lunes, 18 de julio de 2016

TXIKITAN NOLA, HANDITAN HALA




Ah ze plazerra atzo arratsaldean txikitako adiskide batekin hitz eta pitz garai zaharren kontura, barre handi eta goxoak, eta ezer baino lehen gu bezainbeste koxkortutako lagun edo ikaskide ohien nondik norakoen errepasoa egiten, edo bestela esanda, txikitan jatorrak eta zintzoak zirenak handitan nola edo hala eta bizitzaren gorabeherak direla medio, handitan berdin dirautela egiaztatuz. Eta beste hainbeste txikitan zakarrak, gaiztoak, errietazaleak, egiazko basapiztiak zirenekin, handitan sasikume galantak bilakatu baitira, hau da, euren ingurukoekin txikitan bezala zakar eta maltzur jokatzen dutenak, hots, lanean pufoak eta edonon uzten dituztenak edo PPn sartutako lau katu beltz-beltzak... Munduan zehar denetarik gertatzen baita, mota guztietako bidegabekeriak, sarraskiak, iskanbilak, noski baietz; baina sortzen dituztenak gure aldamenean ere koskortzen dira.

LA CHIQUILLA SE VIENE ARRIBA



Ayer por primera vez en mucho tiempo percibí la diferencia de edad para con mi amada esposa, yo diría que casi hasta sentirme un poco pederasta y todo. Pues no habíamos pasado todo el día fuera con los amigos en la casa del pueblo de los padres de uno de estos, es decir, sidra asturiana de cuando nos visitaron el año pasado y mesa larga con su ensalada de tomate, boquerones, tortillas de patatas, pimenticos asados, cochinillo y pollo asados y hasta un bizcocho que nos hizo la madre de Px ex-profeso, todo ello regado con unas indeterminables botellicas de Heredad Ugarte, crianza 2011 y 2012, con sobremesa en las piscinas del pueblo para eso de que los críos hicieran la rana, con cafés y patxarán junto al bar de las piscinas, chapuzón de un servidor porque, joder, que nos hemos dado cuenta hace dos días que se nos ha olvidado enseñar a nadar al pequeño, como le hacemos la mitad de caso que al mayor..., y así un largo tiempo a remojo hasta que el crío-lapa que tenía todo el rato alrededor del cuello se soltó, o lo tiré yo, no me acuerdo, con la burbuja a su espalda, momento para volver a la mesa a empezar la ronda de Alhambras. Y así de charleta hasta las nueve que tocó retirarse y probar el clarete del padre de Px, por qué les gustará tanto el clarete a la generación de nuestros padres, por qué, y en eso que nos disponíamos a volver a Vitoria que va mi señora y le suelta a una de las parejas: "¿Qué, quedamos luego para cenar por lo viejo?" Y claro, la pareja en cuestión un silencio sepulcral, no le van a decir que no porque le tienen mucho afecto pero acaso no tanta confianza como puede tener uno de la cuadrilla de toda la vida para mandarte a tomar por culo cuando le planteas algo parecido. Así que lo organiza todo para quedar en el Farolón de Cuesta a las once o yo qué sé, y mientras el resto escapa con su muchachada hacia sus respectivos hogares, yo le miro a mi señora con la sonrisa más falsa que pueda haber en el mundo, a la vez que imagino arrastrando mi alma cansada y cuarentona por los tugurios de lo viejo, y le digo: "bueno, pues nada, ya dejamos a los críos en casa y bajamos para cenar por ahí..." Y así una angustia hasta llegar a casa, yo todo el rato pensando cómo desactivo esta bomba de relojería, que mi cuerpo da para lo que da, cuarenta y siete tacos, como que no lo hemos pasado poco bien y nada durante todo el día, risas y chapuzones, para qué flirtear con el derrame cerebral. Y sí, ya en casa que se me notaba que como que no, pues llama a L y que no tienes ganas, menuda putada que les haces, con las ganas que tenían...., si es que estás hecho un viejo, haber bebido menos, siempre te pasas... Pues sí, vale, tienes razón y todo lo que tú quieras, moñoña, ya llamo:

-Oye...
-No me lo digas.
-Que mejor otro día, que hay días de sobra.
-Ya te digo.
-Es que estoy reventado, la piscina...
-No ya, si ya me he dado cuenta yo también de que la chiquilla se venía arriba...
-Sí, hay que joderse con la "Rubia"...

DE CEMENTERIOS Y ESCRITORZUELOS




Dicen que el camposanto de Santa Isabel de Vitoria ha sido elegido entre los mejores cementerios de España,y no me extraña, como que también ha sido fuente de inspiración de algún que otro escritorzuelo:

"Reyes nos invitó un sábado a la mañana a que lo acompañáramos en uno de sus paseos por el Cementerio De los Placeres. Hay que joderse, Reyes, adónde nos llevas, pues - le reprochó Landeta, que no se fiaba de la salud mental del ginecólogo - que a éste ver tanto chocho seguro que le ha trastornado. Pero fuimos, vaya si fuimos, más que nada porque nos hacía ilusión vernos siquiera un solo día y durante un par de horas fuera de la biblioteca, para ver hasta dónde podíamos llegar como amigos, si podíamos prescindir de los libros o de las revistas con el fin de mantener una conversación como personas normales; ya veréis como tengo razón, lo que aquí encontramos es una sucesión de homenajes al mundo clásico. De homenajes y mal gusto, que había qué ver qué adefesios arquitectónicos habían elegido algunos para poner sus restos, puro kitsch funerario, un totum revolotum de rudimentos neoclásicos mezclados con la fantasía orientalista de unos, la megalomanía áurea de casi todos y la escuela regionalista de algún que otro nacionalista recalcitrante que se había llevado a la tumba su veneración por las presuntas esencias eternas de su patria irredenta -de juzgado de guardia aquel panteón con columnata dórica de mármol y el frontispicio con el entramado de madera típico del caserío vasco-. Por su panteón los conocerás, afirmaba Reyes, porque según él la elección de determinado estilo clásico era un reflejo del alma, si la tenía, del finado o del clan de éste. El dórico, incluso el jónico, solía corresponder a las familias de toda la vida, la sobriedad y el tamaño justo, sin demasiadas alharacas decorativas, próceres de la ciudad y linajes de la economía local, algunas hasta colocaban un busto suyo como si fueran patricias de las de verdad; ni que decir que los había que, árbol genealógico en mano, pretendían remontarse hasta el rapto de las Sabinas; que sí, que sus antepasados estuvieron allí antes de comprarse una finca en el norte de Hispania, un fundus decían ellos, digo yo que de haberlo escuchado en algún reportaje de la tele o algo parecido. El corintio ya era otra cosa, casi nunca solía ser puro si es que este concepto se puede aplicar a semejante estilo, y menos en estos casos en los que el adjetivo abigarrado se queda demasiado corto y el presupuesto demasiado largo. Porque, además, no acostumbraban a escatimar en materiales caros, desde mármol de Ferrara a granito de Cerdeña. Los panteones con columnata corintia desbordaban motivos florales y alegóricos por todos los lados. Por no hablar del frontispicio, algunos asemejaban verdaderas pateras sobre las que se amontonaban los personajes de la mitología grecorromana al completo acompañadas en algunos casos por la imagen del dueño ataviado cual emperador romano en posición ecuestre o infante. Ni qué decir tiene que este tipo de mausoleos de la confusión, este barroco de la ignorancia, pertenecía en su mayoría a nuevos ricos obsesionados con dejar huella en este mundo, tanto que lo que dejaban bien podía pasar por un corte de mangas a los verdaderos amantes del arte. Aún así, de entre todos los tipos de panteones con los que uno se podía tropezar en el cementerio los más llamativos, e incluso entrañables, eran precisamente aquellos que más aborrecía el erudito de Reyes, tan ortodoxo como era en todo lo relacionado con lo clásico. Lejos del conglomerado de despropósitos presuntamente decorativos, los panteones de estos hombres solían ser testimonios póstumos de su amor por unas tierras lejanas en las que quizás vivieron algún tiempo, o que habían soñado que visitarían algún día a lo largo de toda su vida. Más o menos tipos como nosotros, aquejados de saudades sin sentido, trotamundos de biblioteca, ciudadanos honoríficos de Babia. Uno que había hecho la guerra de Marruecos y se había enamorado de aquellas tierras no había dudado en construir una réplica de las tumbas meriníes de Fez rematado con una enorme cruz. ¡Sacrilegio, sacrilegio!, bramaba Landeta, el cual era un enamorado de lo islámico, un renegado, para qué andarnos con remilgos, y no podía soportar la visión de una supuesta reproducción de una de las joyas arquitectónicas del Islam en mitad de un cementerio cristiano. Otros finados, más recatados, se conformaban con añadir una cuantas gotas de arte morisco, bizantino, irano-indo-mongol, chino, birmano, lo que fuera, cuanto más exótico mucho mejor, más fetén, al acabado neoclásico de sus panteones; eso si qué es un sacrilegio, tronaba Reyes a su vez. Había de todo, desde un Buda sobre la tumba de un enamorado de la filosofía oriental hasta la máscara de un chamán de la etnia fang traída por alguno que hizo fortuna maderera en la Guinea Ecuatorial. Esto es una vergüenza, no respetan nada. La existencia de lo que él calificaba como anacronismos estéticos, dificultaba el ejercicio de imaginación de Reyes según el cual el cementerio era un trasunto de una antigua colonia romana, una ciudad en la que los panteones pasaban por templos o palacios de la nobleza local, y las tumbas más modestas por las casas bajas en las que se hacinaba la plebe. Inútil argumentar con él que en la Roma de los Césares el sincretismo arquitectónico estaba a la orden del día, que tan pronto te encontrabas un templo dedicado a cualquiera de los dioses de la religión oficial como un remedo de pirámide egipcia en el que habían enterrado un antiguo gobernador del granero más grande del Imperio; ahí, ahí es cuando empezó la caída de Roma.
Reyes nos estuvo apabullando durante un buen rato con su erudición tan a contracorriente en este siglo de ordenadores y células madre, y también con los chismes que corrían a cuenta de muchos de los dueños de los panteones que estaban allí enterrados, y que él había conocido de cerca o de oídas, porque para algo pertenecían en su mayor parte a esa pequeña burguesía urbana de la que él mismo procedía. A destacar, entre todas esas historias de megalómanos recalcitrantes dispuestos a dejar sin un duro a sus descendientes con tal de poder realizar su sueño de descansar eternamente al modo de los faraones, aquellas que conjeturaban acerca de la verdadera identidad de la mujer que yacía en tal o cual panteón al lado de su dueño, que los había con tan poca vergüenza que después de toda una vida de discreción, de saber guardar las formas, parecía que habían querido resarcirse de ello maquinando para la posteridad un canje de tumbas. Y esto le hacía una gracia infinita a Reyes, todo lo que tuviera que ver con enredos de faldas y similares, como si fuera el colmo de lo chusco, lo más gracioso que podía esperar de sus paisanos, tan aburridos en vida, tan serios, tan de no levantar una voz más alta que otra, no se vayan a enterar los vecinos que somos humanos. Y mira tú por dónde, qué callado se lo tenía, los que se jactaban de ser de misa diaria, gente de orden y de repartirlas, la salvaguardia de los valores eternos. Se destornillaba de risa con sus propias palabras, ni siquiera esperaba a comprobar si los demás habíamos sido capaces de vislumbrar la hondura cómica del asunto. ¿Pero acaso merecían todas aquellas historias, tan de mentidero provinciano, otro esfuerzo corporal que no fuera el de una simple sonrisa? En su caso podía ser comprensible por que los personajes tenían rostro y biografía, había tratado a la mayoría de ellos, había conocido sus embustes, sus miedos, sus miserias, todo aquello que los había convertido en esclavos de su propia gazmoñería, una esclavitud de la que sólo se habían atrevido a romper las cadenas una vez ya muertos.

Y aún así, Reyes no sentía ni el más mínimo asomo de simpatía hacia los difuntos; al contrario, el hecho de que no hubieran tenido la valentía de emanciparse en vida, de enfrentarse al vituperio siempre profundamente reaccionario de la ciudad y de todos los suyos, era un motivo más que añadir a la larga lista que había confeccionado durante años para justificar de alguna manera el profundo desprecio que destilaban sus palabras cada vez que se refería a ellos. Esta gente no amaba la cultura clásica, la utilizaba para dignificar sus tumbas, para aparentar. Reyes reprochaba a aquellos vesanos extintos, patricios de postín, que, a imitación de sus iguales en la que fue y es de verdad una ciudad eterna, acostumbraran a hacer un uso egolátrico de su amado latín. En cambio, admiraba a los verdaderos latinistas que según él creía haber descubierto leyendo los epitafios desperdigados por el cementerio. Te tropiezas con verdaderas joyas del genio clásico. Reyes había descubierto entre la trivialidad imperante al estilo de los tuyos que no te olvidan o ese tan triste de trabajó toda su vida para sacar adelante una familia, verdaderas joyas lapidarias. Joyas escritas las más en latín, sentencias que en unos casos el muerto había tomado prestadas de los grandes escritores de la Antigüedad, en otros de la literatura mural encontrada en ciudades como Pompeya, y en el menor de ellos alguna que otra de su propia cosecha. Una colección de declaraciones de principios, loas a la vida, despedidas patéticas y, sobre todo, cortes de manga a la familia, los amigos, el trabajo, la ciudad, el país, a todo el mundo. Quizás por eso mismo habían mandado que fuesen escritas en la lengua de Marcial, para que no supiera la familia lo que decía, ni la familia ni nadie susceptible de ir con el chivatazo a los parientes; oye, ¿ya sabéis lo que ha puesto vuestro padre en su epitafio? ¿Tan mal os llevabais que ha esperado a morirse para mandaros al carajo desde la tumba? Más que nada para disfrute de algún que otro resabido que pasara por allí a la manera de Reyes, callejeando entre los nidos de la muerte. Este se imagina al muerto dictándole a la familia su última voluntad; y me vais a poner este epitafio, para que os enteréis, bueno, no, mejor que no, que sois unos mierdas, que sé que os da miedo lo que puedan decir, que sepan todos lo mucho que os odio, a vosotros, a ellos, a todos... Fi! Ecce hora! Uxor mea me necabit! Vacca Foeda! Te audire no possum, musa sapientum fixa est in aure. Estne volumen in toga, an solum tibi libet me videre? Caesar si viveret, ad remum dareris. Mellita domi adsum. Sentio aliquos togatos contra me conspirare. Nihil curo de ista tua stulta superstitione. Non curo, si metrum non habet, non est poema."

LA CUADRILLA IMAGINARIA - Txema Arinas"

jueves, 14 de julio de 2016

NADA MÁS NEGRO QUE UN PANTANO; ARQUEOLOGÍA CRIMINAL




Artículo publicado en http://solonovelanegra.com/archivos/24479


Hace no mucho la Ertzaintza encontraba un cadáver en interior de un vehículo calcinado junto al pantano de Garaio en Álava. Como de costumbre la noticia desencadenaba todo tipo de especulaciones por mucho que los portavoces de la policía autónoma vasca asegurasen que todos los indicios les hacían inclinarse por la hipótesis del suicidio dadas las condiciones en las que apareció el cadáver. No es de extrañar dicha resistencia a aceptar la versión oficial porque no es el primer cadáver que aparece en el pantano, de hecho hace apenas dos años apareció también el de un conocido hostelero vitoriano cuyo dictamen oficial fue también de suicidio y aún así circularon todo tipo de rumores por la ciudad en los que se hablaba de un ajuste de cuentas en manos de unos sicarios por un asunto de deudas. Qué otra cosa si no, a decir verdad tan irremediablemente vulgar, suele ser lo habitual como para animar a alguien a consultar la guía de asesinos a sueldo. Con todo, la verdad es que la frecuencia con la que aparecen cadáveres en el pantano, ya sean flotando o en sus inmediaciones, así como las historias que hablan de éste como un sumidero de todo tipo de objetos más o menos comprometidos, viene ya de largo, en concreto desde las obras de construcción del propio pantano, esto es, aquellas que cuentan que no son pocos ni nada los cuerpos que hay enterrados bajo las aguas del pantano de trabajadores forzados, en concreto de presos republicanos u otros represaliados por la dictadura. El halo de tenebrosidad que parece cubrir los pantanos alaveses es tan espeso, en dura liza con las brumas mañaneras, como para que servidor no tarde ni dos segundos en traer a la memoria la novela casi póstuma, por los pelos, por un maldito cáncer más bien, de Rafael Chirbes:  En la Orilla (2015). No es un libro de género aunque arranque con el hallazgo de un cadáver aparecido en el pantano de Olba, Valencia, porque no contiene trama alguna que conduzca a la resolución del caso. A lo que aspira la novela de Chirbes, como tantas otras suyas, es a retratar el periodo inmediatamente posterior al estallido de la burbuja inmobiliaria en España, por lo que también nos habla tanto de sus antecedentes como de las consecuencias. La elección del pantano como figura simbólica de una época, esto es, patio trasero y fangoso donde se ha vertido durante décadas toda la inmundicia que generaba el enriquecimiento rápido e ilícito al que tan dado ha sido una sociedad como la valenciana, acaso el mayor exponente, o sólo el más reconocido, de la corrupción que asola España en su práctica totalidad. La novela de Chirbes se sirve de la experiencia en tiempo presente y los recuerdos del dueño de una carpintería que tiene que cerrar su negocio, y echar a la calle a sus empleados por culpa de la crisis, para hablarnos de ese fin de fiesta y los rescoldos que deja. Pero, insisto, no es una novela de género, sino más bien un fresco variado y complejo que se vale de la primera y tercera persona, del estilo indirecto libre y el monólogo, además de numerosas voces que toman la palabra a lo largo de la novela, para creer un microcosmos que partiendo de un espacio concreto en el tiempo y en lo geográfico ambiciona a representar el conjunto de un país como España.

La que sí es una novela de género negro con pantano de fondo, es El Silencio del Pantano (2015) de Juanjo Braulio. La trama también arranca con el hallazgo de un cadáver en un recodo del río Turia, un asesinato de esos que se dicen “en extrañas circunstancias” y cuya resolución salpicará a las clases altas de la sociedad valenciana, tanto que poco a poco dejará a descubierto el fango de un pantano olvidado sobre el que se asienta la ciudad del Turia y en especial los orgullosos y ampulosos edificios diseñados por Calatrava, y ese otro de la corrupción y la degeneración moral de toda una sociedad, y del que el primero sólo quiere ser su metáfora. Esta segunda novela con pantano de fondo rinde homenaje tanto al antes citado Chirbes como a otros autores de igual calado como Paul Auster o Patricia Highsmith, esto es, autores para los que lo negro apenas es una excusa para hablar de lo real más allá de sus siempre limitados márgenes, o que crean realidades que a pesar de las primeras apariencias acaban cayendo irremediablemente en lo negro.

Así y todo, tanto Chirbes con su novela al más puro estilo del realismo español que mama de Galdos, como Braulio con su novela negra con ciertos toques exotéricos de fondo tan en boga últimamente en el género aprovechan la eficacia del pantano, la ciénaga, como alegoría del lugar al que va a parar aquello que nadie quiere ver, terreno donde se ocultan, o tratan de ocultar todo tipo de secretos, tantos como las alimañas que también se ocultan  entre su vegetación, en el fondo de sus aguas opacas o las miasmas que desprenden los cuerpos putrefactos que nadie sabe cómo han ido a parar ahí. Una figura tan perfecta como ilustrativa, ya no sólo de un lugar y una épocas concretas, sino incluso del trascurso de la Historia en su lado más negro, pues como bien indicaba el propio Chirbes, el pantano viene a ser una superposición estratigráfica de todo aquello de lo que a lo largo de diferentes periodos de la Historia se han querido deshacer aquellas personas que algo tenían que ocultar, esto es, desde los cadáveres de los esclavos romanos que trabajaban en las marismas, los de los moriscos asesinados por sus envidiosos vecinos cristianos antes de la expulsión definitiva de los primeros, los de los enfermos o no por las diferentes epidemias de malaria habidas hasta hace apenas doscientos años, los de los soldados asesinados por los guerrilleros durante la Guerra contra el francés y de ese modo también los de todos los perdedores de las diferentes guerras y revueltas desde entonces hasta llegar a la Guerra Civil, y  así hasta nuestros días de vino y rosas con la mafia institucionalizada en la administración y sus cómplices del mundo de la construcción, los cuales no dudan en recurrir a los servicios de esa otra más tradicional o formal de origen italiano, ruso, albanokosovar o de dónde sea, por un decir, al objeto de deshacerse de ciertos individuos molestos cuya falta nadie parece echar de menos. Y de ese modo, cómo no determinar entonces que, al igual que la estratigrafía arqueológica al uso nos aporta todo tipo de información genérica sobre los usos y costumbres de los habitantes de un yacimiento, la estratigrafía pantanosa serviría también para hacer otro tanto con los usos y costumbres históricos de lo que también llamaremos el “género negro”.

Txema Arinas

Berroztegieta, Álava – 11/07/2016

miércoles, 13 de julio de 2016

HISTORIA DE UN QUIJOTE CONTEMPORÁNEO



Todo empezó el día que organizaron una feria medieval en su pueblo y, como era el único que tenía un caballo de montar, le propusieron que tomara parte ataviado de caballero para animar el cotarro y así. Y le gustó, vaya que si le gustó eso de ir vestido de armadura, yelmo y lanza en astillero. "Mola un huevo", dijo, y en seguida se ofreció para ir de la misma guisa a la feria medieval que se celebraría la semana siguiente en la capital de la provincia. Allí ya la petó porque, aparte de la armadura y las armas que había alquilado a un asador castellano, se había confeccionado un escudo de armas, el cual decía ser el originario de su apellido, el de los Sánchez de Zoroa, apócrifo a más no poder, y que había mandado imprimir sobre la sobrevesta de su armadura, los faldones del caballo y el propio escudo.

Había que haberle visto pavoneándose por todo el antiguo casco medieval de la ciudad, abriéndose paso a caballo entre la multitud que se arremolinaba alrededor de los puestos de venta de comida y quincalllería varia para los que la celebración del evento no era sino una mera excusa. Y en eso que nuestro caballero descubre a otro a caballo que se le acerca. En seguida reconoce bajo el casco al vecino del pueblo de al lado y aficionado como él a los caballos, y con el que sin embargo tiene un pleito pendiente por una cuestión de lindes. No se sabe muy bien qué le pudo pasar por la cabeza al Zoroa en ese momento. También es verdad que en esas fiestas medievales se consume mucho vino en jarra y del malo, eso y que como se suelen celebrar a partir de finales de primavera con el buen tiempo, a veces hace mucho calor y no digamos ya nada para el que lleva una armadura... El caso es que nuestro caballero no vaciló ni un segundo en bajarse la visera del casco, poner su lanza en ristre y lanzarse al galope hacia su supuesto adversario. Como al otro le pilló por sorpresa, pudo derribarlo de un sólo golpe. Entonces nuestro caballero desmontó a toda velocidad y se lanzó espada en mano sobre el cuerpo tendido en el suelo de su vecino: "¿prometes devolverme la tierra que me arrebataste levantado una cerca sobre mis fincas?" El otro le respondió que sí al instante. Entonces, la gente, que en un principio había asistido atónita al embate de nuestro caballero, prorrumpió en aplausos.
A partir de aquel día a Sánchez de Zoroa lo invitan a todas las ferias y mercados medievales habidos y por haber. Y como en realidad son tantos, que no hay ciudad, villa, villorrio o aldea de mala muerte que no tenga el suyo, como nuestro caballero va encadenando uno tras otro, ya apenas se quita la armadura, hasta se dice que duerme con ella. Lo último que se sabe de él es que se desplaza siempre a caballo de su pueblo a la feria o mercado medieval de turno. Eso y que ya no le quedan pleitos pendientes con nadie.

-¿Qué le parece a usted la historia?
-Una vergüenza.
-¿Y eso?
-Pues hombre, antes se volvían locos leyendo libros de caballería; ahora ya ni eso...

martes, 12 de julio de 2016

URTE HARTAKO SANFERMINAK




Bihar da Miguel Angel Blancoren hilketa ezin krudel eta koldarragoren urteurrena. Honako hau duela bizpahiru urte idatzitako ipuin sorta batekoa da, hasiera batean argitaratu nahi izan zidan editore ustez oso gaizto eta kaskar bat kenduta, inolako euskal argitaletxek gogoko ez duen liburua, haietako bat, oso abertzalea, oso "milia" ez hain aspaldiko hizkerari erreparatuz, "oso monotoa eta prebisiblea zela liburuaren erditik gora", hau da, protagonistak heldutakoan EHko gertakizun politiko edo kriminalei buruz gordin-gordin mintzatzen hasten direnean hain justu ere. Gauzak horrela, zergatik ez facebookeratu ondoko ipuin hau hementxe bertan irakurtzen didaten lau katuendako, eskasagoak direlakoan egonagatik, bestela inoiz eta inon argitara aterako ez baita.
" URTE HARTAKO SANFERMINAK
Ezin dut esan Keparen deiak harritu ez nauenik. Izugarri, gainera, badira bi urtebete elkar ikusi ez dugula Izki aldean foru basozain lanpostu bat lortu zuenez geroztik Murgiako basogintza eskolatik irten eta hilabete gutxitara. Harrezkero Kepa mendian zehar ibiltzen omen da etengabean. Ez du astirik hiriko koadrilakoekin ibiltzeko. Hori zen aitzakia behintzat gurekin ez egoteko. Mendialdeko herrixka batean basetxe bat alokatu eta bertan hainbat egokitze lan egin behar zuela medio, apenas ezin zen hiriraino hurreratu inorekin, ez eta hitz asperturik ere egiteko garagardo banaren ondoan; “Zatozte gura duzuenean nire basetxera, txoko eder bat atontzen ari naiz afaritarako”. Behin baino ez gara joan Keparen Okerruriko etxeraino. Primeran igaro genuen, beharko. Izan ere, Kepak egundoko afaria prestatu egin zigun gau hartan: inguruko artzain lagun batek saldutako arkume majo errea, Maeztuko odoloste erreak, baita bere amak urtero poteratzen dituen piper erreak ere, eta jakina, haren Eskideko osaba batek oparitu edo saldu ohi dion urteko ardo goxo-goxoa, gu bezalako mozkorrontziak asebete adinakoa behintzat. Esan bezala, lagun giroan bapo jan eta edan, nor bere gauzez kontu kontari, denok betiko lelo aspergarrien kontura edota etengabean elkarri adar joka eman genuen gaua betiko lez. Okerrena, aldiz, Okerruritik etxera bueltatzerakoan mendialdeko errepide mehar eta malkar haietan barrena, benetan gogorra ia denok aitzur galanta generamalako, baita zurrutean gutxien egindako gidariaren opaitzurra edo trabesa barne ere. Zin egin genion Kepari bere etxera beste behin itzuliko ez ginena ez baldin bazen perretxikotan joateko edo. Hala ere, bera parrandan ibiltzeko irrikan izan ezkero, gurekin hiriko betiko mozkor-guneetara etor zedila agindu egin genion serio demonio. Orduz geroztik badago koadrilako baten batek Kepa hirian bertan noizbait ezustean edo topatu egin duena auskalo zeren bila edo diputazioan gestio bat egitera etorria zela bere basetxerako. Eta itzuli, oraintsu itzuli egin zen Okerrurira koadrilako beste bat bere neskarekin bisita egitera, hau da, hirira itzultzeko asmotan ilundu aurretik. Kontatu zigutenez Kepa omen zegoen sano basatua, hau da, mendiko bizimodura erabat moldatua. Basajaun peto-petoa, esan zidan nire koadrilakoaren emaztegaiak; baina, jakina, nire lagunaren neska mizkin bezain harro horri ia gu denok basajaunen modukoak begitantzen gatzaizkio hiritik irteteke. Bestalde, marisorgin honek berak esan zigun Kepa Kanpezu herriko neska batekin tratuetan zebilela; ez zen, beraz, batere harritzekoa Kepak gurekin parrandan ibiltzeko gogorik ez izatea, non hobeto bere neskaren altzoan baino, ebatzi zuen guk denok gorroto bizia diogun neska pertxenta handiusteko hark; bai, bere moduko tipa batekin elkartu da zuen lagun borroka hori…” Horrenbestez, Kepa behin betiko bere gustuko maripurtzil etarroide haragizale aseezin baten harrapatzetan jausi zelakoan nengoelako, harri eta belarri utzi egin ninduen hots egin zidanean ea aurten ere Sanferminetara joateko asmoa genuen jakin nahian.
-Iratxe bere lagunekin Pirinio aldera joan egin duk oporretan – azaldu zidan Kepak koadrilako beste lagun horren emaztegai gorrotagarriak esandakoa ziplo egiaztatuz-, bakarrik utzi naik eta pentsatu diat; zer dela eta ez deitu bihar Mikeli elkarren berri jakiteko asmotan. Baiona alderaino joan gintezkek goizean.
Zer dela eta Baiona alderaino? Kepa sekula joana ez zelako eta zapatu goiza aprobetxatu nahi zuen hiria ezagutzeko arrastian Iruñera joan baino lehenago. 
-Ondo ba, nire kotxez joango gaituk, badiat gogoa, bai, Iparralderaino txango bat egiteko; ezin asmatu zer-nolako nazkatuta nagoen fakultateaz zein lanaz – azaldu diot Kepari nolabaiteko aitzakia bat asmatuz nahian. 
Hori guztiori hizpidera ekarri nahi nuen Keparekin. Horrenbestez, goizeko bederatzietan bere gurasoen etxera jo nuen bere bila.
-Atera nazak hemendik lehenbailehen, gau bakarra pasatu diat nire gurasoenean eta banagok kopetaraino.
Epelak bota zituen Kepak nire kotxera igo orduko bere gurasoen kontura.
-Gezurra ematen baldin baduk, oraindik ez dituk gauza nik haututako bizimodua onartzeko – muzin egin du Kepak-. Mendian basajaunen modura ibiltzea ez dela bizimodurik ez baldin baduk zerbait eta norbaitengandik ezkutatzeko, bota egin zidaan nire ama laztan goxo horrek atzo bertan, hori eta hezi ez nindutela gure aitona-amonak bezalako baserritar bihurtu nendin.

Lasaitzeko esan diot, gurasoak guraso, denok badakigu, ez dira sekula santan gure erabakiekin pozik, ase, ez dira inoiz izango, ezin dira egon gainera, gugan jarritako egitasmoek zein itxaropenek gutxitan bat egin ohi baitute guk geuk koskortu ahala gauzatutakoekin, bizilegea ei da. 
-Ikaragarria duk nola berotzen didaten kasketa, eta ez baldin duk euren etxera bisitan joaten naizen aldiro, bada telefonoz ere ia egunero, ea noiz itzultzen naizen hirira behar bezalako lanpostu bat bilatzeko edo – esan du Kepak kexu-. Baina, tira, zuzen hago, ez dituk sekula kontent izango, betiere asmatuko diate zer edo zer leporatzeko, euren gurasotasunari zor baliote bezala edo.
-Edonola ere, utz itzak kontuok alde batera, larunbata duk, gaur gauean parrandan ibiliko gaituk Sanferminetan aspaldiko partez.
-Bai, aspaldiko partez, koadrila osoa edo kasik, ez al duk hala?
-Ez zakiat, Rober, Jon eta Txerra gutxienez bai, fijo, ez dakidana neskak ere joango diren, ez diat uste.
-Berdin zidak, hara joan baino lehen hirekin egon nahi nian eta.
-Zer dela eta?
-Aspaldi elkarri hitzik egiten ez geniolako. Zer bestela?
-Jakina, mendira alde egin huen bizitzera, nola nahi duk…
-Ez duk hori, hik badakik behin baino gehiagotan hirira bueltatzen naizela auskalo zeren kontrako manifestazioren bat dagonenean, baina orduan ere ez haut inoiz ikusten.
-Eta ez nauk ikusiko – moztu diot kotxe barruan zerbaitek plaust egin balu bezala-. Utzi egin zioat inolako manifa edo kontzentraziora joateari.
-Hain lanpetuta al hago fakultateko ikasketekin edo hire aitaren dendako lanarekin?
-Ez duk hori, paso egiten diat politikaz.
-Noiztik?
Keparen galderaren aurrean aiko-maiko geratu naiz, ondo asko dakidalako gogoan dudana erantzutekotan berebiziko liskarra izan genezakeena betiko leloaren kontura, hortaz, ez dut nahi goiza zapuztea muga gainditu baino lehenago. Alabaina, atzodanik irrati zein telebistari adi-adi egon naiz eta ezin izan diot nire egonarriari eutsi.

-Ez al duk aditu Ermu aldean bahitu zuten zinegotziarena?
-Bai noski, nola ezer ez entzun hedabide guztiak atzodanik ari baldin badituk Ermuko zinegotziaren bahiketaren berri ematen etengabean. 
-Bazirudik ETAk Gobernuari berrogeita zortzi orduko epea eman diola euskal preso guztiak Euskal Herrira ekartzeko. Bestela…
-Bai, oraingoan gogorregi jo diate, ez zakiat nik…

Nik ere ez nekien ezer. Areago, ez nuen ezer igarri nahi. Zertarako, elkarri mokoka bukatzeko betiko lez, hau da, oraindik orain ia astebururo ohiko genuen bezala gure herri alu honetako gaurkotasun iskanbilatsuaren kontura. Ondo asko elkar ezagutzen genuen, oso txikitandik gainera, ez genuen, beraz, elkarrendako sekreturik. Kepak bazekien urteak pasa ahala nire institutu garaietako abertzaletasun suharra ezari-ezarian epeltzen joan zitzaidana, askori gertatu bezala –bere hitzetan ni bezalako ustezko “entzungor” gehienon kasu tamalgarria-, eta jakin, jakin beharrean zegoen ere epeltasun horren egiazko zioa, bere “lagunen” ekintza zentzugabe, errukigabe eta batez ere alferrikakoekin zeharo lotuta zegoela. Ez zuen inolako zentzurik, kotxez Iruñera bidean gindoazela, ETAren atzeneko bidegabekeria estakuru eztabaidaka hasteak, arriskutsuegia izan zitekeen gainera, Altsasuko bidegurutzera heldutakoan Kepak aholkatu egin baitit Leizaran autobiatik saihesteko, hau da, batere ezezaguna zaidan errepidetik, kinka betiere larria ni bezalako gidari baldar batentzat. Bai jaun-andreok, Leizaran autobiaren eraikuntzaren kontra jo eta su – ausaz literalki ere - jardun egin zuenak berak, mugalderaino arin eta lasaiago iritsi ahal izateko komeni zitzaigunaren aitzakiaz hain zuzen, trafiko gutxiago zegoen eta.
-Nik uste konponbidea Gobernuaren eskuetan dagoela.
Norenean bestela, ez nuen besterik espero Keparengandik. Orduan, zer dela eta ekin inora eramango ez gintuen hizpide bati, ez baldin bazen, noski, Leizaran inguruko amildegiren batean behera. 
-Hik badakik nik guztiz kontrakoa uste diadala, mutiko hori akabatzen baldin badiate errua asasinoena izango duk, ez beste inorena.
Eta hori behin esanda, hots, nik azken hitza bota eta gero, egoskorretan egoskorra, noski, Gasteiztik irten ginenez geroztik Ermuko zinegotziaren bahiketari buruzko etengabeko albisteak eta botaka ari zen irrati katea aldatu egin nuen musika bila, badaezpada. 
-Errua, bai, errua…
Hobe dugu, bai, irrati kateaz aldatzea musika bila. Musikak bizia alaitzen du, gu lasaitzen gaitu ere, alafede. Horrexegatik ere musikak oso bestelako gauzak hizpidera ekartzeko parada eskaintzen digu, gauza betiere atseginagoak. Kanpezuko neskaz galdetu diot Kepari. Bera nire galderaren zain omen zegoen, jakina.
-Azkenean ahaztu duk Elena?
Ez dut asmatu galderarekin, alderantziz, nik uste hanka sartu dudala ustekabean. Ez dakidana, ordea, Kepak noraino ulertuko duen ez nuela inolako asmorik berari halako ziri bat sartzeko urtetan maitatu eta beti azak eman zizkion koadrilako neskato baten kontura. 
-Hoa popatik hartzera! – erantzun dit Kepak, baina zorionez irribarre zabal batez nire adar jotzeak batere mindu ez duela adierazi nahian edo, baita broma hustzat hartzen duena ere- Zer uste duk, tontoa nauala edo? Bazakiat zuek denok ni mendialdera Elena ahaztearren joan nintzelakoan zaudetena.
Bere Okerruriko bizimodua hizpide dugu Behobiako mugara iritsi arte, hau da, Keparen txikitako mendizaletasunaz hitz eta pitz ari da basozaina koadrilako gehienok ihesbide hutsa dena nola edo hala zuritzeko asmotan. Orduan, Iparraldera, Frantziara halabeharrez, sartu orduko Kepak nire gauzen kontura galdera egiteko txanda hartzen du. 
-Hik ez duk problemarik izango frantsesez moldatzeko Baionan, ezta?
Azaldu berriak dizkiot goizetan lan egiten dudaneko import-export enpresaren gorabeherak, hau da, ingeles filologia bukatu orduko nire osabak eskaini zidan administrari lanpostua ingelesa zein frantsesa ezin hobeto menperatzen ditudalakoan, hau da, txikitandik ikasitako bi hizkuntzak, bata hainbat akademiatan jasoa eta bestea frantseseko katedradun dudan izeko batek akuilatuta txikitandik ere Oloron inguruko familia baten etxera uztail-ero joandakoan. Azaldu diot ere behar adina diru bildu orduko Irlanda aldera joango naizela pare bat urtez nire ingelesa hobetzeko asmotan. Hori da nire egitasmo handi edo bakarra datozen urteetarako, gainerako guztiak ez dit askotxo axola. 
-Ikusten, hik ere ihes egin nahi duk hire amodioaren zauriak sendatzearren..
Badakit, ederto gainera, zertaz edo nortaz ari den, bai noski, bere kolpea itzultzeko modua dela bezainbeste. 
-Aparkatuko al diagu Baiona Tipiaren ingurumarietan?
-Saiatuko gaituk behintzat.
Alperrik, ez dago non aparkatu, nola bestela gero eta leku gutxiago baldin badago hiriaren erdiguneraino gerturatu ahala, libre ematen duten leku eskasak bertakoendako erreserbaturik azaltzen baldin bazaizkigu. 
-Hortxe duk aparkatzeko lekua, ibaiaren ondoan.
Ezer egin aurretik galdetu egin nahi diet Kepak erakutsitako lekuan bidezkoendako propio edo bakarrik al zen Errobi ibaiaren ondoko pasealekuko banku batean eserita hitz eta pitz ari diren bi agureri. Kosta egin zait bi agureek ulertzea, batez ere okertu naizelako haiei frantsesez zuzendu natzaienean – ez naiz euskaraz egitera ausartu, inolako euskal jiterik antzeman ez diedalako, edo bestela esanda, txapela inon ikusi ez diedalako, aurreiritziak beti nagusi, noski…-, garer hitza erabili beharrean aho-puntara etorri zaidan aurrenekoa hain arrunta ez den parquer hitza izan delako, gaztelerakada hutsa. Bistan dago, edo agian hobeto esanda belarrian, zer-nolako herdoildua dudan frantsesa. Areago, zer nolako zurikeria asmatu dudan nire ahoskera traketsarena nolabait ez aitortzeko. 
-Ezetz, ezin dela erantzun didate – azaldu diot Kepari-, ondoko iragarki horiek argi eta garbi ziotek bertakoek bakarrik dutela bertan aparkatzeko eskubidea.
-Zergatik ez diek euskaraz egin, niri frantsesez zer ondo moldatzen haizen erakusteko edo? – galdetu dit Kepak bere irririk okerrenez.
-Hik uste al duk bi agureok euskaraz zekitela?
-Ez zakiat ba, baina hik badakik: Euskal Herrian beti euskaraz.
-Bai jauna, ni horrekin bat natorrek zeharo, ahal denean noski; baina zer da Euskal Herria, euskaraz egiten duen herria, euskaraz egin duena edo zuek abertzale sutsu eta zintzoek nahi duzuen herria? – baliteke lehenengo aldiz urte askotan Kepari nire abertzaletasunarekiko etsiaren berri argi eta garbi erakutsi izana.
-Baiona Txikiko taberna abertzaleetan frantsesez ere egingo duk?
-Hik uste duk gaur egunik aproposena dela halako tabernetara joateko? –eta azken hau, noski, bertako “eskualdunek”, tartean abertzale anitzek ere bai, euskaraz ozta-ozta inoiz egiten dutela ez esatearren.
-Ba ez, zuzen hago hi – Kepak irribarre luze eta maltzur bat dit opari - ez diat uste gero arratsaldean Sanferminetara joatekotan, hobe diagu geure indarrak gaueko parrandarako osorik gordetzea.
-Hik badakik zer esan nahi nian.
-Bai, motel, ez duala etarrez josita omen dauden tabernetara sartu nahi – Kepak eskaini dit bete betiko irribarre makurra, ni zer-nolako tipo epela naizen gogoratzen didana.
-Berdin zidak GALekoek bost errefuxiatu garbitu zituzten Batxoki tabernara banaraman, berdin zidak gaur gure moduko gazte errugabe bat bahituta ez balego ETAkoek bera hiltzeko ala ez berrogeita zortzi orduko epea eman eta gero.
-Tira, Martin, niri ere ez zidak inolako graziarik egiten halako gauzak gure herrian gertatzeak, nik ez diat PPko zinegotzi hori inork akabatzea; baina, hik heuk aitatu dituk lehen GALekoek akabatu zituzten bost errefuxiatuena. Zer dela eta euskal errefuxiatuak egon behar? Nortzuek eta zergatik hil zitiztean? Ez al gaudek intentsitate gutxiko gerra batean?
-Ez, Kepa, ez gaudek gerran, hik hainbeste estimatzen dituanak beraiek ez bezala pentsatzen duen ororekin gerran zeudek, gainontzekoak ez.
-Ikusten? Azken buruan zuek bezalako “gor damutuek” boterearen diskurtsoa irentsi egin duzue oso-osorik, Euskal Herriko askatasunaren aldeko mugimenduaren aldarrikapenak kolokan jartzen dituena ezin hobeto zuenganatu duzue.
-Gu? Zeintzuk gaituk gu? – atoan jabetu naiz Kepak bere betiko leloez harrapatu nahi nauela errietan egiteko-. Aizak, uztak hori alde batera eta goazemak paseatzera, ez diat inolako gogorik betikoaren kontura eztabaidaka hasteko.
-Hik atera duk gaia…
Bertan behera utzi dugu gaia, bai, auskalo noiz arte, biok ondo asko baitakigu gure arteko zuloa gero eta sakonagoa dela, halako gaiok nola edo hala baztertu beharrean gaudela elkarrekin ondo konpontze aldera, bestela oso zaila litzatekeela gure txikitako adiskidetasun zintzo honi eustea. Horrenbestez, kotxea General de Gaulle parkingen barruan laga eta gero, Baiona Tipirantz jo egin dugu zinez ederrak diren karriketan zehar galtzeko asmotan. Hiribildu tipi bezain xarmanta, zenbait lekutan liluratzeraino ere hein handi batean etxaurretako zureria zein leiho-tapen kolore biziei esker. Karrika meharretan barna goaz Grimm anaien ipuinetatik ateratako hainbat pasarte gogora ekarriz hiriaren frantses eite dotoreak hala iradokitzen baitigu. Lehen ere egona naiz Baionan, jaietan, hiria txuri-gorriz janzten denean nolabait esateko, Sanferminen eskarnio izan nahi duenean, klixez betetzen denean zezenketak buru. Oraingo hiri lasai eta erdi huts hau nahiago dut hamaika aldiz gehiago bere frantses xarma probintziano peto-petoarekin. Orbe karrikara heldu gara, ezin ez erreparatu dendetako erakusleihoetan, ezin ezetz esan ere Frantzian ez gaudenik. “Jabetu al haiz zenbat ile-apaindegi dagoen?”, komentatu diot Kepari alperrik. Taberna batera sartzeko eskatzen dit. Egarriak dago, agian ni bezainbeste, baina nolabait eta auskalo zer dela eta bera izorratzeko gogo handia dut, beraz, katedrala ikusteko proposatu diot.
-Ez al diagu ezer bazkalduko? – galdetu dit Kepa egarri bezain gose batek.
-Noski baietz, baina hik badakik, Frantzian gaudek – eta hau esanda badakit nik ere zer nolako minsorra eragiten diodan nire adiskide abertzale suharrari-, hemen jatetxeak ikaragarri garestiak dituk, eta nik nahiago diat ekarri ditudan sos apurrak Sanferminetan xahutu.
-Ez al diagu deus ere jango gauera arte? – oihu egin du Kepa gose gaixoak.
-Har genitzakek panini batzuk, gero Place de la Libertéko iturri handiaren ondoan eserita lasai asko jate aldera.
-Nahi duana baina nik zer edo zer jan behar diat.
-Nik ere bai; baina, lehenengo eta behin katedralari bisita egin behar zioagu.

Bazen aspaldi hain ogitarteko beto eta goxoak jaten ez nituela. Bai ideia ona pizzen modura labeletik zuzen-zuzen aterata zerbitzatzea, ogia ezin da egon xamurragorik, krokanteagorik. Ea noizko Hegoaldean ere paniniak salgai. Bai, erantzun dit Kepak, ea noizko, honek ez du parekorik gero sanferminetan gau erdi aldera ziur asko jango ditugun magras con tomate bokatekin. Ez, inondik ez, gose ginen, horrek agian lausotzen gaitu bazkaldu bitartean uztaileko eguzkiaren bero sapapean. Goazen ba, kafesne bana hartzera! Proposatu diot nire lagunari. Berak, aldiz, Biarritzeraino arrimatu nahiago duela esan dit, izozki bati miazka egiteko hondartzan zehar mantso-mantso paseatu bitartean.
Ikaragarri ondo pasatu dut Keparekin, aspaldi ez bezala. Beldurrak nengoen bai, biok bakarrik geundela denbora asko zelako, gainera beti beste batzuek lagunduta, babestuta, elkarri ezer desegokirik, larririk esateko aukera barik, betiere koadrilaren magalpean, “zer, berriro eztabaidaka betikoaren kontura? Lagunartean gaude, parranda, zuek ez izorratu, eh!”. Aspaldi ez genion Kepa eta biok elkarri berba egiten, badaezpada bai, politikaren kontura izandako hika-mikak berriz irizpidera ez ekartzeko gainontzekoen aurrean, baita ETAren atentatuen gainera bota egin ohi nizkion hitz gordinak gogora ez ekartzeko, amorruz eta destainaz blai baitzeuden. Gaur, ordea, ozta-ozta denetarik hitz aspertuak egiteko behar beste denbora izan dugu, nork bere gorabeherez eta biok elkarren lagun edo ezagun ditugunez. Ozta-ozta esan dut banatzen gaituen gai ustela alde batera utzi egin dugu oharkabean Biarritzeko hondartzan zehar elkarri kontu kontari eta bertan egiten dituzten izozki izugarri koipetsu eta goxo haiei – Frantzia aldean bainilazko edozer itzel estimatzen dut eta - miazka paseatzen ari ginela. Bagoaz, beraz, Iruña alderantz, koadrilako gainontzekoekin gaueko parrandarako batzeko asmotan. Bagoaz behin edo elkarri muzinka jarri gintuzten gai petralok baztertutakoan onezkoak egin bagenitu bezala, bagoaz jai-gose eta irratiaren laguntzaz ere pozik eta kantari. Orduan, Iruñerantz maldan behera goazela Leizarango autobiatik, Ermuko zinegotziaz akordatu naiz. Zer gertatu ote da? Jakin-minak eraginda irrati katea aldatu dut ezustean albiste bila. 
-… oso egoera larrian iritsi da Donostiako Arantzazu Ospitalera
Harri eta zur geratu naiz; baina, berehala asmatu egin dut berriaren nondik norakoa bere osotasunean.
-Sasikumeak, azkenean tiro egin ziotek.

Kepak ez du tutik ere esan. Ematen du, ordea, ni bezain txunditurik. 
-Baina, baina… oraindio bizirik zegok.
Bekozkoa jarrita horrela bota egin diot Kepari bere hitzen zentzugabekeria nabarmendu nahi zuen begiratu bat. Badirudi jabetu egin dela bere hitzek nigan eragindako ondoezaz, besterik gaineratzen ez du eta. Nire aldetik, aldiz, irratiko dialari ekiten diot gertatutakoaren argibide zabalago bat helburu. 
-Buruan bi desarratu zizkiotek zinegotziari Lasarte inguruetan.
-Bistan zegok Espainiako Gobernuak men egin ez duela.
Kepari entzun eta gero Gregorio Ordoñezen hilketaren eguna gogora etorri zait ziplo. Fakultateko ikasgelan geunden Historia Ekonomikoa ematen zigun Igor irakaslearen zain. ETA politikoen kontra ekintzak eta burutzen hasia zen. Egun hartan, haatik, guztiz ezaguna eta terroristen kontra oso nabarmendua zen PPko zinegotzi donostiarra akabatu zuten. Nik ez nuen gustuko Ordoñez, ulertzen nizkion, berriz, ETAren kontra egin ohi zituen adierazpenak, ETAren ekintzak gaitzesten zituen gehienekin bat nentorren, noski, bistan baitzegoen ETArena burugabekeria hutsa eta batik bat zitala, baita defenditzen zituen helburuetarako ere. Hala ere, bazegoen zer edo zer Ordoñezen diskurtsoan terrorismoa aitzakiatzat hartuta euskal abertzaletasun mota ororen kontra sumatzen nuena; hau da, nolabait ETAren bortizkeria eroa euskal abertzale guztien errua bailitzan Euskal Herriaren espainiartasuna kolokan jarri nahi izateagatik. Eta ni, orduan behintzat tinko gainera, nire burua oraindik abertzale zintzotzat nuen, bortizkeria mota guztiak gaitzetsiagatik. Ez nuen Ordoñez atsegin, ez, gainera harroputz handia begitantzen zitzaidan, nazkante hutsa, den-dena nahasten zuena nahita, apropos, helburu politiko zehatz batzuekin, eta ez, berak zioen bezala, egiazko argudio moral edo etikoez. Hala ere, bere hilketak harri eta zur utzi ninduen, asaldatu ere bai. Harrezkero inork ez zuen berarekin eztabaidaka egiteko aukerarik izango, inork ezingo zion bere gezurren muina agerian utzi. ETAk martir bat sortu zuen. Hori izan zen garai hartan uste izan nuena, orduan ia dena nire abertzaletasun nahiko motelaren bahetik pasatzen bainuen. Gaur egun aitortzen dut Ordoñezen adierazpenei jartzen nizkien erreparoak ETA eta bere laguntzaileei ematen zien bizigarria izan zitezkeela, haiek behintzat euren zeregin doilorraren zurigarritzat har zitzaketen. Areago, nik uste egun hartantxe ohartu nuela nirea bezalako epelkeria moral edo etikoaren tamaina. Esan bezala, ikasgelan geunden irakaslearen zain, lau katu baino ez ginen Euskal Adarreko ikastalde hartan, hau da, elkar ezin hobeto ezagutzen genuela. Egun hartan laurok elkarri tutik esan gabe eguneko albistearen kontura, goiz hartan gertatutakoa inolako zerikusi edo eraginik ez balu bezala gure egunerokotasunean. Eta bazuen, noski baietz. Irakaslea iritsi zitzaigun berandu, ziurrenik fakultateko irakaslerik gazte eta jatorrena, tipo xelebrea, bai, gutako edonor emango zukeen bere itxuragatik, palestinoa lepo inguruan, aker-bizarra eta Troskyrenak bezalako betaurrekoak nabarmen-nabarmen. Baina, oso irakasle burutsu eta gogotsua zen, eskolak emanez oso atsegina eta ikaragarri zorrotz eta sakona bere iruzkinetan; bazekien ondo asko zuzena eta okerra bereizten, edo bestela esanda, gizabanakoen bizitza sakratua zelakoan zegoen sasi guztien gainetik eta hodei guztien azpitik.
-Gaur ezin dut eskolarik eman, inola ez gaur gertatutakoa gertatu eta gero, are gutxiago biktima nire hiriko zinegotzi oso ezagun eta maitatu bat zen heinean. Nik ez nituen atsegin Ordoñezen salaketa edota iritzi asko, baina horrek ez nau inondik inora zilegitzen bere heriotza desiratzeko. Izan ere, noizbait halakorik gogoan hartu banu munstro bat nintzatekeen.
Isilean geratu ginen lau ikasleok gure irakasle zinez atsekabetuak gelatik alde egin zuen arte. Orduan, ikasgelan laurok bakarrik geundela, Oiartzun inguruko batek zera bota zuen zapla.
-Bazen garaia kabroi ustel hori behingoan isilarazi zezaten.
Laurotako inork ez zion ezer erantzun Oiartzungoari. Elkarri begira geratu ginen behin berriro tutik esateko gogo izpirik gabe, kafetegirantz ospa egiteko imintzioetan. Ni, aldiz, momentu hartantxe jabetu nintzen nire gogoa irakaslearekin zegoela, inondik ez Oiartzungoarekin edota gainerakoen ustezko edo ustekabeko ezaxolarekin. 
-Bera zuzen dago, bai, inork ez du eskubiderik inori bizia kentzeko.
Orduz geroztik, noski, nire ikaskideekiko harremanak nabarmenki epeldu egin ziren. Sekula ez zidaten tutik ere esan Ordoñezenaz edo zoritxarrez txitean-pitean suertatzen ziren antzerako bidegabekerien kontura, jakina. Zertarako? Ikasgelan ia egunero topo egiteaz baino elkar ezagutzen ez baikenuen, hau da, ikasgelatik irten orduko nor bere bidetik joaten zen, egun hartakoa baino lehenago noizbehinka ere kafetegira elkarrekin joanagatik. Izan ere, betiko lez elkarri egiten genion hitz ozta-ozta, hau da, betiko konfiantza murritz baina txit gizalegezkoaz. Behin bakarrik, ordea, asmatu nuen bete-betean delako epeltasunaren neurria. Auskalo zein irakasleren eskolari adi-adi eta beharbada baten bat ere apunte apuntalari, gure ikasgelaren ondoko aparkalekuan kotxe batek eztanda egin zuen. Itzela izan zen jaso genuen astindua, dar-dar eta guzti geratu ginen denok sustoak eraginda lipar batez. Berehala kotxea ere ikasgelako leihotik zehar ikusi ahal izan genuen sutan, goizero leku berean aparkatzen zuen irakasle batena zen, aspalditik mehatxuak era jasotzen zituen irakasle oso ezagun batena, ETA zein euskal abertzaletasunaren kontrako hainbat artikulu edo liburu idatzitakoa. Hartara, ni berehala aldatu egin nintzen ikaratik haserrera. “Ez dago eskubiderik”, ez dakit orduan pentsatu baino egin ez nuen ala aho betean esan nuen. Badakit ondo asko, berriz, nire ikusmira aparkalekutik baztertu eta ia oharkabean nire ikaskideenganaino abian zihoala erreparatu orduko euren begiratuetan asmatu egin nituen destaina eta norbaiten atsegina ere bai.
-Non geratu haiz gainontzekoekin?
Iruñera hurbiltzen ari gara. Orain asmatu behar dugu non aparkatu, seguruenik gauzarik zailena eta gogaikarriena Sanferminetara goazenean, ondo asko badakizulako aldez aurretik kotxea erdigunetik hainbat aparteen utziko duzuna, edo esaterako, halakoetan Arrotxapean bertan non aparkatu topatzea mirakulu hutsa izaten da. Hori dela eta, hau da, denbora alperrik ez galtzeko aurreko urteetan bezala, Berriozar aldean utzi dugu kotxea handik Gaztelu Plazaraino oinez joate aldera. Urrunegi, bai, baina Berriozar oso herri edo auzo ziur eta lasaia omen da Sanferminetan, gaur, gainera, noizbait eta nonbait lorik egitekotan, alde zaharreko serorategi batera joko dugu ohe bila iaz egin bezala, Jonen izeko mojak esku zabalik hartu gintuen eta, aurten behintzat ezagun gaitu ez dut uste ohera eraman aurretik gutariko bakoitzaren biografiaz galdezka jardungo duenik goizeko edozein ordu txiki eta horditan. 
-Non geratu haiz gainontzekoekin?
Enegarrenez egin dit Kepak galdera bera. Ez diot, ordea, aintzat hartzen. Elkarrekiko ezin ezerosoago ari gara Ermuko zinegotziarena irratitik entzun eta gero. Izan ere, irratia itzali nuen Lekunberri paretik igarotakoan, horrezkero ez diogu elkarri hitz erdirik ere egin.
-El Kiosko tabernan geratu nauk Rober, Jon eta Txerrarekin – gogoratu egin diot Kepari.
Espero bezala, Sanferminetan Berriozarretik Gaztelu Plazaraino oinez ibiltzea Bainonatik Iruñera autobiatik kotxez joatea baino askoz luzeago begitandu zaigu eta gainera ia kinkili-kinkala. Atzenean, hau da, arratsaldean hiriko alde zaharrerantz abiada geldian bezain galduan zihoan gizaldraren barruan harrapatuta, murgilduta, txertatuta, baita hainbat tarteka gure ingurukoekin bultzaka zein ukondokada ere, guk atzerriko turistekin begiramendurik ez, Gaztelu plazaraino heldu gara. Eta espero bezala ere, eskarmentu handia baitugu aspalditik, Kiosko taberna jendez mukuru dago. Beldurrak gaude, beraz, Kepa eta biok taberna barrura sartu orduko bezero aldrarekin ere norabait iristeko lehian berriro ere hasi beharrean egongo garen. Zorionez, koadrilakoak gure zain omen daude hortik gertu plazako arkupeko zutarri baten ondoan. 
-Zatozte, zatozte hona! – plaza betetzen duen masa zurigorriaren gainetik bi eskuez keinuka eta oihuka egiten digun Txerran adiskidea antzeman berri dut.
Txerran, Jon eta Rober esku zabalik hartzen gaituzte, bizkarrekoekin eta guzti, gauza benetan xelebrea gure artean, hau da, zerbel gaudela baino sekula burutik pasatzen ez zaigun ezer, demaseko ukipena ote. Izan ere, nabari zaie gure zain luzaz egon direla, edo bestela esanda, badira pare bat ordu zapitxo gorria euren lepoan ipinita dagoela. 
-Zer moduz Baiona aldean? – galdetzen digu Roberrek zerbeza katxi epel-epela luzatu orduko.
-Badakizue Ermuko zinegotziarena? –Jonek, ordea, ez digu elkarren lagunari gizalegezko arrapostua egiteko paradarik utzi.
-Bai, irratitik aditu diagu… dugu, honantz gentozela – Roberrek erantzun du.
-Ze pasada, ezta? – Jon azaltzen zaigu biziro atsekabeturik-. Nik ezin nuen sinetsi, benetan, oraingoan urrunegi joan direlakoan nago, sekula baino gupidagabeago jo dute eta.
-Aspaldi honetan betiere ari dira lehen baino gupidagabeago – gaineratu du Roberrek.
-Baina, oraingoa aldiz… hain mutiko gazte… zinegotzi apal, arrunt… ez dakit nola esango – Jon saiatzen da bere atsekabearen neurria bilatzen, alper-alperrik, bere barrenak iraultzen dizkion egonezinaren zergatia asmatu nahi luke, baina ezin, ulermena lausotu omen dion katxiari berari eusten bide dio galdera bila niri eskuetatik ozta-ozta oldarrean erauzi eta gero.
-Aitortzen dizut gauza bat – esan dio Roberrek Joni-, ekintza honen baldintza-aurrekoak oso bereziak izan dira, ene ustez guztiz lekuz kanpokoak, ez zuten bururik, ez eta hankarik ere.
-Espainiako Gobernuak ere ez du inolako adorerik izan arazo larri hau konpontzeko – hau izan da Keparen iruzkina katxia jaso baino lehen.
-Baina, zuek burutik jota al zaudete? Nola nahi zenuten Espainiako Gobernuak ETAren xantaiari men egitea? Zinegotziarena aldez aurretik iragarritako hilketa bat – saiatu naiz hilketa hitza ahalik eta ozenen ahoskatzen.
-Ikusten? – Kepa berpiztu bide da aurreneko zurrutaz gero- Horrek azaltzen du beste ezerk baino hobeto Espainiako Gobernuak gaurdaino euskaldunon eskakizun guztiei egindako kasua, horixe da Euskal Herriaren askatasun egarriarekiko izandako jokaera, berdin dio hari konponbide baketsuez edo armen indarrez zoazkion ala ez, Espainiaren estrategia bakarra euskaldunok eskatzen diogun orori sorgor egitea.
-Kepa, ezin duzu hori seriotan esan, ahoberokeria hutsa da –Jonek dio beti bezain egosbera.
-Orain ezin dugu esan gogoan duguna? Ez al gaude demokrazia batean? – galdetzen du Kepak.
-Ez dut uste gaur dela egunik egokiena segun eta zer-nolako ahoberokerietarako – esan dut ia oharkabean.
-Nire modukoetarako esan nahi duzu? – Kepak erronka eta guzti bota egiten didala ematen du, edo hori da behintzat nik uste izango nukeena katxia bakezko keinu gisara luzatu ez balit.
-Te, te, te! Zertan zabiltzate zuek? – Txerranek oldarrean moztu digu biziki larri- Zertara etorri gara Sanferminetara, elkarri mokoka egiteko ala? Ez al gaude jaietan? Goazen parrandan egitera eta utz dezagun erretolika txatxar hori alde batera? Ados?
Ados, noski, ez gara gu izango, ez, Txerrani jaia zapuztuko diogunak. Bagoaz, beraz, gure Sanferminetako urteroko zurrut-biderantz. Iruñeko alde zaharreko kale meharretan behin sartuta ere, eta jai giroa urtero bezala ikaragarria izanda ere, behinik behin giri itxurako mozkorren kasuan, hauek beti bezala ere hain garesti ordaindutako desfasearekin zerikusirik ez duen orori soraio, badago gu bezalako hainbat koadrilako kideen begitartean, berriz, gaurko jai giroa uste eta nahi baino ustelagoa dela adierazten diguna. Balirudike jendea elkarri begira ari dela besteak zer-nolakoak diren asmatu nahian, hau da, lagun zein koadrila guztien piuran, batik bat janzkeran. Bai noski, jendea inoiz baino ageriago edo zorrotzago erreparatzen ari da badaezpada gainerakoen piuran, nor bere sokakoekin bakarrik egoteko zein ustezko areriotzat hartzen dituztenengandik ez nahasteko asmotan, hots, hainbat aparteen. Esan liteke Sanferminak bezalako jaietan nola edo hala suertatu ohi den fenomeno benetan bitxia eta agian txalogarria ere bai, hots, hiriko alde zaharra denok leku duten lapiko zabala eta sakona bilakatzen dena, gaur erabat aldendua, ezabatua, itzalia dela. Gaur gauean, erabat aldatu zaigu. Gaur gauean Iruñeko alde zaharreko jai-pertzaren barruan ez dira nahastuko mota zein pentsamolde guztietako lagunak, urteroko jai sukalkia, urteroko Sanferminetako txilindron arrunt bizigarria sortze aldera. 
-Aizue! Nora goaz? – galdetzen dut.
-Nora ba, urteroko erronda egiteko – erantzun dit Txerranek.
-Bai noski, baina nondik hasiko gara? – galdetzen dut berriro.
-Zer? – Jon ere txunditzen zait- Arrano Beltzatik, nondik bestela?
-Bale ba, orduan ni kanpoan geratuko naiz – ohartzen diet.
-Nola kanpoan, txoratuta al zaude? – galdetzen dit Roberrek.
-Gaur ez dut ez gogorik, ez eta adorerik, taberna zulo horretara sartzeko – espero dut baten batek nire erabakia ulertzea.
-Uztazue bakean, ez baldin badu Arranora sartu gura, berak jakingo du zergatik, nortzuen alde jartzen den – Kepak ulertu dit ondo baino hobeto.
-Ez, inondik ez – Txerran ia bere onetik at-. Esan dizuet lehen argi eta garbi hona parrandan egiteko propio etorriak garela, ez txorakerietan ibiltzeko. Martinek ez badu hara joan nahi, joan gaitezen orduan beste leku batera, goazen sikiera dantzan egitera, betiere eztabaidaka ez egitearren!
Eta urtero bezala Sanferminetan ere gaur Jonen izekoren seroretxeko ohetik jaikitakoan apenas gogoratzen dut ezer bart gauekoaz. Logelatik irten naiz hanka-puntetan nire adiskideak ez iratzartzearren. Gero seroretxeko pasillo barreneko komuneraino joan naiz dutxapera sartzeko asmotan. Ura, ur hotza, nire gainera jausten hasi orduko gogoratzen hasi naiz. Arrano Beltzara sartu ala ez errietan egin eta gero Redin kaletik Jarautarantz jo genuen. Bertan egon ginen tabernarik taberna eta kalimotxo zein garagardo katxika behar bezala. Ez genuen dantza egiteko aukera edo leku asko izan, baina. Horrenbestez, Gallego tabernara heldu eta bertan barraraino heltzeko zein katxiak behin eskuetan kalera irten ahal izateko enegarren aldiz ingurukoekin elkar bultzaka, ostikoka edota biraoka ere egin eta gero, Roberrek Gaztelu Plazara itzultzeko proposatu zigun.
-Goazen Iruña, Baviera edo Windsorera dantzan egiteko?
-Ez al gara dantza nahikoa egiten ari kalean zehar? – galdetu zion Roberrek, zegoeneko maldan behera zihoana sigi-saga.- Iruña kafetegia oso urrrrrrrun dago hemendik.
-Askatu behingoan zure katxi hori eta ikusiko zer arin zoazen – arrapostu egin zion Jonek.
Artean, Udaletxe Plazara irten ginela Gaztelukora bidean, bertan bilduta zegoen jende-ostearen aldarteak Jarauta kaleko zein inguruetakoarekin zerikusi handirik ez zuela ohartu genuen ziplo. Udaletxe Plazako jendetza bi taldetan banatzen zen eta biak aurrekoari irainka zein mehatxuka ari zen norgehiagoka. 
-Ermuko zinegotzia hil berri da Donostiako ospitalean – jakinarazi egin zigun sor eta lor sumatu egin gintuen oinezko batek.
Albisteak, aldiz, ez gintuen harritu, irratitik gorputzak jasandako bala zaurien nondik norakoak aditu eta gero esperoan geunden eta, aitor dezadan. Hala ere, ordurako doi-doi ahaztuta genuen zinegotziarena eta bat-batean ezbehar hura behin berriro gure aurrean azaltzen zen gordinenean. Ez genuen jakin elkarri zer esan. Esan nezake plazan bildutakoen oihuek ez zigutela paradarik eman; baina ez, gezurra zen, nahiko baztertuta geunden elkarri agiraka ari ziren bi gizaldeetatik une hartantxe bururik pasatzen zitzaiguna gure artean behar beste ozen eta argi adierazteko. Alabaina, bostok isilik egon nahiago genuen. Isilik eta baita geldirik ere, gutako inor ez baitzen geunden lekutik mugitu inolako taldera batzeko edo, ez eta batzuen alde edo kontrako ezer esateko ere. Hori zela eta, gero eta oihu, birao zein mehatxu ozenago edo bortitzagoz ugaltzen ari zen plazatik ospa egin genuen Gaztelukorantz ziztu bizian. Bertara heldu eta kaleko jendartean pareko giro petrala zegoela antzeman bezain laster eskura genuen aurreneko taberna-zulora irten ginen itsumustuan. Ez dut akorduan zein taberna zen; baina, bigarren solairura igo eta bertan kubata bana eskatu eta gero dantza egiteari ekin genion zoru moduan. Begi bistan zen bostok ez genuela ezer jakin nahi kalean gertatzen ari zenaz, ez behintzat biharamunera arte. Ez geunden prest inondik inora inork guri parranda zapuzteko. Hala ere, eta baten batek zer dela eta, gurekin bigarren solairuko dantzatokian tximinoena saltoka zein estropezuka egiten ari ziren eta goitik behera alkandora zein praka zuriz jantzita eta gerriko zein zapiko gorriz apainduta zegoen lagun talde bateko mozkor batek Kepa bulkatu eta bere gainera kalimotxo apur bat isuri ere egin zion. Ezin dut igarri momentu hartantxe zer sartu zitzaion Kepari kasketan, areago zer dela eta hainbeste erretxindu zen kalimotxo isuria garbitzeko imintzioak egin zituen lagunaren azentua frantsesa zela jabetutakoan. 
-Uztazu bakean, Kepa, huskeria bat izan da, ez du egin apropos – aldarri egin zion Jonek Kepari frantsesari ukabila altxatuta oldarrean zihoakiola ikusi orduko.
-Hi txoratuta al hago? – galdetu egin nion nik neuk ukabiletik airean oratutakoan.
Baietz ba, ondo asko gogoratzen baitut puska bat aztoratuta zegoela aitortu zidala frantximantak eta bere lagunek ospa egin bitartean ia antxintxika. Kepak bero sapari errua bota zion, egia baitzen taberna hartako bigarren solairuan bero sapa itogarria zegoela. Izan ere, bero hezea, dantza zoroa baino zeharo baldresak, hots, bost astakilo saltoka eta tarteka-marteka ere aharrausika, zein ondoekiko etengabeko ukondokoak, bulkadak zein zanpatuak tartean, bostok izerdi patsetan geunden eta ordukoz neke-neke eginda.
-Goazen kalera, hau izerdi jarioa, hau! – Txerranek esan zuen.
-Bai, gainera musika hau ez zait batere atsegina – erantzun zion Roberrek.
-Ba zuk ere dantzan ere egin duzu zoro moduan – leporatu zion Jonek.
-Besterik ezean – Txerranen erantzuna.
-Goazen Barraka Politikoen alderantz – proposatu zigun Kepak.
-Barraka politikoetaraino? – harritu zen Jon.
-Bai, goazen txosnetara, ni gose naiz, magra tomatearekin ogitarteko bat nahi dut – azaldu zigun Txerranek.
-Ez dakit nik gaurik aproposena den barraka politikoetara joateko – bota nuen nik.
-Zer dela eta? – galdetu zidan Kepak irriño maltzur batez.
-Zuek denok badakizue ondo baino hobeto, badakizue zer-nola giro…
-Bertan ez da izango inolako arazorik, borrokarik edo – moztu egin zidan Txerranek denok ezin hobeto bagenekiela gogoratzeko asmotan edo, txosna haietan, jaietan dagoen Euskal Herriko edozein herritakoetan bezala, bertan bildutako gehienak soka berekoak direla, edo bestela esanda, Ermuko zinegotziaren hilketagatik protestaka ari zen lagun sumindu aldra haraino arrimatzen ausartuko ez zelakoan geundela. 
-Urtero joaten gara, zergatik aurten ez? – galdetu zuen Roberrek.
Bai noski, urtero eta herri guztietako jaietan txosnetara arrimatu ohi dugu, berdin digu egun hartan bertan ETAk norbait akabatu duen, ETAko baten bat hilda azaldu den auskalo noren eskuetan edo tipopean, baita takian-potian batzuekin zein besteekin zerikusirik ez duen gizajoren bat ere. Arrimatzen gara txosnetako giro borrokazalea gustuko dugulako, ez besterik. Bertan gure moduko gazte abertzale eta borrokaideen ondoan gaudelakoan, guk ez bezala agian berdin pentsatzen ez dutenekin, baina bai behintzat guri gustatzen zaizkigun musika zein zurrutak konpartitzen dituztenekin. 
-Hara, aditu al dituzue sirena-hotsok? – Jonek ohartu zigun.
Ez dute uzten maitatzen gauean/ez agurrik, ez negarrik gauean/ez zergatik ez norarik gabe/sinerotsa garraixi bakarra gauean/sirena garraixi bakarra gauean… Orduan, direlako barraka politikoetara gindoazela, sirena hotsak gugandik gero eta hurrago zeudela, jendea guganantz lasterka zein oihuka zetorrela ikusita, hainbat txakur uniformedun ere porra eta pilota jaurtigailua eskuetan gugandik ez oso urrun dagoeneko oinez topatuta berria, betiko txosnetara, hango betiko jendearekin zein betiko musika zein solasaldiei adi eta beharbada entzungor ere, joan/egon nahi ez nuela jabetu nintzen.
-Ni ez noa inora, paso egiten dut mobida honetaz, ni gehien jota La Mañuetaraino joango naiz oraintxe bertan dozena bat txurroren bila. Zuetako norbaitek nirekin etorri nahi?

ASPERRA ipuin sortakoa - Txema Arinas

jueves, 7 de julio de 2016

CRÓNICA SANFERMINERA (INELUDIBLE)




Nunca he corrido un encierro ni me lo he propuesto. De hecho, si se trata de arriesgar la vida siempre estoy dispuesto a hacerlo por los míos, por alguien en peligro e incluso por simple y necio orgullo; pero, hacerlo de un modo gratuito, poco más que testosterónico para demostrar lo macho que es uno o en plan living la vida loca porque la que tienes no te llena del todo, pues no. Ni encierros, ni puenting ni demás deportes chorras con el sufijo del participio presente en inglés. Para un servidor la expresión "emociones fuertes" tiene que ver con trincarse una botella de Rioja de alguna de las mejores cosechas en mucho tiempo de la denominación, una caminata por un paraje de una belleza espectacular, un buen libro o una canción de esas que se te agarran al alma, una cena con unos amigos de risas hasta altas horas de la noche y por lo general todo en ese plan.

Y aún así, un año casi acabo corriendo un encierro por despiste o puede que por pura cabezonería, nunca lo he sabido. Sí, porque de mozo y tal solíamos acudir a tan ineludible cita como fieles devotos que éramos de la Iglesia Parrandera de San Beodo (y si no, si coincidía que ese año estabas fuera, casi que como si hubieras ido en espíritu porque a la vuelta tus colegas se pasaban varias semanas contándote sus peripecias sanfermineras hasta que acababas convenciéndote que tú también las había vivido/bebido) la cuadrilla en pleno, y acaso también algún que otro agregado. La noche transcurría como debían transcurrir las noches para un hebreo de la Biblia en Sodoma o Gomorra, entregados al desfase de katxis, humor chocarrero, conatos de vacile con el sexo opuesto, más katxis, primeros pasos de algo parecido a un baile en los bares de la Plaza del Castillo tras abandonar la zona komantxe donde solíamos iniciar el periplo parrandero, más katxis, algún que otro bailable a saber dónde, más katxis, bocata de magras con tomate en una plaza de lo viejo cuyo nombre no me acuerdo, más katxis, puede que churros en La Mañueta, más bailables a saber dónde, y ya luego antes de la amanecida corriendo hacia las barracas políticas a por más katxis.

Sin embargo, era un hecho científicamente demostrado que ningún año acabábamos la jarana todos juntos, razón por la que siempre quedábamos donde las barracas políticas para pasar lista antes de volver a casa. A decir verdad, nos solíamos perder por parejas, cada año una nueva o no. De modo que ya luego en el viaje de vuelta cada pareja contaba a las demás sus peripecias etílico-festivas y ahí, claro está, ya podías meter de todo; anda que no hemos ligado poco ni nada en Sanfermines, o creído o soñado que lo habíamos hecho, no sé.

Pues el caso es que un año me tocó perderme con mi amigo L, que tras perdernos del resto continuamos por nuestra cuenta con el recorrido por todos los baretos de lo viejo y alrededores, lo típico. Así que se nos fue la noche entre katxis, neskas y Kortatu, o lo que petara entonces, algo con K fijo, que no me acuerdo. Y de repente que empezaba a hacerse el vacío a nuestro alrededor. Pero bueno, nosotros a lo nuestro, a buscar un barrio abierto. Eso hasta que nos dimos cuenta de que estaba amaneciendo y que si la gente abandonaba lo viejo era porque estaban preparando las calles para el encierro. Y como ya he dicho que no somos de emociones chorras, eso y que con la que llevábamos encima hasta como para correr delante de un caracol, pues a buscar la salida. Y no había manera de encontrar el desvío a la Plaza del Castillo o al Paseo Sarasate, que era por donde más o menos controlábamos. No sé cómo hostias lo hacíamos que siempre acabábamos calle arriba hacia el Paseo del Redín, supongo que por pura inercia para lo de evacuar junto a las murallas... Y en eso que aparecen unos tipos uniformados que al principio creíamos de una fanfarre, como que si no nos pusimos a pegar brincos fue porque al acercarse ya nos dimos cuenta que eran munipas que venían a desalojarnos entre improperios de diferente calado, que estos navarros ya se sabe, finos, finos... como nosotros. Así que recuerdo que nos acompañaron un trecho hasta que divisamos la salida. Pero, a saber qué coño pasó ahí que después de soltarnos volvimos a aparecer no muy lejos de la Estafeta. Y vuelta a tratar con los representantes de autoridad municipal. Eso sí, nosotros ya un poco apurados porque veíamos que los operarios municipales estaban acabando de colocar los tablones que marcan el recorrido de los toros y ya la cosa parecía ir en serio. Pues vuelta la burra al trigo, porque tampoco sé qué hicimos esa vez para que, después de que la municipalidad nos recondujera hacia la salida de lo viejo, volver a aparecer por la Telefónica, y esta vez ya en plan cantamañanas, pero literalmente, digo, vamos, berreando cosas del tipo "ese toro enamorado de la lunaaaa....", "kalean gora, kalean behera, kalean gora zezenaaaak...hau dek, hau dek umoria", "ese torito bravooo ya nació para sementaaaar..." y todo por el estilo. Pero sí, al final salimos del recorrido, nos sacaron más bien, y eso a la navarra, que no llegamos a casa amoratados de puro milagro. Y el caso es que ahora que lo pienso, cualquiera diría que fuimos víctimas de una fuerza superior a nosotros mismos que nos impelía a recorrer el encierro pasara lo que pasara, kosta ahala kosta, una fuerza atávica, esotérica o puede que solo demencial, la cual de repente había aflorado de los más profundo de nuestro subconsciente -sí, inconsciente más bien- en medio de la trompa de campeonato que llevábamos encima y que, aprovechando que teníamos de baja el sentido común, nos estaba retando a correr el encierro como unos descerebrados cualquiera. En fin, los tíos que somos muy bobos, y con cuatrocientos katxis de lo que fuera entre pecho, espalda y no digamos ya desparramados desde la cabeza a los playeros, todavía más.