la zona. Y aun así, la figura del capo es descrita por Manuel Rivas con tanta veracidad en su relación con el resto de personajes, que incluso la hija de Marcial Dorado, un capo real del narco gallego, quiso ponerse en contacto con Rivas para protestar por el retrato que según ella había hecho subrepticiamente de su padre. Una anécdota que una vez sabida no puede sino hacer pensar al que esto escribe que el verdadero o único reproche que se le puede hacer a Rivas como autor de Todo é Silencio, es que no llegara a incluir la correspondiente escena del capo gallego en su yate acompañado de un joven candidato para la Xunta con su correspondiente mancha de crema antisolar sobre el hombro; entonces sí que lo habría bordado, vaya que sí.

LOQUEROS


Decían que era de las carreras que menos salidas profesionales tenían; pero, yo creo que cada día les inventan una nueva. Los ves en cualquier sitio más allá de los manicomios que dicen que no existen aunque todos sabemos que los verdaderos están en los bares. Así pues, te los encuentras en las escuelas, los servicios sociales, los hospitales para combatir hipocondriacos y terminales, en los juzgados en sustitución de los testigos falsos, en los equipos de campaña de los candidatos electorales. Pero, y sobre todo, en la tele, a todas las horas, en todos los programas, delante o detrás de la pantalla, pero siempre hay un siquiatra a mano para hablar de todo porque parece o hacen como si supieran de todo, para repartir obviedades a diestro y siniestro, "educar" al populacho y, muy especial, decirles a los profesionales de cada ramo cómo tienen que hacer su trabajo, ese del que ellos no tienen ni puta idea, claro. Son una plaga, sí, pero no más que la que fueron en su tiempo los curas, simplemente los han sustituido, que cuando no se sabe qué hacer o qué decir, en los momentos más chungos de la vida, llama a padre..., no,mejor al siquiatra, es más "modelno", hablan más bonito y en vez de rezos y penitencias te recetan pastillas o te sueltan una baja, un chollo.

jueves, 22 de diciembre de 2016

ELKARRI MOKOKA


HIRUDIA

Elkarri mokoka

 
2016-12-22 / Txema Arinas
E
zagun dira, oso, idazleen arteko liskarrak, ezinikusiak edo korromioak. Ez da ezer apartekoa, idazleak baitira, ustezko artista gehienekin batera, obsesibokien lan egiten dutenetarikoak. Hortaz, ez da ezer harritzekoa idazle asko eta asko, bere egoa kosta ahala kosta ederresteko, gainontzekoena gutxietsi beharrean egotea. Baina nola edo zertan oinarritzen da idazle bat beste baten lana arbuiatzeko, batez ere beste aditu batzuek aurretik ontzat eman edo goraipatu ere egin duten liburu bat txarra dela esateko? Nik gero eta argiago dut, batez ere nik neuk txartzat ematen ditudan liburuei erreparatuz: erabateko subjektibotasunean. Izan ere, nik badakit ezin dudala esan irakurri berri dudan Luis Garderen Ehiztariaren Isilaldia-k —oso liburu landu eta aurrez hausnartua, baita ikaragarri eder idatzia ere—, sano aspertu nauenik, egundokoa kostatu zaidala bukatzea. Jakina, aurtengo Euskadi Literatur Saria jasotako liburu hau txarra dela jendaurrean esan ahal izateko pisuzko argudioak eman behar nituzke. Halere, eta egia argi eta garbi esanda, nik eman ahal izango nituzkeen argudio guztiak ez lirateke pisuzkoak, ustezkoak baino, hau da, eta gorago esan bezala, erabat subjektiboak. Orain bai, badakit, Ehiztariaren Isilaldia liburu sarituaren gainean plazaratutako aitortza honek nire kontrako hautsak harrotuko dituela irakurri eta maitatu ere egin dutenen artean, horrela sortzen baitira gehienetan idazle, kritikari edota zutabegile xeheen arteko ezinikusiak-eta.

Badago, aldiz, Luis Garderen liburuan, idazleen arteko tirabiren kontura gogoeta egitera bultzatu nauen Zizeronen aipu bat: «Ez dut ezagutu olerkaririk bere burua hoberen jotzen ez duenik». Arazoa da, ordea, hasieran esan bezala, zure burua hoberen jotzeko gainerakoena okerren jotzeko premia duzunean. Joera itsusi hau idazleen artean oso hedatua baldin badago, zer esanik ez poetei dagokienez, ia patologikoa dela esango nuke, erretxin hutsak dira eta. Gogoratu bestela Quevedo eta Gongoraren arteko etsaitasuna, zein errukigabe jokatu zuen lehenengoak bigarrenarekin, hondamendian zegoela haren etxea erosiz kalera bota zezaten. Famatua zen baita ere Rimbaudek Parnasoko poetak tratatzeko zuen ohitura, esan dezagun txistua botaz edo.

Baina nola da posible poeten arteko matraka txatxu hauek hain ugariak izatea, nire ustetan gainerako idazleen artekoak baino hamaika aldiz bortitzagoak? Beraiei adituz datu objektiboetan datzala ematen du, hau da, prosan ez bezala, poesian badaude gutxieneko arau batzuk nahitaez bete beharrekoak poema on bat egiteko. Hau da, poeta txar bat da arauokin huts egiten duena. Alde horretatik, poesian adituek poema kaskarrak berehalaxe igartzen omen dituzte. Poemak isilgordeka egitera ausartzen garen ez-adituek ostera ezin ditugu poeten arteko liskarrak beren heinean edo muinean ulertu. Egia esan, sarri askotan ni bezalako ez-adituak poeten arteko norgehiagoka doilorra hain sarria eta murritza den esparru batez jabetzeko saioa delakoan gaude. Eta askotan, susmoa dut poeten arteko gorabehera guztiok literatura sustatzeko baizik ez direla benaz, edo bestela esanda, poesia kanpotik, edo gutxienez ingurumarietatik, egiten jarraitzeko beste aitzakia bat. Hori da behintzat gogora etorri zaidana oraintsu argitaratutako Muga izeneko lau euskal poeta saiaturen poema bilduma liburuan Felipe Juaristiren Historia poemaren bertso hauek irakurri ahala: «Baudelaire ez zuten kritikoek ulertu./Gaitzaren loreak haien iritzian/demonioek beren maitaleei, aberriko dama jentileei,/egindako opariak ziren,/Verlainek tiro egin zion Rimbaudi eta zauritu./Bi urte eman zituen kartzelan./Ez poesia ez gu ez gara berdinak orduz geroztik».

http://www.berria.eus/paperekoa/1841/024/001/2016-12-22/elkarri_mokoka.htm

viernes, 16 de diciembre de 2016

LOS NUEVOS CRISTIANOS DE CIRILO


Leo que el año que viene ya no habrá toros en las fiestas de mi ciudad, que ninguna empresa acepta las condiciones leoninas que le ha puesto el ayuntamiento para organizar la feria en la plaza de toros, y, aunque en principio es un tema que ni me va ni me viene, hay algo dentro de mí que rechina. Porque no me gustan los toros, nada; pero siento que una vez más y de repente van desmantelando el mundo de nuestros mayores. De hecho, lo primero que me ha venido a la cabeza al leer la noticia ha sido mi padre. Mi padre llevándome a ver el paseillo de los blusas a los toros cuando era un mico, mi padre con el bocadillo para ir a ver los toros y de regreso jurando que no volvería más porque en Vitoria todos los años, y por lo que fuera, que ni idea, las grandes estrellas siempre pinchaban. Mi padre la primera y última vez que me llevó muy de chico a ver una corrida y de la que recuerdo, antes que la repugnancia a la vista de la sangre o el hecho mismo de la muerte de la bestia, el tedio inmenso padecido durante todo el tiempo que duró la faena. Y ni siquiera era un aficionado de verdad y menos aún un enterado, que ni iba todos los años a la plaza ni se desvivía por estar al tanto de todo lo relacionado con la tauromaquia. Empero, para mi padre, como para la mayoría de los de su generación, los toros formaban parte de su mundo, de lo que habían conocido desde pequeños, del calendario según el que transcurrían sus vidas. Y no, nunca se le pasó por la cabeza que fuera un espectáculo criminal, monstruoso, denigrante, como señalan los animalistas. No porque la lidia, como la matanza del cerdo o de cualquier animal de los que él también crió de pequeño en su pueblo para el consumo familiar, o para sacarse unas perrillas, formaban parte de una u otra manera, siquiera ya sólo de refilón, de su vida. Y por eso también sé, porque me lo expresaba de gesto y de palabra, aunque yo no compartiera ni su afición ni tampoco esa concepción exclusivamente utilitarista de los animales tan del campo, que sentía verdadero disgusto, a la par que desprecio, cuando escuchaba las descalificaciones de los animalistas hacia los aficionados a los toros o su condena de la explotación de los animales por el hombre en la opinión de que los derechos de ambos están a la misma altura. Yo lo entendía porque el discurso animalista descalifica a todas las generaciones que han compartido su vida en el campo con los animales y a las que jamás se les pasó por la cabeza que un toro, vaca, oveja, cerdo, gallina, perro o lo que fuera, podía tener los mismos derechos que una persona: los animales podían inspirar distintos sentimientos según la persona y el bicho en cuestión; pero, si eran domésticos era precisamente porque tenían alguna función, utilidad, para la casa, ni más ni menos que como desde el Neolítico hasta nuestros días.

El animalismo lucha para erradicar el sufrimiento animal en la convicción de que ese debe ser el objetivo de cualquier persona de buenos sentimientos que se precie. Lo hace como una verdad revelada y de ahí que aquellos que han visto la luz también empiecen a ver inmediatamente después al resto de sus congéneres como pecadores. Y como es una verdad revelada, y por lo tanto indiscutible, tampoco se pueden permitir el lujo de discutir con aquellos que no ven las cosas como ellos, con los pecadores. Inútil pues rebatirles que el sufrimiento es parte consustancial de la vida, tanto como la crueldad que deriva del modo de explotación de los animales para el consumo humano, una crueldad similar a la que hay implícita en la caza de un depredador cuya naturaleza le obliga a matar para alimentarse. El animalismo establece que no es necesaria esa crueldad, que podemos alimentarnos sin recurrir a la carne, que debemos hacerlo si queremos ser mejor personas. Pero el problema es que la idea de querer ser mejores que los demás, los más concienciados, sensibles y justos con la naturaleza y en especial con los animales, no sólo resulta insoportablemente narcisista, un capricho al alcance de occidentales bien servidos de todo, sino también de una ingenuidad intelectual y de un a prepotencia moral sonrojantes, sobre todo en lo que tiene de darse de bruces con la propia condición humana, cruel, contradictoria, depredadora. Se trata en realidad de esa absurda y aún así recurrente obsesión de una parte de la humanidad a lo largo de la Historia por obligar al resto a que asuma su credo en la convicción de que además lo hace por su bien. Así pues, el animalismo se me antoja la versión actualizada del mesianismo de otras épocas, propio de una sociedad de nuevos ricos que tienen satisfechas la mayoría de sus necesidades y que por lo tanto se pueden permitir el lujo, ya sea de tratar a los animales como si de verdad fueran sus semejantes, ya sea de renunciar a ese gran logro de nuestra civilización, siquiera en nuestro mundo occidental, porque ser animalista y vegano en Etiopía como que no, que es poder acceder al consumo diario de carne que antes era exclusivo de las clases pudientes. Pero huelga todo intento de convencer a los animalistas que por lo menos respeten el libre albedrío de las personas, porque estos, como todo aquel dueño de una fe revelada, no les basta con dar sentido a su existencia defendiendo una causa que según ellos les hace mejores personas que el resto. No, es un movimiento proselitista por naturaleza, por eso no pararan en mientes hasta imponernos a todos su moral, esa distorsionada escala de valores que les permite a muchos desdeñar el sufrimiento humano al ponerlo a la misma altura que el de los animales. La praxis de su lucha no se basa en el convencimiento sino en la imposición mediante la militancia activa contra todo aquello que les disgusta o contradice. Por eso amedrentan a los aficionados a los toros haciendo que la sola idea de acudir a la plaza se les haga cuesta arriba porque nadie quiere ser insultado o señalado, eso cuando no exhiben su demagogia a través de puestas en escena de sus reivindicaciones que simulan defender causas que están a la misma altura de todas aquellas más nobles y reales que ha habido a lo largo de la Historia. Vencerán porque recurren al chantaje emocional con el que provocan la duda del ciudadano del común acerca de lo correcto o no, porque le hacen creer que el progreso es lo que ellos dictan y todo lo que les contradice cosa del pasado, reacción. Los animalistas dictan donde está el bien y en qué nos equivocamos, y sobre todo quiénes somos los malos por pensar como pensamos, esto es, por no pensar como ellos. En resumen, que cada vez que observo cómo imponen sus ideas a la gente de buena voluntad que por mor de no querer ser tachada de lo peor, gente ignorante y/o indiferente al sufrimiento animal, se doblega a su demagogia mesiánica, más Hipatia me siento frente a los cristianos de Cirilo.

*Y todo este rollo por saltarme la hora del paseo vespertino a causa del frío.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

ESATEKORIK EZ




Fundamentuzko esatekorik ez duzunean,
zure burua barrutik hutsik somatzen duzunean,
ordenagailuko pantailan betebeharrak eta zorrak pilatzen zaizkizunean, 
gogoan zenituen egitasmoak banan-banan deseustatzen zaizkizunean, 
etorkizuna gero eta beltzagoa igartzen dizutenean, 
hatzak tekletan lardaskatzen zaizkizunean, zure inguruan dena gaizki ulertuak direnean, arima nonbait eta noizbait galdu zenuela jabetzen zarenean, 
gaurdaino okerrak eta hutsak baizik egin ez dituzulakoan zaudenean, 
orotan hutsaren hurrengoa zarela asmatu duzunean.
Hau guztiau gogora etorri bezain laster, aulkitik jaiki, belusa zabaldu eta hor kanpoan 
euria etengabe ari duela gogoan hartu,
etxean oso bero zaude eta.

jueves, 1 de diciembre de 2016

URTZAROA

HIRUDIA


 
2016-12-01 / Txema Arinas
L
agun izoztua genuen Joseba Sarrionandia; duela 30 urte inguru Martuteneko kartzelatik bozgorailu batean ostendurik ihes egin zuenez geroztik, orduko zuri-beltzeko bizpahiru argazkitan izoztutako idazlea. Gauzak horrela gure eskuetara iristen ziren Sarrionandiaren liburu guztiek zuri-beltzeko jela zeramaten azal hegalean, 80ko hamarkadako lurruna gogora ekartzen diguna halabeharrez. Egia esan, eta deserriko hainbat idazleren kasuan bezala, —Luis Cernuda, Leon Felipe edo Max Aub bezalako 36ko Gerrako espainiar idazle errepublikano erbesteratuenean, esaterako—, Sarrionandiak izugarri zehatz eta txukun jorratzen zituen erbestearen gorabeherak. Halere, Euskal Herriko gauzei buruz idazten zuenean, Sarrionandiaren begiratuak iraganera jo behar zuen ezinbestean, hau da, gure herriko Historiaren zenbait pasartera, Kolosala izango da (2003) liburuan, kasurako; edo idazlearen beraren ume zein gaztetako akordura, Miopeak, bizikletak eta beste langabetu batzuk (1995), Han izanik hona naiz (1992), edo Lagun Izoztua-ren beraren hainbat ataletan. Azken hau ageriagoa izan zen erbestetik Euskal Herriko gauzei buruz gogoeta sakon eta luze bat egin nahi izan zuenean; bere begirada sorterrira luzatu beharrean Marokoko Arrif aldera luzatu zuen eta. Izan ere, Sarrionandiaren inguruan dena izoztua omen zegoen, bere argazkiaren begiratua eta baita euren lana estimatzen ala arbuiatzen zutenena ere.

Oraintsu Kuban egin dioten elkarrizketak eta, batik bat, ateratako kolorezko argazkiak Sarrionandiaren inguruko izotza urtzea lortu dute. Atzerrian 30 urte pasa eta gero, zuri-beltzeko argazkiko idazle zein etakide gaztearekin zerikusirik ez duen gizona deskubritu dugu. Aguretzen ari den ospe handiko idazle bat topatu dugu, edo, agian, zerbait guztiz arruntagoa: kontratu mugagaberik ez duen euskara irakasle atsegin bat. Alabaina, eta Sarrionandiak berak garratz samar esan bezala, argazkiarena espektakuluaren gizartearekiko duen zorra baino ez den aldetik, elkarrizketan egindako hainbat adierazpen izan dira gutako zenbaitzuek idazlearen gainean genituen zenbait jelazko irudi zein iritzi egiatan urtzen lagundu digutenak: «Bake prozesua beharrezkoa zen, eta hogei urte lehenago egin izan balitz hobe, nire ustez, desgrazia pila bat izango genituen gutxiago». Baina zer dela eta gertatu da hori, ez baldin badu ezer apartekorik esan, ez bada euskaldun asko eta askok aspaldidanik uste izan duguna baizik? Argi eta garbi esango dut, ni bezalako askorendako Sarrionandiak, behinola ETAkoa izateari utzitakoan ere, 80ko hamarkadako zuri-beltzeko etakidea izaten zirauelako, sentiberatasun bakar eta oso zehatz baten aldekoa, haren liburuetan ETAk eragindako sufrimendua sekula aintzat hartu ez zuena; badakigu, inkisidoreen huskeriak eta 30 urteotan Sarriidolo edo mitotzat hartu dutenendako bekatu larria.

Zorionez, delako elkarrizketak, niri behintzat, Iurretako idazlearen inguruko leia urtzen lagundu dit. Gaur sekula ez bezala Sarrionandiaren hitzok uler ditzaket euren neurrian: «Euskal gaiagatik detenitzen zuten jendearen gehiengoa torturatzen zuten sasoi hartan, nire ustez. Eta ez zekitela esaten dute batzuek, torturatuen aurpegiak argitaratzen zituztenean prentsan! Normala zen, eta urterik urte izan da ohikoa tortura». Sarrionandia, ETAren biktimen zorigaiztoko burugabekeriarekin batera, gure artean pairatu dugun beste batez ere ari da. Gauzak horrela nola ez gogoan hartu Sarrionandiaren lekukotza, beste ikus/pentsamolde ezberdineko euskal idazle batzuenarekin batera, premiazkoa dela denok azken hamarkada hauetan bizi izan garen Euskal Herri izoztutik ezari-ezarian sortzen ari den lurmenean.

http://www.berria.eus/paperekoa/2415/033/002/2016-12-01/urtzaroa.htm

miércoles, 30 de noviembre de 2016

DUDA-MUDATAN




Herrestan, arrastaka, narras, tatarrez, herrestaka,
ñabardurak ñabardura, ezta erraz,
kalekumeok doi-doi ditugu bereizten,
Hortaz, ez dakit nik gaur arratsaldean
umea eroan dudan arrastaka
edo berak ostera herrestan
edo gripeak jota nindoan tatarrez
edo aspaldiko gogo abailduak herrestaka.
Edonola ere heldu naiz etxera narras
eta gauzon inguruan duda-mudatan
halako (E)huskerietan motel betiko lez
eta adimemena beti bezain eskas.

lunes, 28 de noviembre de 2016

LA FE DEL CARBONERO



"Toda dictadura es casta y anti vital; toda manifestación de vida es en sí un enemigo de cualquier régimen dogmático."

Reinaldo Arenas - escritor y exiliado cubano  

La prueba más palmaria de que temas como el de la figura de Castro y su revolución se tratan por algunos como artículos de fe, es que da igual que demuestres a ciertos creyentes lo obvio, que en Cuba no hay libertad de expresión, que se ha encarcelado durante décadas a los opositores, expropiado a todo quisque, perseguido a clérigos, homosexuales o artistas que iban por libre por ser considerados antirrevolucionarios por principio, que son varios millones los que han salido de la isla y no precisamente por capricho. Da absolutamente igual hablar de hechos perfectamente conocidos y probados, de aportar todo tipo de documentación, de citar testimonios de todo tipo, si tu interlocutor tiene ya una idea definida de cuáles son sus querencias no habrá crimen o evidencia que le haga apearse de la fatal atracción del individuo del común por los egolatras redentores con todo su romanticismo mesiánico, será inmune y en especial indiferente a todo lo que no le sirva para apuntalar su fe. De hecho, llegados a ese punto el fan de Castro te sacará los datos de los logros económicos, educativos y sanitarios de la Revolución obviando cosas que jamás obviaría en su casa, a destacar que les ristringieran el acceso a la información, la libertad ya no sólo de expresión, sino de todo tipo. Todo ello pecata minuta para los cubanos siempre y cuando puedan recibir una educación o asistencia sanitaria, mientras tengan donde dormir o qué comer, que son cosas, mira tú por dónde, que los nostálgicos franquistas también aducen para justificar el régimen de su caudillo, pues bien sabido es que durante los años de Franco al final se consiguió superar el hambre de la posguerra, se creó la seguridad social, las bases de un sistema educativo que con el tiempo desterró el analfetismo, y sobre todo se dio el desarrollismo económico de los 60, etc. Eso y que a diferencia de la Cuba de Castro, el franquismo siempre respetó la libertad de comercio y de ahí que el hombre corriente siempre tuviera, dentro de sus posibilidades, la opción de abrir un pequeño comercio e intentar ganarse la vida como le viniera en gana, asunto que por lo que se ve resulta inaceptable para los eternos y porfiados enemigos del comercio como fuente de todo tipo de inequidades, mejor que te decida el Estado por ti desde la cuna hasta la tumba. El caso es que para unos y otros la libertad del individuo, siempre que sea la de los otros, claro está, les parece una bagatela, da miedo en pensar de lo que serían capaces si por lo que fuera tuvieran la oportunidad de establecer en su casa un régimen similar al cubano. En fin, lo que sea con tal de no replantearse unas filias que para algunos parecen vestir muy bien en su biografía, que les da un marchamo de eternos inconformistas, rebeldes o alternativos al sistema en el que viven y que sin ser perfecto, ni justo en su totalidad, al menos les permite expresar sus opiniones sin miedo a acabar en un calabozo por tiempo indefinido y sin garantías procesales algunas, que es lo que sucedía a los disidentes en Cuba.

De cualquier modo, todo esto me trae a la memoria una anécdota familiar que creo haber comentado ya. Mi abuelo materno fue un comunista con carné del partido durante toda su vida, condenado a muerte en el 36 junto con dos de sus hermanos, salvado de la suerte de éstos gracias a la intervención de un pariente de su mujer que casualmente era un cabecilla carlista. El caso es que mi madre siempre recuerda que cuando volvió de Venezuela, donde había pasado tres años trabajando en un taller de costura y entablado amistad con unas compañeras rusas que habían huido de la URSS, un día se le ocurrió espetarle a mi abuelo que la URSS no era el paraíso que él creía, que las rusas le habían contado que la gente allí no era libre y que también pasaban hambre. Aquel fue, mi madre lo recalca siempre, el primer y el último día que mi abuelo le puso la mano encima, en concreto le cruzó la cara de lado a lado. Mi madre no había hecho otra cosa que despotricar contra lo más sagrado delante de un creyente para el que su fe en el comunismo lo era todo, un hombre al que apenas llegué a conocer porque murió siendo yo muy chico y al que mi madre y otros siempre han calificado como la mejor persona que uno podía imaginar y además querido por todos. Pues bien, leyendo estos días muchas de las discusiones de FB acerca de la figura de Castro y su revolución, tengo que confesar que intuyo por doquier gente de buen corazón y mejores intenciones a los que su apego al romanticismo de los revolucionarios en uniforme verde olivo, por no hablar del embeleso inconfesable del macho alfa para muchos, y su necesidad de creer en la existencia de un cielo aquí en la tierra que lo justifique, hace que se comporten con la misma intransigencia hacía los que no comulgan con su credo que la que usaban los puritanos de todas las creencias habidas y por haber a lo largo de la Historia.

sábado, 26 de noviembre de 2016

TINTA BELTZA



Arraindegira joan naiz txipirorien bila
beste behin munduko arrain-saltzailerik zakarrena nire zain
Ez al dituzu apurtxo bat handiagoak?
saldu nahi zidan potarroa.
Berdin dio, eraman ditut txikiak bezain goxoak 
Gero auskalo nola beteko, 
baina zapatu goizean ez dago modurik
arraindegirik arrainegirik joateko alderrai.

Zerbitzatu bitartean Fidel etorri zait gogora
baita umetan gure aitarekin kantatzen genituen kantu iraultzaileak ere,
edota alderdiaren karneta bizi osoan ondo gordeta izan zuen
nire amaren partetiko aitona,
36ean heriotza zigorrera kondenatua
bere emaztearen senide txapelgorri batek salbatu zion bizia,
akabatu zizkioten aldiz bi anaiak.
Gerora gure ama Venezuelara joan zen joskin lanera
bertan ezagutu zituen Errusiatik ihes egindako lankideak
pozik zeuden gure amarekin zeuden beharrean
batez ere euren herriko lantoki sozialistaren aldean.
Hiru urteetara gure ama itzuli zen sorterrira
Orduan aitortu zion bere aitari Sobiet Batasuna
ez zela berak betidanik sinestutako paradisua.
Maiz gogoratzen digu hori izan zela bere aitak belarriondoko bat eman zion lehendabizikoa eta azkena.
Esan dezagun gure amak hautsi ziola gure aitonari fedea

Urteak pasa ahala koskortu nintzen fedegabe,
ez eta txikitako fraileen artean ere,
edota nerabetako lagun iraultzaileekin nenbilenean
Gure etxean gurasoan ez ziren aparteko irakurtatzaleak
baina bagenituen armairuetako apalak liburuz gainezka
oso izen arraroak zituzten. "Contra el revisionismo",
"La lutte de classes en france", "Republicanos españoles del siglo XX", "La "voie tchécoslovaque vers le socialisme" 1945-1948.
Baziren ere Marcuse izeneko filosofari baten zenbait
edota Gasteizko seminarioko "Txistu" izeneko aldizkari ale pila,
bertan irakurri nituen euskarazko aurreneko testoak,
bai, jaun-andreok, nire osabak ziren seminaristak
abade eta txistulari nuen nire aitaren anaia txikia,
nagusia ordea Madrilen irakasle hainbat lekutatik 
kanporatua izandakoan,
euren liburu debekatuak, konprometigarriak omen ziren, 
orduko gazte ikasi gehienek iraultzaileak izan nahi zutenekoak.
familia otorduetan denok batera, eta besteak beste,
kantatzen zutenean
"cubana y cubana es tu gran deber,
enseñar a escribir, enseñar a leer,
estamos en el año de la Revolución
y el pueblo se prepara
para aprender la lección..."

Orduz geroztik gauza pila suertatu dira,
denok koskortu gara,
denok aldatu ziren,
denok ahaztu dugu.
Eta arrain-saltzaileari hirugarren tinta pakete bat 
eskatu diodanean
zimurtu dit sudurra.
Orduan bai, "por el triunfo del proletariado,
que mañana y siembre Cuba vencera..."
etorri zait aho puntara.

SE HA MUERTO FIDEL CASTRO




Se ha muerto Fidel Castro y yo me acabo de levantar con un terrible dolor de espalda.
Debería tener más cuidado con los ejercicios,
cualquier día me ha hago un estropicio.
Se ha muerto Fidel Castro y presiento una catarata de comentarios
a favor y en contra del último dictador comunista de América Latina.
Perdón, me dicen que un tal Ortega y un tal Maduro siguen por ahí haciendo de las suyas.
Se ha muerto Fidel Castro y va a ser un día muy aburrido en las redes entre partidarios y detractores, mitómanos e iconoclastas, los eternos banderizos.
Se ha muerto Fidel Castro y yo tengo que preparar la cena para esta noche y limpiar un poco la casa así por encima.
Se ha muerto Fidel Castro y sí, amigos, adios a uno de los últimos grandes personajes del siglo XX.
Se ha muerto Fidel Castro y por supuesto que no soy indiferente,
yo he crecido con el Comandante, 
como que de pequeño cuando íbamos en el coche de mi padre,
canturreábamos todos juntos:
"Lenín, Martí, Fidel Castro, son los hombres que invitan a pelear.
por el triunfo del proletariado, que mañana y siempre Cuba venceraaaá...".
Se ha muerto Fidel Castro y tampoco me acuerdo mucho de aquella canción, fue hace mucho tiempo, era otra época, muy convulsa, 
quien más quien menos hacía su transición, 
los primeros en cambiar fueron los mayores entonces jóvenes que jugaban a comunistas.
Se ha muerto Fidel Castro y aunque mi viejo nunca fue comunista ni nada por el estilo, en el coche cantábamos canciones revolucionarias que nunca supe dónde y cuándo las había aprendido, aunque tengo mis sospechas.
Se ha muerto Fidel Castro que era un macho alfa que salía en la tele en uniforme verde olivo como recién llegado del campo de hacer su revolución.
Se ha muerto Fidel Castro que era un señor que entonces todo el mundo admiraba porque decía que los tenía bien puestos y le había plantado cara a los americanos.
Se ha muerto Fidel Castro que era algo así como un padre de todos los cubanos con mucho carácter y autoritario hasta decir basta, 
nadie se le subía a las barbas, nadie le podía llevar la contraria, nadie escapaba a su control, nadie se sentia libre en su casa a poco que le diera por pensar por sí mismo
Se ha muerto Fidel Castro y yo hace mucho tiempo que descubrí que era un ególatra que había construido un infierno en su isla a su imagen y semejanza, donde los homosexuales eran perseguidos, el pensamiento se dictaba desde un comité central y los cubanos huían en balsa, o como fuera, para poder ser mayores en una tierra extraña y escribir de lo que habían vivido en el paraíso socialista.
Se ha muerto Fidel Castro y me acuerdo del viaje que hice a Cuba, 
de Nacho el sindicalista al que se le caía la baba delante de un poste del Ché como a tantos ciudadanos del mundo que viven de mitos para arrojárselos a los que no comparten su credo.
Me acuerdo de la anciana pidiendo limosna junto a la Catedral, 
de la tristeza de la juventud en venta a lo largo del Malecón,
de las niñas acompañando a señores entrados en años y dólares en los hoteles de Santiago,
de la devoción impasible al socialismo científico en la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre,
de uno de aquellos tremendos paneles publicitarios con la imagen del Comandante en Barbas anunciando la revolución en marcha al paso relantizado de una camioneta abarrotada de camaradas,
de las discusiones etílicas en el bar del Hotel Nacional hasta altas horas de la madrugada y un bailoteo revolucionario hasta la extenuación en un estadio de la ciudad de Matanzas.
Me acuerdo también de la conversación a dos bandas en casa de los parientes de mis primos de Madrid; a un lado el padre, un médico que llevaron a hacer la revolución hasta Angola, un cubano orgulloso de los logros de su Revolución, me regaló una moneda de plata con la efigie del Che y un libro titulado "Con la adarga...", no me acuerdo qué más. 
Un libro donde se recogían sus frases y discursos más famosos, un verdadero tostón de los que de puro desfasado sólo me inspiró grima y eso que no llegué a acabarlo.
Al otro lado estaba la hija y su novio del bigotito, sólo decir que si un CDR hubiera puesto orejas a lo que decían en ese momento y delante de su padre, hoy todavía estarían en una de esas cárceles cubanas a las que han ido a parar durante décadas cientos de cubanos por disentir del relato oficial dictado desde el comité de marras.
En fin, que se ha muerto Fidel Castro que era un gallego que hablaba sin parar durante horas con un acento cubano muy bonito.y yo ya hace tiempo que tenía que haber salido a comprar unos chipirones para ponerlos en salsa negra.

jueves, 24 de noviembre de 2016

NADIE CONOCE A PESSOA




En el mundo que voy a dejar a mis hijos
Nadie tiene ni puta idea de quién era Pessoa.
Les hablo de heterónimos 
y creen que hablo de una enfermedad venérea,
o de un jugador extranjero del Barça o del Madrid,
la última revelación del fútbol brasileño 
o algo así.


¿No habéis oído hablar nunca de Alberto Caeiro?
Ni idea. ¿En qué club juega?
¿Tampoco de Alvaro Campos?
Ese el año que viene está fuera del Madrid
¿Así que de Ricardo Reis mejor ni hablamos?
Demasiados portugueses en el equipo.


Como para explicaros qué es un ortónimo.
¡Ah! Eso sí.
¡No me lo puedo creer! Dichosos mis…
El ortónimo es simbolista y modernista 
por su proipia evanescencia, 
la indefinición y la insatisfacción, 
y por la innovación practicada 
por entre las diversas sendas 
de la formulación del discurso poético
¡Sí, sí, no me lo puedo creer!
Algo así como Cristiano Ronaldo
jugando desde el medio del campo.


Pues eso, señores:
“Ha quanto tempo nâo escrevo um soneto…"
Sí, ya, mejor espera sentado 
a que se te vaya yendo la vida.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

DMTRI SHOSTAKÓVICH Y LOS JUECES




Predilección por aquellos que nunca fueron o no quisieron ser comprendidos; "su reino no era de este mundo... y ni falta que hacía". Dmitri Shostakóvich, un genio en lo suyo y en lo humano un hombre discutido y despreciado por la legión de jueces de un bando y otro durante la guerra fría. Por lo suyos porque dudaban de la sinceridad de su compromiso con la URSS aunque estaba completamente integrado en el sistema, de hecho era su "gran compositor" y hasta miembro del partido, y todo porque de vez en cuando le daba por ir por libre y no cumplía las expectativas que los jerarcas soviéticos habían depositado en él, estoy pensando en la novena sinfonía, éstos esperaban una gran composición patriótica para celebrar la victoria contra los nazis y él les entregó una obra obra ligera, burlona, con ribetes casi que sarcásticos. Y sin embargo anteriormente había compuesto la Séptima o Leningrado y la Octava durante lo más crudo de la guerra proporcionando esa solemnidad tan trágica y/o heroica del gusto del mando soviético, y qué decir de la Onceava donde se recrea en toda la mitología revolucionario de la época. De ese modo, y a pesar de los testimonios cercanos que hablan de un Shostakóvich sumamente crítico con el sistema soviético, a pesar de haber sido represaliado en lo más álgido de la paranoia estalinista por haberse apartado en su praxis artística de la ortodoxia al uso para luego ser rehabilitado a la muerte del Gran Camarada, a pesar incluso de todas las cábalas que los críticos hacen acerca de posibles mensajes ocultos, crípticos, en su obra criticando el sistema, al gran compositor ruso siempre le reprocharon su cobardía por no atreverse a romper con el sistema, por colaborar con él y hasta por dejarse convertir en uno de sus iconos. Sin embargo, y aquí ya entra el juicio personal, Shostakóvich se me antoja simple y llanamente el ejemplo del artista puro y duro, alguien para el que la propia obra lo era todo, esto es, una vida entregada a poder desarrollar su arte bajo las condiciones que fueran siempre y cuando pudiera disponer de un resquicio de libertad creativa para dar rienda suelta a su genio. Por eso creó casi que por encargo, qué importa sin por convicción o conveniencia, y también lo hizo a contracorriente arriesgando mucho más de lo que probablemente habría estado dispuesto. Nunca quiso abandonar Rusia, probablemente si lo hubiera hecho jamás habría sido el genio que fue porque gran parte de su inspiración estaba estrechamente ligada al país en el que había nacido y de cuyas fuentes beben sus obras en unión de las grandes obras de otros genios. Shostakóvich no tenía otro horizonte que su música y por eso lo supeditó todo a poder seguir componiendo allí donde era feliz con los suyos. Que eso le convierta en un cobarde, en un traidor incluso a sus supuestos propios principios, incluso en un colaborador de la tiranía soviética, pues qué se le va hacer. Su música, desde luego, no fue responsable, ni siquiera cómplice, de los gulags, las hambrunas provocadas o el final fatal de muchos otros creadores que sí se rebelaron o fueron silenciados por las autoridades soviéticas. Su música, como toda obra artística, sólo se justifica a sí misma, lo contrario es dar crédito al pujo inquisidor de los puritanos obsesionados con la pureza política, moral o ética del prójimo, los mismos que en el caso de que Shostakóvich hubiera nacido en nuestra época ya lo habrían juzgado y sentenciado como un indeseable por rijoso dado su facilidad para enamorarse de sus alumnas hasta los últimos años de su vida.

martes, 22 de noviembre de 2016

EGUNEROKO SEXOEN ARTEKO MIKROBORROKAREN BERRIAK EDO:



Gaur goizean informatikaria etxean nuela hitz aspertu batzuk egin ditugu eta zer moduz aspalditik bizi zen Oviedo inguruko herrixkan galdetzerakoan bere neskalagunarekin apurtu eta gero gaur Oviedo erdialdean bakarrik bizi zela kontatu dit. Gerora, informatikaria joandakoan, nire emaztearen ordenagailu eramangarriaren bateria aldatzeko esatea ahaztu zaidala konturatu naiz. Atoan hots egin behar izan diot.

-Barkaizkidazu eragozpenak, P, baina ahaztu zait bateriarena eta ez dut nire emazteak ni akabatzea nahi.

-Lasai, motel, ulertzen dizut, noski baietz, niri esango! Zuk esaiozu eskatu nizula bateria etxean gordetzeko badaezpada nik beste berri bat bilatu bitartean..

Ulertzen zidala? Ze ba? Auskalo, baina ez dakit nik zergatik ia oharkabean elkarlotu dudan gaur goizeko pasadizu txatxu batekin. Etxeko atarian neskatila bat sartzear zegoen ni heldu naizenean. Orduan, agur esan diodanean berak ez dit tutik ere erantzun, areago nire bat-bateko presentziak edo aztoratuta begitandu zait. Gauzak horrela, nire aurretik pasatzeko eskatu diodanean ez adituarena egin du, nik bere ipurdia lasai askoan eta adurretan ikusteko eskatu banio bezala edo, hau da, ni bezalako astapotro lizun pederastagai batengandik besterik espero ezingo balu bezala.

"Adán eta Eva", Rafael Sanzio (1483-1520)

lunes, 21 de noviembre de 2016

LOS NUEVOS INQUISIDORES



No simpatizo con el PNV porque que mi sensibilidad política va por otros derroteros, y de hecho cada vez se me antoja más la versión local del PRI mexicano salvando las distancias. Tampoco me gustan las novelas de Kirmen Uribe. Creo haberlo expresado incluso en un artículo del BERRIA. A decir verdad, todo lo que representa Uribe en literatura me es extraño e incluso hostil, como que, dejando a un lado las implicaciones comerciales de su fulgurante y mediático éxito, soy incapaz de pensar en su obra sin que me venga a la cabeza la palabra vasca “mengela” que yo traduzco muy libremente como “melifluo”. Ahora bien, cuando el sábado leí la reseña que José Carlos Mainer hizo en Babelia del último libro de Kirmen Uribe, “La Hora de despertarnos juntos”, y que iba acompañada con de titular como “… una novela atractiva y blanda que idealiza el nacionalismo vasco”, algo chirrió en mi interior. Y en efecto, lees la reseña entera y en seguida concluyes que, a falta de argumentos de peso, lo que el crítico le reprocha a Uribe es que sus protagonistas sean nacionalistas vascos. Como que hasta se toma la libertad de recordarle a Uribe que podía haber elegido a otros personajes de la misma época que no lo eran “no todo fue aquel mundo que compartía un ideal nacionalista, escuchaba la música de Guridi y también la de Ravel, que admiraba…“ Faltaría, señor Mainer, faltaría que todos lo hubieran sido. ¿De verdad cree que Uribe no lo sabe? Pero el caso, señor Mainer, es que Uribe ha querido escribir una historia cuyos protagonistas sí son nacionalistas vascos. ¿Tanto le molesta, no tiene derecho a hacerlo? Pues parece que sí, parece que, dejando a un lado las virtudes literarias o no de la novela de Uribe, lo que se le atraganta al crítico de Babelia es que los protas de la novela sean nacionalistas vascos y no precisamente para fustigarlos por ello como si fueran demonios con rabo tal y como parece ser la consigna, yo diría que hasta la línea editorial de su periódico, desde hace ya mucho tiempo. En efecto, los nacionalistas vascos, o periféricos en general, no pueden concurrir en el panorama literario español como personajes con virtudes y menos aún como héroes de su época por lo que sea que hicieran a favor de otros. Los nacionalistas periféricos deben ser malos por principio, y ya no sólo porque quieran romper España, los que tienen como prioridad romperla, claro, sino incluso nada más que por concebir esa España de un modo distinto al oficial, esto es, por atreverse a hablar de ella como un ente plurinacional; ¡blasfemia, blasfemia! Existe una idea de España como unidad de destino en lo universal, en su pasado y presente, directamente heredada del amago de revolución liberal que sucedió al Antiguo Régimen de los Borbones, y que, a semejanza de los estados de su entorno, tendía a la homogenización sociocultural de su territorio como pieza angular de la nación española. Todo lo demás, todo particularismo o reivindicación territorial, o se eliminaba a las bravas o se despreciaba. Con todo, ese nacionalismo español homogeneizador alrededor de lo castellano nunca consiguió someter del todo a los pueblos periféricos con lengua, cultura e incluso tradición política propias, de modo que surgieron los nacionalismos periféricos como respuesta. La praxis de esos nacionalismos periféricos ha sido muy variada, desde el enfrentamiento directo y violento con el poder central al colaboracionismo o pactismo. Sin embargo, es lugar común que todo nacionalismo responde en esencia a una fe en la nación muy semejante a la religiosa, casi como si el sentimiento nacional fuera un sustituto del religioso. Y claro, basta reparar en la tradición religiosa española, donde el catolicismo español siempre ha destacado muy su intransigencia y en especial por su rechazo y persecución del resto de credos, para percibir que el rechazo que suscitan los nacionalistas periféricos en muchos españoles es semejante, si no idéntico, al que los cristianos viejos de entonces, los buenos cristianos como hoy los buenos españoles que asumen una determinada y monolítica idea de España como un artículo de fe, sentían hacia moros, judíos, herejes y sobre todo conversos. No hay lugar para los matices en esto de los nacionalismos, no puede haberlo porque al igual que antaño, reconocer al moro, judío, hereje o converso, sería como reconocer que la visión que se tiene de la vida no es la única y sobre todo la correcta, que puede haber otras. Por eso impera lo de al enemigo ni agua, no puede haber sólo adversarios, el que cuestiona España como nación, la nación de Pelayo, los Reyes Católicos, los Austrias y demás mandanga propagandística al estilo de toda mitología nacionalista auto-justificadora que se precie, no merece otra consideración que la que les depararon en su tiempo a los españoles moros, judíos, herejes y sobre todo conversos cuando cuestionaban con su sola existencia la homogeneidad religiosa de entonces. Cualquier concesión al contrario es una derrota por principio, por eso hay que anatematizarlo a toda costa y en cualquier momento, o lo que es lo mismo, rechazar de plano que, independientemente de sus ideas, hay y ha habido nacionalistas que han sido y son, no sólo buenas personas, sino también extraordinarias por las razones que sean. Pero claro, para evitar que el cristiano viejo de nuestros días dude de tal precepto, que pueda llegar a aparcar incluso por un momento su fe del carbonero en la nación única e indivisible y considerar a un nacionalista periférico, a un creyente de otro credo, como un semejante y además digno de consideración por sus actos, tenemos a las cabezas ilustres de la patria única e indivisible elevados a la categoría de inquisidores generales al modo de Savater desde su púlpito en el mismo periódico del señor Mainer, para repartir anatemas a diestro y siniestro de buen o mal español/ciudadano y que nadie ose cuestionar el precepto por el que todo nacionalista no español, y estos en sus dos versiones, en la convencida y orgullosa del tipo derecha rojigualda a tope, o en esa otra vergonzante de autotitulados constitucionalistas incluso con pujos cosmopolitas y algo de izquierdas siempre y cuando España no se rompa…, merece la hoguera sólo por serlo cual moro, judío, hereje o converso. Y como es así como se sustenta el pensamiento políticamente correcto en el Reino de las Españas, con sambenitos y lugares comunes al por mayor, entre los cristianos viejos, servidor no deja de maravillarse cuando viniendo de uno de esos territorios en los que los cristianos viejos son minoría, observa que todo lo relacionado con el mundo, la cultura, la lengua, la sociedad, de esos nuevos moros, judíos, herejes o conversos, suscita un rechazo visceral, irracional, de gente que incapaz de separar lo político del resto, de valorar las cosas en su justa mirada, de reconocer nada al otro, que ni siquiera repara en si aquello que rechaza merece su rechazo porque para qué, si viene de moro, judío, hereje o converso... Eso es lo que tenemos una vez más en este Reino de las Españas, una nueva inquisición que no sabe de matices, que los desdeña e incluso persigue, que aborrece una vez más del debate y sobre todo del pacto, que está convencida de que o somete o muere porque no puede haber término medio, cifra su supervivencia en imponer a toda costa una ortodoxia en detrimento de cualquier intento de llegar a un acuerdo con el otro. 


Entretanto ya se sabe, el señor Mainer lo tiene muy claro, si el prota es una nacionalista vasco digno de admiración entonces la novela cojea, falla, y eso hay que decirlo en Babelia aunque en Babelia no se suelan decir estas cosas de libros de determinadas editoriales grandes por muy malos que sean, que ya hemos tenido más de un problema por hacer de críticos en serio. Sin embargo, si de lo que se trata es de generalizar lo peor de ese nacionalismo sin matiz alguno, entonces nos encontramos ante un novelón, un clásico, manual para extraños que quieran adentrarse en los entresijos de la realidad en cuestión, sí, al estilo de la crítica que el mismo Mainer hizo de Patria de Aramburu. Esa sí que le gustó, cómo no, allí todo está en blanco y negro, los malos y los buenos como mandan los cánones, esto es, cuando más nacionalista peor persona y así. Una idea que cada día percibo más extendida entre las personas hasta con buenas intenciones, las que por desgracia acaban bailando al son que les marcan otros; pero que, vuelvo al principio, no puede sino chirriar, ofender incluso, a los que, sin comulgar con el nacionalismo, al menos no en todo o siquiera no en lo esencial, hemos nacido y crecido en un país donde los nacionalistas son nuestros parientes, amigos, vecinos, personas como nosotros.