lunes, 30 de agosto de 2010

BUITRES




La pasión por los bichos viene de pequeño, de cuando coleccionaba libros de animales y, sobre todo, de las tardes y noches frente al televisor con toda la familia para ver el Hombre y la Tierra de Felix Rodríguez de la Fuente. A partir de ahí nunca ha dejado de interesarme todo lo relacionado con la cosa salvaje y sus derivados, lo cual explica y mucho algunas noches locas a las tantas de la mañana ya sea haciendo el chimpance con las consabebidas copas de más, en plan lobo feroz junto a la barra del pub de turno -no ya atacando como una fiera a una presa-pava sino simple y llanamente aullando-, o ya directamente a lo oso Yogui buscando a Bubu con un cubata en cada mano.

El caso es que leo por segunda o tercera vez en distintos periódicos una de esas cartas al director en la que el que suscribe destaca lo absurdo de la decisión ya añeja de dar de comer las reses muertes a los buitres según constumbre ancestral de crear y mantener los llamados muladares o buitreras. El autor critica no sólo lo ridículo del argumento sanitario que justifica la prohibición, sino también los intereses espúreos que se esconden tras ésta, pues según señala no les ha ido poco bien ni nada a ciertas empresas de recogida de cadáveres de animales. Asímismo, en la carta también se advierte de la proliferación cada vez más corriente de bandas de buitres carroñeras que ante la falta de su sustento en carroña comienzan a atacar a los rebaños desperdigados por el campo, con lo que la prohibición de alimentarlas con la carne del ganado muerto ha generado un comportamiento completamente insólito en estas aves carroñeras.

Ejemplo de esto último son todos los ataques de buitres registrados a lo largo y ancho de la geografía española. Ha sido entonces cuando me he acordado, por una mera cuestión de proximidad, porque leo la prensa local de allá y poco más, de los acaecidos hace apenas unos meses en las Estribaciones del Gorbea en Álava y en las Encartaciones vizcainas a la raíz del cierre por orden la Diputación Vizcaina del muladar de Carranza. También los ha habido en Asparrena y en Maeztu en Álava y otros tantos en Burgos, Gizpukoa Huesca y La Rioja. De este modo, y como la cosa tiene que ver con el ganado y tal, esto es con las indemnizaciones que exigen los ganaderos por cada res muerta, la polémica está servida a imagen y semejanza de la que mantienen por las mismas razones a raíz de la reciente reaparición del lobo por estos pagos, en concreto por la zona del norte de Burgos y la parte alavesa que limita con ésta.

Los testimonios de los ganaderos a la prensa no pueden ser más explícitos:

«Aún quedaban medio centenar de buitres revoloteando», recuerda. La improvisada conversación tiene lugar a tan sólo un par de metros del ternero, cuyo cuerpo quedó completamente despezado al otro lado de la verja que valla la finca. Alrededor, se podía observar el rastro de decenas de plumas dejado por las carroñeras. «Llevamos aquí toda la vida, pero es el primer ataque que sufrimos de estas características», explica Eduardo Mártinez de Marigorta, que posee una explotación sesenta vacas.

o

Según el ganadero, Javier Aizpeolea de Berrikano, en Zigoitia, Álava, el ataque se produjo sobre las nueve de la mañana, inmediatamente después de que la res, de raza pirenaica, hubiera parido. «Otra de las vacas se puso enferma y tuvimos que ir a buscar al veterinario. Cuando volvimos pude ver aterrorizado cómo decenas de buitres se ensañaban con el animal, de unos 550 kilos, que aún vivía, mientras su cría yacía muerta. Le desgarran la matriz, la hemorragia la ahoga y ellos se comen las partes blandas. Ver aquello me dio miedo», reconoce.


Sobran los ejemplos en las hemerotecas, pero también las sospechas de que no es tan fiero el buitre como lo pintan, que hay mucho tongo en tanta denuncia con el único fin de cobrar la correspondiente subvención. El doctor en Biologia Aitor Zuberogoitia, que lleva estudiando a estos bichos desde 1992, parece tenerlo muy claro:

Los últimos ataques de buitres son un cuento. Es como la leyenda del lobo. Con los buitres pasa lo mismo. Los buitres no atacan al ganado porque no tienen capacidad para ello. Pongamos un ejemplo: yo puedo afirmar que los limacos matan vacas. Llegas un día y ves a la vaca viva. Pero luego vuelves más tarde y te encuentras a la vaca muerta y a un montón de limacos comiéndosela. Si empleamos una fórmula similar a la que se utiliza con los buitres, yo puedo deducir que los limacos han matado a la vaca.

-Muchas de estas denuncias son sólo el camino más fácil para cobrar una subvención. La gente ya ha visto que si se le muere una vaca de forma natural no va a cobrar nada. Pero si dicen que ha muerto por los buitres, pueden cobrar algo. Al final, se utiliza a los buitres como cabeza de turco para recuperar las pérdidas. Todos deberíamos hacernos unas preguntas: ¿cómo van los buitres a cambiar su comportamiento, adquirido en miles de años de evolución, en sólo tres años? Eso es biológicamente imposible. Además, si realmente pudiesen matar a una vaca sana, serían capaces de aniquilar a todos los animales que hay en el campo.

También resultan reveladoras las declaraciones del diputado foral de Medio Ambiente de Álava, Mikel Mintegi, acerca del verdadero transfondo de las denuncias de ataques de buitre:


sólo la mitad de ellos acaban considerándose como tales por los técnicos forales, un hecho indispensable para poder cobrar indemnizaciones. Sólo en 2007, la proporción fue de 23 a 43. Por ello, el diputado de Medio Ambiente, Mikel Mintegi, aseguró ayer en las Juntas Generales que existe un «grado de sospecha muy alto de que algún ataque ha sido provocado».


Servidor, que es lego en casi todo, lee estas y otras cosas y no sabe a qué atenerse. Del mismo modo tampoco me atrevo a opinar sobre la idoneidad o no de prohibiciones que supongo debidamente argumentadas por los expertos del ramo, casi tanto o más como las de los que dicen todo lo contrario. En fin, lo que se dice Doctores tiene la Madre Iglesia. No obstante, todo esto me hace recordar aquella tarde de hace un año en el jardín de la casa de mis padres en Berroztegieta, a poco kilómetros de Vitoria hacia los momtes del mismo nombre, cuando estábamos tan tranquilos de sobremesa en la terraza y de repente el cielo que se oscurece, que la repentina sombra de la muerte se nos aparece en el horizonte cual funesto augurio alado. Y no, no eran nubarrones, eran unas extrañas formas oscuras que revoloteaban sobre nuestras cabezas y que poco a poco fueron haciéndose más visibles a medida que descendían en círculo sobre nosotros. Se trataba de cientos y cientos de buitres que debían haber localizado alguna carroña -aquí paso de comentar nada relacionado con los vecinos por si acaso...- por la zona de los montes Zaldiaran y Arrieta, probablemente venidos tras el chivatazo correspondiente desde la zona de Badaya donde abundan.

Impresionaba tanto como acojonaba. Nadie podía imaginar la presencia de tales aves, de tan imponente como sombría envergadura, y sobre todo en semejante cuantía ta cerca de nucleos habitados por humanos o casi, tan lejos de donde suelen estar sus muladares habituales, Badaya, Salvada, Maeztu... Mi hijo mayor todavía me lo recuerda emocionado cada vez que ve uno por la tele, cómo para olvidar su primer contacto o casi con la naturaleza en su forma más tétrica, amenazadora, pues si hablamos de buitres no lo estamos haciendo precisamente de entrañables conejitos o ardillitas, sino de los bichos que más se parecen en nuestro imaginario a un cobrador del frac, un notario, un inspector de Hacienda o un cura en sotana; vamos, que meten miedo.

Así que por lo menos me pude reivindicar ante el dantesco espectáculo de la bandada buitril por lo que me había ocurrido hacía ya tiempo, cuando de camino a esa misma casa, justo a la altura de la Ikastola Olabide, un enorme pajarraco se me echó sobre el parabrisas del coche, dejándome prácticamente en negro, y si no me fui a la cuneta fue porque, o los tengo bien puestos y supe conservar la calma, que va a ser que no, o porque el heraldo aquel de la muerte levantó a tiempo el vuelo. Luego ya en casa, y con los amigos, nadie me creía, que a ver cuánto había bebido; pues nada, listillos.

Y por si fuera poco, o ya para ilustrar mi terrorífica experiencia, adjunto otra reveladora noticia que ilustra, o al menos apunta, acerca de que algo raro pasa en Buitrelandia, y sobre todo de que aquel día en la carretera a Berrozti yo no iba tan puesto como podían pensar otros, que hace que el autor de las cartas no esté muy desencaminado:

Un buitre que se posó en un parque de Leioa suscitó una gran expectación el pasado jueves entre los vecinos de la zona. El animal bajó, cerca de las seis de la tarde, hasta un árbol próximo al área infantil de Elexalde, ante la mirada incrédula de las personas que aprovechaban su tiempo de ocio en ese céntrico espacio urbano.

No sé yo si habrá que volver a permitir echar las reses muertas a los muladares, si de verdad hay demasiados ejemplares para el ecosistema en el que viven, si todo es un cuento de los aprobetxategis de siempre o es que el verdadero y más oculto deseo de los ecologistas es que volvamos todos a la Edad de Piedra en alegre compañía de todo tipo de alimañas; pero, tampoco puedo olvidarme de ese conocido que trabajaba en la cosa forestal de la Diputación, sección dar de papear a los buitres, y que en una de esas, ante la presencia de una res muerta sólo se les ocurrió, tal y como parece que era la costumbre para atraer a los carroñeros, abrirle la tripa al cadáver para dejar las entrañas al aire. No debieron prever que la res llevaba ya tiempo muerta con todo su interior en descomposición, así que fue dar el primer hachazo y saltar todas las inmundicias del bicho por los aires. Habría que haber visto al colega y compañía en ese momento, puro gore, vamos, ni en Halloween.

sábado, 28 de agosto de 2010

GRASTROMENAJE A UNA MADRE


El pasado fin de semana invitamos a unos amigos a comer a casa. Como de costumbre, servidor se encargó de la cocina, así que aprovechando unos trozos recién desalados de bacalao que tenía de mi madre desde hacía ya un mes o así, quise preparar un pil-pil con boletus. También, y por miedo a quedarno cortos, compré ese bacalao ya desalado que comercializa una conocida empresa vitoriana para preparar con tomate y unos pimenticos que habíamos asado el día anterior.

Pues lo dicho, que en estas ocasiones que más o menos te quieres lucir, siquiera sólo intentarlo, todo volvió a salirme como el culo de puro acelarado.
Primero que me eternizo con los pinchos, así que empiezo a temer que no me dé tiempo con el bacalao. Me pongo con el pil-pil y los boletus, los trozos ya empiezan a darme mala espina porque no veo que se deshagan en lascas comme il faut. Y luego el otro con tomate, que convencido de que tenía un bote de casero por ahí, me confío y que no, a echar mano de una lata de tomates pera para intentar a hacer la salsa a toda hostia; un puto desastre.

En fin, mi alma bacaladera fustrada y humillada por sus cuatro costados, el bacalao
que había desalado sin lascas ni nada, más bien esponjosito y así. El otro mejor ni hablamos, primero porque el desalado ese ya es de entrada cualquier cosa menos bacalao, y la salsa, qué salsa ni qué hostias, agua pura, como que con el acelerón se me olvidó echarle la cucharada de pimiento choricero, asco de vida, oyes. Y encima voy y me dejo un reserva en la nevera porque lo metí por equivocación al lado del otro con el que me hago mis kalimotxos veraniegos (en realidad lo que no se puede hacer es beber tanto cubata el día anterior, que luego te disipas hasta el lunes y no hay manera de dar pie con bola).

Mira que he hecho bacalaos de casi todas las maneras, que los hago durante el año casi todas las semanas, con tomate, pil-pil, ajoarriero, piquillos, salsa verde, patatas, con garbanzos, tortilla, hasta bacalhau a bras que me encanta. Pero, nada, como el producto no sea de primera ya puedes tirarte toda la puta mañana meneando la cazuela o echándole todo tipo de acompañantes, que no hay tu tía, si no salen las lascas de los huevos mejor darle un tiento a la rista de chorizo, yo creo que ésto último hasta viene escrito en la Biblia, como que me parece que ya lo traía escrito Moises en sus famosas tablas cuando bajaba del Sinai...

Todo esto viene a colación de que acabo de devorar un plato de bacalao con tomate y pimientos hecho por mi santa madre. Una gozada, cómo se separaban las lascas para depositarse directa y hasta voluntariamente en el tenedor con el único fin de que mi rústico paladar pudiera saborear el gusto tierno e inconfundible y la perfección del punto de desalado conseguido tras décadas de sabía y paciente brega con el equivalente marino del marrano.

En fin, ya me resarciré de mi pifia, espero que el que esta vez me llevo a Asturias -sólo porque me lo da mi santa en un gesto de infinito amor maternal, y no porque no se pueda encontrar allí buen bacalao, faltaría más- esté a la altura. De lo contrario no pienso preparar otro que no sea ajoarriero, donde las piezas al desmenuzarse no tienen porque ser nobles por necesidad, ya se encargara la salsa que lo cubre de dignificarlo con la ayuda de marisco, jamón o lo que sea. Pero bueno, yo sólo quería escribir una entrada homenaje a las labores culinarias de mi madre, no siempre del todo o suficientemente bien ponderadas a pesar de las remoras de su cocina ultratradicional con el abuso del aceite como la principal de ellas.

Y poco más, hace un día de lo más falso, luce a ratos el sol y corre un viento de lo más cabrito, frío, que sales a la calle en pantalón corto porque el cielo sigue así como de verano, y no, ya amenaza otoño por estos pagos. Tampoco el ambiente se antoja excesivamente alegre, todavía se nota y mucho el agosto de interior o provincia, esto es, la ciudad medio vacía, como que los pocos que iban en bermudas por las calles eran en su mayoría de fuera con guía en mano. Aunque no me quejo, que así al menos se podía pedir sin agobios en los bares, sacarse a la primera el pintxo de tortilla de patatas con gulas, jamón y ensaladilla de chatka de la Malquerida (también había tortilla de patatas con pulpo y otra más tradicional con lechuga), trasegarse pegado a la barra sin empujones un crianza con su pintxo de fritos en el Xixilu o darse de narices con la puerta cerrada a cal y canto del Tximisu, ¿que todo el mundo se tiene que ir de vacatas o qué??? En fin, a ver si hasta podemos escaparnos de los compromisos familiares, de este y el otro lado del Atlántico, y salir un par de horicas a patear lo viejo, tomarnos un kebab, un maxi gintonic en el Maranón -son de traca- no todo va a ser gastronomía terruñal o de autor, qué coñazo, yo como y gozo con casi todo, a veces incluso con los congelados.

viernes, 27 de agosto de 2010

NO COMMENT



Tomado (más bien robado descaradamente) de la entrada de hoy del blog de Miguel Sánchez-Ostiz, www.vivirdebuenagana.com, genial como siempre.

BAIONAKO HOTEL DES BASQUES


Eguneko berria da, berri ona, ederra, hunkigarria ere. Goizean Berria.infon irakurri eta gurasoenera iritsi orduko aitaren ordenagailuari eutsi eta zeozer komentatu beharrean nengoela asmatu dut, halako albisteak ez baitira oso usukoak, hots, benetan txalotzeko modukoak, gogoangarriak. Itsasten dut webean azaldu bezala:

Nora Arbelbide.

Baiona

«Euskararik gabe, galdua da Euskal Herria», argi du Claire Haranek. Argi duen bezala «euskara, euskal kultura eta tradizioak bizirik segitzea» nahi duela. Enbata mugimenduko sortzaileetako bat izan den Ximun Haranen arreba euskalduna sentitzen da, nahiz eta euskara ulertu baina ez mintzatu. Eta, hain zuzen, hark ez bezala gazteek euskara ikasteko, Ipar Euskal Herriko ikastolak biltzen dituen Seaska elkarteari opari bat egitea erabaki du. Euskararen alde, Seaska baino hoberik ez baitu ikusten.

Bere ondasunak ematea erabaki du. Hau da, Baiona Ttipiko San Andres auzoko plaza nagusiari begira dagoen Hotel des Basques izeneko hotela. 200 bat urte ditu eraikinak. Hotela bera, gurasoek zuten zabaldu. Lau solairutan banatua. Apartamendu bat, hogei bat gelako hotela eta behereko solairuko lokal komertziala. 400.000 eta 600.000 euro arteko balioa dauka ondasunak.


Irakurritakoan txunditu besterik ezin dugu egin bizi garen garaiotan, non eskuzabaletasuna hain urria zein susmagarria suertatzen den, batez ere hainbat eta hainbat zilborkorrendako, zer esanik, euskaltzaletasunari dagokionez, arestitik baina ba al dira oraindik egiazko euskaltzaleak? Hau da, urteroko euskal erromerietara parranda giroan, mozkorretan egia esanda, zintzo-zintzo joateaz gain edo batik bat kanpoan edo erdaldunen aurrean daudela bakarrik euskaraz barra-barra egiten dutenak alde batera lagata. Badirudi baietz, oraindik euskarari zein euskalgintzari benetan atxikiak diren euskaltzale zintzo anitz daudela. Harritzen gaitu arras nolabait hain gazteak ez bagarenok gaur egungo euskalgintzaren egoera oso begi ilunez ikusten dugulakoz aspaldikoaren aldean, egiazko atxikimenduari dagokionez behintzat, hots, ahal den moduan euskeraz edonon eta edonoiz egiteko jarrera. Uste dugu gaur egungo gazteriaren atxikimenduak ez dituela aspaldiko indarra zein zintzotasuna, ia dena itxura dela hainbat eta hainbat euskadunen ahotan, ikastolen inguruko mugimenduak hamaika ikastolakume sortu egin dituela, baina haietariko gutti batzuk ez beste euskaltzale zintzoak. Eta Iparraldeko egoeran erreparatzekotan zer esango dugun, etengabe heltzen zaizkigun berriak zein zertzaladak ezin dira etsigarriagoak, negargarriagoak izan. Inkesta gehienen emaitzen arabera euskararen gainbehera ia erabatekoa da Iparraldean, eta baliteke pare bat belaunalditan orain arte euskaldun izan diren etxe gehienetan frantsesa nagusitzea eguneroko hizkuntza bezala. Hala eta guztiz ere, jakin badakigu jende pila dagoela euskara aurrera atera nahian, bai kultura arloan, bai hezkuntzakoan. Benetako arazoa, aldiz, betikoa, betiko lelo ezin ageriagoa eta behin eta berriro salatzekoa, Iparraldean gure hizkuntza ez dela ofiziala jakobinoen estatuan, ez dituela hegoaldean ezagutu eta gozatzen ditugun eskubideak, betiere susmopean ari dela edozein neurri edo hobekuntza aurrera ateratzen saiatzen direnean hango euskaltzaleak. Estatu frantsesak ez du begi onez ikusten gure hizkuntza, izan ere uko egin zion Europako hizkuntza gutxituen gutuna sinatzeari, betidanik oztopo edo izan du, inola ere behar bezalako ofizialtasunik edo gutxieneko onespenik onartu behar ez zaiolakoan delako frantses uniformetasuna badaezpada kolokan ez jartzearren. Eta oraindik kexu ari gara helgoaldean, gutxienez EAEn, non euskara ofiziala ez ezik, gure hezkuntza sistemaren ardatza den neurri handi batean, non tokian tokiko arazoak arazo, ia leku guztietan babestu eta onartua den.

Horregatik da hain hunkigarria Claire Haran anderearen erabakia, Baionako Hotel des Basques hotel famatua Seaska delako erakundeari oinordetzan ematea gure hizkuntzari edo Iparraldeko euskararen etorkizunari mesederik egin ez ezik, oro har hain usu susmopean egon ohi den euskalgintzari ere apartekoa egiten dio, halako oinordetzak nolabait goresten baitu. Seaskak ere emakume honen keinu ikaragarri eskuzabala merezi du.

Ni behintzat, berriro diot, zur eta lur utzi egin nau albisteak.

WIE EINST LILI BERLIN...



Termino esta serie de entradas dedicadas a Berlín, entradas a modo de futuro recordatorio de experiencias vividas y bebidas, evocando los paseos a lo largo y ancho del antiguo y extenso barrio judío. El placer de callejear a paso corto y curioso por las calles perpendiculares a la Oranienburger Strasse donde nos alojábamos. El viejo barrio judío en la que ya no hay judíos, y no precisamente porque emigraran a climas más cálidos, ya nos entendemos. Dicen las guías al uso que el Scheunenviertel llegó a ser el barrio más próspero de la ciudad, consecuencia directa de albergar en su seno a una de las comunidades más emprendedoras que ha tenido nunca el país (el padre del famosos compositor Felix Mendelssohn, Moses, fue uno de sus máximos exponentes, tanto como cabeza de una de esas familias de probada solera comercial e intelectual, como defensor de los derechos de su comunidad, la cual sólo consiguío la plena ciudadanía tras el Edicto de Emancipación de 1812) una comunidad cuya riqueza se refleja todavia hoy en día en la reconstruida Neue Synagogue de la que ya hablamos. No obstante, de los antaño abundantes y grandiosos edificios del barrio apenas queda alguno. No podía ser de otra manera teniendo en cuenta la suerte que le deparó tanto al barrio como a sus habitantes el régimen nazi a partir de la tan famosa como opropiosa Kristalnacht. Aquello, como bien sabemos, fue el pistoletazo de salida de todas las atrocidades que vendrían poco después. Una suerte bien que aciaga la de este barrio berlinés que tampoco resultó sustancialmente mejor durante la época soviética, pues a la persecución sistematizada de sus habitantes y la devastación de los bombardeos aliagos, siguió 50 años de abandono urbánistico y administrativo por parte de las autoridades de la antigua RDA.

De este modo, con el recuedo de lo que fue y que hoy no se ve por ninguna parte, llega uno hasta el Alter Jüdischer Fiedhof o Antiguo Cementerio Judio, el cual albergó desde 1675 a 1827 las tumbas de más de 12.000 berlineses de religión judía. Como era de suponer conociendo la contumacia de los nazis, tampoco las tumbas hebreas se libraron de su barbarie, por lo que el cementerio fue arrasado y tranformado en un parque 1945. Hoy en día, y en lo que podemos suponer un justo desquite por el intento de borrar cualquier rastro de la presencia judía en el barrio, tanto el conjunto de masebas (lápidas) barrocas incrustadas en el muro original del cementerio como un pequeño monumento que representa a un grupo de judíos antes de ser ejecutado conmemoran a los judíos berlineses asesinados en el Holocausto.

Se trata, sin lugar a dudas y de un modo mucho más efectivo que aquel otro del que ya hablé en entradas anteriores, de un homenaje justo y necesario ante el que pocos pueden dejar de sobrecogerse. Otra cosa es que a tenor de algunas noticias la memoria de las atrocidades nazis y semejantes parezca ser apenas una cosa, ya no del pasado, si no incluso sólo de las películas, novelas o por el estilo. Sólo así se explica la frecuencia con la que siguen surgiendo imágenes del lado más oscuro del ser humano, la evidencia de que éste es el único animal que tropieza en la misma piedra no ya una, sino todas las veces que haga falta. Y si la locura asesina, el desprecio a la vida del otro, la humillación permanente y programada del contrario, es el pan de cada día en muchas partes del globo poco más porque resulta consustancial a ese mismo ser humano de puro animal, qué podemos pensar de la soldado israeli, Eden Aberyil, que no sólo cuelga en su Facebook las fotos de cuando se dedicó a humillar prisioneros palestinos durante su servicio militar, sino que encima, cuando se le afea y hasta amenaza con llevarla a los tribunales, va la muy pava y protesta porque no entiende a qué viene tirarse de los pelos por algo que según ella resulta de lo más inocente del mundo, como que es el pan de cada día en los territorios ocupados por el ejército israelí. No entiende, ella que se ha educado bajo la sombra del recuerdo del Holocausto, que todo lo cubre en su país, que todo lo condiciona desde el origen mismo del estado judío. Claro que a la pava esta le habrán hablado de las atrocidades nazis, que la habrán llevado de excursión en el colegio al monumento que tienen los suyos para recordar la Shoa como a otros nos llevaban en mayo a poner flores a María, que cada vez que oiga hablar de los nazis y sus acciones se le antojarán lo más execrable que puede concebir el ser humano. Pero algo habrá fallado en esa educación basada en la memoria del Holocausto cuando años después, ya mayorcita, no sólo no tiene reparos en humillar a sus prisioneros sino que además se atreve a declarar que odia a los árabes, que casi no le parecen ni personas. O no aprendió bien la lección o ese día hizo pira/txikerra/piparra/novillos. Algo muy gordo, muy burdo, ha debido ocurrir en la sociedad israelí para que una de sus miembros haya incubado precisamente los mismo prejuicios e instintos que los verdugos de sus padres o abuelos...

jueves, 26 de agosto de 2010

ALEXANDERPLATZ




Viajar no es sólo recorrer kilómetros, visitar monumentos casi siempre horribles o insustanciales, aburrirse en los museos, perderse en el callejero, exponerse a la gastronomía local, cagar en el baño del hotel. Para el, así llamado, letraherido, término inventado por no sé quién para definir a los apasionados de las letras, a saber si tan sólo a los que dan el coñazo con ellas a todas horas, el viaje también es una ocasión para la évocación literaria, máxime si los lugares que frecuenta ayudan a evocar lecturas o citas.

En el caso de Berlín, como el de casi todas las capitales europeas, la evocación literaria salta casi a cada vuelta de esquina. Siempre hay una calle, un nombre o un simple dato que remite a algo leído, siquiera oído. De ese modo el viajero también va trazando su propio recorrido por los escenarios de sus lecturas o de los autores de éstas.

Claro que si uno viaja en compañía no conviene dar el coñazo conque si aquí vivió tal o cual escritor, que si esta calle o plaza aparece en tal o cual página, que si el personaje de la novela que sólo uno ha leído se inspiró en un fulano de acá o de más allá. Eso como tantas otras cosas mejor reservárselas para uno mismo, rumiarlas en la soledad de los momentos aguardientediosos. Y no tanto por miedo a parecer excesivamente pedante, esto es, más de lo habitual, siquiera a aburrir al acompañante a riesgo de la regañina correspondiente para luego tener que afrontar de morros lo que queda de jornada hasta la cerveza pertinente. No, mejor callar porque las pedanteces literarias no le interesan a nadie. Eso y que casi siempre suscitan un recelo inaudito; la gente no lee, pero le jode infinitamente que encima se lo recuerden.

Otra cosa es cuando la visita a tal o cual lugar se debe casi o en exclusiva a su impronta literaria. Es lo que ocurre con la Alexanderplatz, ya que sólo la fama de la novela casi homónima, Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin, explica el atractivo que todavía tiene una plaza que hoy en día no tiene absolutamente nada que ver con aquella que le dio fama y la convertió en eje de la vida social y comercial de la capital alemana.

La historia de Berlin Alexanderplatz se sitúa en el barrio de clase obrera, Alexanderplatz, en el Berlín de los años 20, y empieza con la salida de la cárcel de Franz Biberkopf. Döblin describe su lucha y su desdicha al intentar buscar por los submundos de Berlín un futuro y su intención de convertirse en "un hombre nuevo". La novela pertenece a la época de principios de siglo XX en los que el género experimentó todo tipo de sacudidas estructurales, conceptuales, argumentales y hasta temporales o crononóligas. Una novela emparentada directamente con el Ulises de Joyce, tanto en su forma como en la figura del protagonista, el antiheroe, y que podemos encuadrar en el género de novelas intrínsicamente ligadas a una ciudad concreta al modo que el Ulises lo está con Dublín o el Tres Tristes Tigres de Cabrera Infante con La Habana. Sea como fuere, si hay que emparentarla con alguna de las novelas de la primera y muy frúctifera mitad del pasado siglo, en mi opinión sería con La Vida Perra de Juanita Narboni del español Ángel Vázquez, tanto por el retrato de una ciudad que ya no existe, en este caso el Berlín de entreguerras al igual que el Tanger de su época como ciudad abierta, como por el fatalismo que acompaña a su protagonista a lo largo de toda la novela (sí, ya sé que el Dublín del Ulises tampoco existe y que Leopold Bloom es tan o más pringado que el berlinés y la tangerina, incluso la Habana de Cabrera Infante sólo lo es anterior al castrismo, pero aún así...). Apenas se trata de una percepción personal, sólo eso, pura subjetividad desmemoriada o ya directamente indocumentada.

De cualquier modo, si estas novelas se parecen horrores lo es casi en el sentido literal del término, pues sin desdeñar en nada sus virtudes, la revolución que supusieron en su momento y lo acertado y único del testimonio que dejaron, la verdad es que estamos hablando de novelas densas como pocas, que requieren no sólo más devoción que atención al texto, sino también un conocimiento o familiaridad con el espacio físico e histórico en el que se desarrollan, a veces incluso con los personajes que en ellas aparecen. Y sobre todo, creo que resulta indispensable sentir cierta disposición a sumergirse casi que en exclusiva en el mundo ahí reflejado, a dejar todo lo demás que tenga uno por leer a un lado y darse de lleno al libro en cuestión. De lo contrario pueden resultar verdaderos tochos impenetrables de no pasar uno por el imprescindible cursillo para iniciados. Incluso puede pasar que rescates el Alexanderplatz de las estanterías con ánimo de releerlo así que por encima, y te des cuenta de que ya no estás para esos trotes, al menos no en esta etapa de tu vida de tanto agobio familiar, profesional y casi que de todo, a saber si más adelante, cuando ya estés más pausado y te brote de nuevo el gusto por la literatura en su estado más crudo, intenso, la lectura hasta de la minucia más intrascedente, de la canciocilla boba e indentificable, el anuncio ramplón o la cháchara insustancial de la nada cotidiana. Vale, todo ello al servicio del gran fresco a lo Brueghel o el Bosco de su ciudad y su época. Pero coño, no abruma poco ni nada tanto lo uno como lo otro, sobre todo en estos tiempos, en lo general y también en lo personal, de incesante trasiego de novedades y compromisos con una cosa y otra, con unos y otros, todo tan agotador como efímero, tan rápido como inconstante.

En cualquier caso, y tal y como pretendo corroborar con las foticos que acompañan la entrada, la Alexanderplatz de Döblin nada tiene que ver con ese otra rodeada de mamotretos de oficinas de la época soviética, el gris hasta en la sopa, no vayamos a ponerle color a la vida que somos comunistas, somos tristes no tanto por principio como porque no nos da para más -para algo más que hormigón y ladrillo, la belleza resulta contrarrevolucionaria o casi-, hoy puro testimonio de ese otro capítulo negro de la historia alemana, y, por supuesto, a rebosar de turistas, titiriteros, puestos de venta ambulante, algún que otro desgraciado de la globalización desharrapada, y, faltaría más, la alegre muchachada multicultural, mucha muchachada, al fin y al cabo, eso y no otra cosa es lo que parece la Alexanderplatz hoy, un inmenso botellódromo donde todo es light, cool o ya en alemán, wunderbar...

miércoles, 25 de agosto de 2010

BURGALESEN NONDIK NORAKOAK


Orain dela egun batzuk Burgales izeneko zezen bat -Feo ere esaten diote Ustarroz nafar abeltzainaren esanetan- Tafallako entzierroaren joan-etorri zoro zein nekagarriez kokoteraino egon eta hesia apurtu, jauzi, eta kalean barrena galdu egin zen mundu guztia izutuz; batik bat kalean lasai-moduan zebiltzan atso-agure zein haurrak, gaixoak... Ikaragarria? Baliteke, baina ez hainbeste, sarri baino gehiagotan gertatu ohi dira-eta halakoak herrietako jaietan.

Harrigarriena, aldiz, oraindio harrapatu ez dutena, herrialdeko aspaldiko ohitura bati jarraituz bere burua mendira bota egin du, mendirantz ihesi joan eta badirudi bertan edo dagoela sasi edo zuhaitz artean ezkuturik, inora joan ezinik, etengabe zelatan badaezpada azaltzen zaizkion hor nonbait, entzierroa bukatu eta arratsaldean bertan edo zezenplazara eraman nahi zuten gizon bihozgabekoak.

Dagoeneko pasa egin da ia astebete eta ez dute harrapatu, irratiaz entzunda baliteke beste lurralde batzuetan alde egina dela mendi zein zelaietan zehar, zimarroi gisa dabilela bere larrua zein adarrak garesti saltu nahian edo. Edonola ere, Burgales edo Feo bilakatu egin da aurtengo El Solitarioren moduko iheslaririk ospetsuena, eta ezin aproposago, zezenketei buruzko eztabaida pil-pilean dagoela hain zuzen ere; benetan esanguratsuak Burguitosen ihesaren nondik norakoak.

EL DESABORIO


Paseando en family hace dos días a la tarde por la casi siempre solitaria calleja de Santa Ana en lo antiguo de Oviedo. T tirando del carrito con el nene y yo persiguiendo a M para comerle el culete. Y en eso que casi tropiezo con una pareja que en ese momento pasaba a nuestro lado. Pues cual es mi sorpresa al percatarme de que se tratan del señor Woody Allen y su exposa-asistente-enfermera-guardaespaldas coreana, la cual lo lleva de paseo cogido del brazo por las calles de la vieja Uvetus.

Pues eso, que nos adelantan a paso no muy ligero, y no nosotros a lo nuestro sin variar nuestro rumbo pero a una distancia prudencial para que no nos confundan con esa gente, ya se sabe, titiriteros, de Niuyor y toda la pesca pero titiriteros al fin y al cabo... Y en esas estábamos cuando de repente, ya a la altura de la calle Oscura, la que más me gusta de todo el casco antiguo de la ciudad por su angostura, su pendiente y lo retirada de la misma, un pareja de matrimonios que al pasar junto a Woody y su señora lo increpan para que se haga una foto con ellos al grito de: "¿eres el Bodialen ese? ¡Sácate una foto con nosotros, venga, no seas desaborio?" Todo esto con acento andaluz a grito pelado de la boca de dos señoras que si se deja el Allen van y hasta le leen la mano y todo. Pues no, el famoso director de cine aparta educadamente a las señoras indicándolas que no es su intención dedicar su precioso rato de intimidad en pareja a menesteres para los que ya se ocupa el resto del día, con lo que prosigue su camino indiferente a las reclamaciones y ya improperios de los señores tan salaos y con tanto arte, ozu mi arma.

Es en ese momento más que en cualqueir otro que consigo aprehender en toda su profundidad el verdadero significado del localismo andaluz "desaborío". Es decir: todo aquel famoso o famosete que por mis santos cojones no se apresta a hacer lo que me salga a mí de los mismos dejando a un lado de inmediato lo que este haciendo en ese momento, ya esté disfrutando de un paseo a solas con su pareja o junto al lecho de muerte de su puñetera madre, pues a ver cuándo voy a tener yo otra oportunidad para sacarme una<em> afoto con un señor tan importante y tal.

Y en eso que nos desviamos y dos calles más tarde volvemos a ver a la famosa pareja a lo lejos en la plaza de Trascorrales, rechazando una vez más la petición de autografo de un señor maduro al más genuino estilo carbayón, esto es, del Cuéntame cuanto menos: las entradas de la calva engominadas o ya directamente embreadas, pantalones beige de pernera ancha, zapatos con borlas y una de esas americanas azul tipo almirante con las letras de vete a saber qué bordadas en color oro junto al bolsillo del pecho; el cual poco más y se postra a los pies de tan egregio personaje tal y como bien podía haberlo hecho antaño a los del mismísimo generalísimo por el que tanto afecto y devoción tenían y tienen -a su heroico callejero me remito- en la muy ilustre y pacata Vetusta. Total, ¿quién coño es ese Woody Allen? Un comicastro al que le dieron el Príncipe de Asturias. ¡Qué? ¡Póngame a los pies de su señora-asistente-enfermera-guardaespaldas...

martes, 24 de agosto de 2010

TACHELES KUNSTHAUS: ARTETXE ALA GAZTETXE?



Badirudi aspaldiko hiri-biltegiak zirela, naziek behintzat horretarako erabili zuten. II Mundu Guda bukatu eta gero erdi hondaturik eta AEDko buruzagiek erabat bota nahi izan zutela. Zorionez, benetan amildu egin zena Berlingo harresi famatua izan zen, eta Tacheles delako etxe zaharra beherala okupatua izan zen hiriko gazte mugimendu alternatiboak. Orduz geroztik bilakatu ere egin zen kultugune benetan erakargarria munduko artista gehienentzat, batik bat ohiko erakustoki zein kritikalari edo martxante handiustekoen iritziei muzin egiten zietenentzat. Bestalde ere, Tacheles delakoak urtero 400.000 bisitari baino gehiago ekartzen ditu bertan egiten diren erakusketak zein ekitaldiak gozatzeko asmoz, ia den-denak mota guztietako gazte talde edo mugimendu alternatiboekin elkarlotuta. Alde horretatik, kultur erakargune aparta izateaz gain Tacheles izeneko gaztetxe erraldoi hau ere kanpitalismoaren kontrako ikur bat ere gertatu egin da azken urteotan bere suntsipenaren mehatxuari aurre egindakoan, erakinaren benetako jabeek behin baino gehiagotan aldarrikatu egin baitute noiz edo noiz amildu eta orubean bertan luxuzko etxebizitzak eraiki nahi dituztela, ezinbestez Mitte izeneko berlinar auzo erakargarrian egonda.

Azken mehatxu hau, ordea, ezta gaurdaino bete, baina balio ere izan du Tacheles artetxe edo gaztetxe ospetsu eta handi honen kondaira areagotzeko nazioartean. Lehen susmopean, orain mehatxupean, ezta harritzekoa gazteongan duen erakarpena, xarma. Horrela izanda, eta batez ere gure Oranienbürger Stasseko hotela ia aldemenean egonda ere, nola ez sartu barruraino kuxkuxean, usnan.

Behin barruan ze esangot, den-dena ikaragarri ezaguna suertatu egin zitzaidan, hur-hurkoa; patio handi bat ondarrez zein sasiz estalita, eraikinaren hormak mota guztietako graffiti alternatibo zein marrazki oso itxuroso edo sasi probokatzaileez gainezka, erakustoki xumeak bainoago arte saltoki guztiz duinak -zergatik ez, agidanez antikapitalismoak ez du zerikusi diru iturri propioak izatearekin, gutxienez bertako artistak aterpe eman eta babeste aldera-, zinema areto txikiak,erdi ezkutuko marihuana soroak... Eta, jakina, nola ez, txoznak nonnahi, beste diru iturri guztiz zilegizko bat antolamendu alternatibo guzti honi eutsi ahal izatearren, zeren bestela akabo, bestela luxuzko apartamentuak betikoentzat, seguru asko, edo neurri handi batean behintzat, hango gazteen guraso askorentzat, baliteke ere bertakoentzat ere ez dakit nik zenbat urte barru txima moztu eta gero ala agian ez.

Edonola ere, Tacheles barrenaldea gargardo hotz bat hartzeko ezin leku aproposagoa aspaldiko errebeldia baten ametsari behin berriro eusteko, itxurak egiteko esan nahi dut; kanutoa esku batean eta bestea airean zintzilika edo keinua nor bere diskurtso apokaliktiko edota antiestablismentaren arabera, maria usaina, zikina, txima luzeak zein kaskamotz antinaziak, palestinoak zein fulare koloreanitzak, alkondara marradunak, halako batean mundua errotik iraultzeko gertu-gertuak. Hau guztiau gure garai zaharrotan bezala, aspaldiko pose sasi-iraultzaile edo doi-doi matxinoak pare bat zerbetzetan oroitu baino gehiago berreskuratuz.

Eta gutxi balitz bezala, hainbeste nazioarteko jendilaje artetik bi ahots, hitz ezagunak, euskaldunak, burua okertu, eta nola ez, horra hor nire herriko pare bat neskatxa maite, nerabe xarmangarriak, ile orrazkera zein janzkera ezin etxekoagokoak, bertakoagoak, orain dela pare bat astebete ere Gasteizko txoznetan edonon barra-barra ikusitako bertsuak. Bada ala ez hunkitzeko modukoa? Ba al da ala ez urte gutxi barru zutik geratuko den gaztetxe bakarra eta gainera EH.tik at.

Ezin ukatu nik gozatu egin nuela bene-benetan bat-bateko denbora bidaia horretan- Espero dut gogoz eta bihotzez Tachales hunkigarria inoiz ez bota izatea, artistek merezi dute, gazteek behar dute, turistei atsegin zaie: Ich hätt´einen Kamaraden...

lunes, 23 de agosto de 2010

NEUE NATIONALGALERIE





Como bien se puede ver, la ilustración que acompaña a este blog en su extremo derecho pertenece al conocido artista alemán Otto Dix, y su presencia no tiene otra razón de ser que mi querencia por una obra de la cual, además, me he valido para tejer el argumento de una de mis novelas.

De ese modo, no es de extrañar que antes incluso de partir hacia Berlin uno de mis objetivos turísticos obligados, junto con la visita inexcusable al Pergamonmuseum por eso de que hay cosas de tal calibre que si se tiene la oportunidad de verlas no hay que dejar excapar la ocasion -aqui me refiero no tanto al conjunto de Pérgamo que da nombre al museo como a la famosa Puerta de Ishtar de Babilonia y a todo lo mesopotámico y así- y el correspondiente consumo desaforado de cerveza alemana y chukrut, fuera el Neue Nationagalerie donde se encuentra parte de la obra de Otto Dix y la mayoría de sus compañeros del llamado arte feroz de entreguerras, como el también admirado Georg Grosz.

Porque se trata de una pintura no apta para gustos delicados, amantes de lo bonito por principio, de lo inocuo en su mayor parte, paisajes y retratos de encargo en su mayoría. Todo lo contrario, lo de Otto Dix y sus colegas del Arte Feroz, no respondía, no podía, a las exigencias estéticas de los pudientes que se dejan sus cuartos en la adquisición de obras de arte, ya sea por verdadera afición o mera inversión. La pintura de Dix y compañía era lo más parecido al panfleto pictórico, al graffiti contestatario con maýusculas, pura subversión al pincel, y también otros materiales, contra el gusto apocado o modoso de las clases medias de su época, verdaderas andanadas ideológicas no sólo contra los monstruosidades de la guerra de la que acacaban de salir, la primera mundial, sino sobre todo contra la frivolidad, los abusos y la desvergüenza de las clases dominantes. De ese modo, Otto Dix y Grosz reflejan en sus obras la decadencia de una burguesía -entre la que a la fuerza se encontraba su clientela, como el banquero Wagener que creó la colección que nos ocupa- de los años locos del Berlin de cabaret y lentejuelas, la debilidad y contradicciones de la Republica de Weimar, el resentimiento de las clases populares, el ascenso de los nazis con la connivencia de los poderes fácticos de siempre, banca, ejército, Iglesia.

Lo tildaron no sólo de arte degenerado por esa falta de gusto que las clases medias conservadoras, y en concreto los nazis que se nutrieron de éstas, suelen calibrar en la fidelidad o no del artista a lo simplemente figurativo. Era un arte que desfiguraba los personajes y los escenarios para destacar su trasfondo sicológico, sociológico o simplemente ideológico, que destacaba lo más tétrico y decadente de esos ambientes y personajes supuestamente glamurosos o no de entreguerras; burgueses en frac con la copa de champán en la mano y jóvenes alocadas con sus collares kilométricos, sus vestidos de lentejuelas y su desparpajo puteril, banqueros, curas y militares con su alma de zombies hambrientos al descubierto, los lisiados de la guerra y de la vida en general. En fin, que lo hacía también con muy mala leche, la que deriva del espírítu crítico, borrachos y putillas de toda clase, todo lo que una persona de orden jamás se habría atrevido a reflejar en sus lienzos, como que no les llovieron pocas hostias ni nada. El pintor metido a pintamonas, a cronista de su época y no sólo al servicio de mecenas o la institución de turno. Era la pintura de la verdadera libertad creativa del autor, la que le permitía la crítica y sobre todo la ironía o el sarcasmo en los temas que trataba, vulgo, tocar los cojones al mandamás de turno, agitar conciencias o sólo molestarlas. Era y es una gozada, pioneros de lo que vendría más tarde en forma de mil y una escuelas de artistas inconformistas y contestatarios, lo que ya apenas se encuentra en otro sitio que no sean los comics o por el estilo. Sólo el placer de poder ver una de las obras de Dix y compañía in situ merece la pena una visita a Berlín, mucho más que cualquier otro atracón de arte en cualquiera del resto de gradilocuentes museos berlineses de los que elegimos pasar porque lo bueno si breve dos veces bueno, uno al día y con las horas justas para no atorarse ante tanto cuadro o estatua sobra y basta. Lo contrario es autoflagelarse, y sobre todo, desmerecer la atención que exigen muchas de las maravillas que atesora la capital alemana.

MUNDU TXOROA ALA TXOTXOLOA?


Behin berriro Euskadiko Irratiaz entzunda gaur goizean ordenagailuaren aurrean jotake ari nintzela, munduko garagarorik garestiena, Eskozian egindakoa, 600 euro botila bakoitzeko. Badirudi garagardoa ez dela aparteko ezer, gogorra bai, hainbeste balio duena ordea edukiontzia da, animalia desekatuak baitira: urtxintzak, azeriak, untziak... Hau da, 600€ ordaindu eta gero piztia baten muturrari eutsi eta zurrutean egin behar. Piztia ala bitxia? Ene Jainkoa, entzun beharrekoak, eta zenbat eta halako zerbeza gehiago edan, gero eta exklusiboagoak izan, nolako memelokeriak egin, halako maila erakutsi. Negar ematekoa, bai, gero eta pitokeria gehiago asmatzen baitute handiusteko zein babaloreen merkatua asetzearren.

Ez dakit ba, baina gagardozale amorratua naizen aldetik albiste honek lotsatzen nau, aberatsek, berriek zein zaharrek, aztoratzen nauten neurrian, nire uste apalean eskaera beti eskaintzaren aurretik baitago, hau da, ez balego hainbeste ergel, lerdo dirudun ez zuketen halako lerdo-zentzugabekeria asmatuko.

viernes, 20 de agosto de 2010

OBITUARIO




Fallece Carlos Hugo de Borbón y Parma, la cabeza dinástica de la Casa Borbón-Parma, la rama carlista que desde 1832 y hasta finales de 1970 pretendió situar a los Borbón-Parma en el trono de España. La noticia debería pasar como una mera anécdota de sociedad, apenas un retazo curioso, anacrónico, de nuestro pasado más cercano.

Sin embargo, y tras ojear varios de los blog que sigo y leer algún que otro obituario sobre el personaje en la prensa terruñal, no puedo sino sumarme al recuerdo, no tanto del pretendiente y su figura, tan curiosa como controvertida, sino del carlismo como un fenómeno que de alguna u otra manera forma parte tanto del acervo político como del sociocultural y hasta familiar de las tierras vasco-navarras donde éste tuvo su más amplió y, sobre todo, fiel apoyo; no en vano fue en el territorio vasco-navarro donde los carlistas fueron hegemónicos, sobre todo en el campo (en alguna medida lo siguen siendo si reparamos en los apellidos de muchos de los actuales alcaldes de ciertas poblaciones, en especial navarras y alavesas, estirpes inagotables de caudillos de derechas a la sombra de no importa qué bándera) y donde se desarrollaron los episodios principales de las primera y tercera, guerras carlistas (llamadas aquí 1 y 2 a secas), tampoco hay que olvidar que sólo en el territorio vasco-navarro consiguieron formar un verdadero ejército gracias al apoyo de las diputaciones que nutrieron el mismo mediante las llamadas milicias forales de cada provincia, y fue también allí, y más concreto en Estella, donde tuvo su cuartel general el Pretendiente y sus generales, siempre hasta la derrota final.

De este modo, la noticia de la muerte del último pretendiente de los carlistas podría pasar por una efeméride sin mayor trascendencia. No obstante, el carlismo no sólo fue un episodio histórico cuyo recuerdo aparece ya entre las brumas románticas de sus guerras decimonónicas con sus uniformes, las azañas y salvajadas de cada bando, sus personajes entre lo heroico y lo simplemente canallesco a lo Zumalakarregi o Cura Santa Cruz. El carlismo duró como movimiento político hasta nuestros días, y lo hizo a pesar de sus derrotas como fuerza hegemónica del campo vasco-navarro, como movimiento más que partido en defensa de la tradición y la religión, lo primero reducido prácticamente a la reivindicación del sistema foral vasco-navarro que el estado central había abolido del todo tras la derrota durante la última carlistada (aquí habría que hablar y mucho de la acción de estas autoridades centrales tratando al país vasco-navarro como territorio ocupado, vencido, hay mucha bibliografía, mucho documento y testimonio no escrito en vías de extinción, bastaría con releer a Pablo Antoñana para hacerse una idea, y aún así se trata de un episodio minimizado, oculto y hasta negado dentro de la propaganda oficial al uso, y ello a pesar de su trascendencia para explicar el posterior desarrollo del nacionalismo vasco y, sobre todo, los derroteros que éste tomó donde antaño fue el coto de los de la boina roja). En cuanto a la religión, el carlismo fue de un extremismo católico, ultramontano que se decía, de una intolerancia muy al estilo de lo que hoy podemos ver en el integrismo islámico, que apenas podía haber tomado arraigo en otro lugar que no fuera el País Vasco-Navarro con su versión tan particular, tan poco latina o, como dicen ahora algunos entendidos, casi luterana avant la lettre, del catolicismo.

El carlismo para los de casa fue la resistencia armada y apenas callada de las clases populares del país, tanto frente a la abolición foral, como a lo que ellos consideraban la postergación de la religión en manos de gobiernos liberales. Esta sería una descripción muy del gusto de los amantes del cliches, muy ajustado a los lugares comunes sobre el carácter de los naturales de nuestra tierra, por lo general, y pese a todos los cambios habidos y por haber, una gente amante de lo viejo y del privilegio, fanáticos de lo suyo como pocos, meapilas, sujetacirios y comehostias a todas horas, cerrada e intrasigente por naturaleza, de convicciones de piedra y a pedradas, impermeable al progreso e incapaz de dar su brazo al torcer así les echen unas cuantas guerras encima y los correspondientes estados de excepción. Sin embargo, ya lo siento por aquellos a los que los cuatro tópicos de rigor les valen para despachar todo aquello que no entienden o no les gusta, el carlismo no se explica, casi nada lo hace, por la supuesta idiosincrasia del pueblo vasco (alguno les revienta y mucho hasta la existencia de este término tan de uso corriente entre nosotros, nacionalistas y los que no lo somos), sino más bien, y casi siempre, por la coyuntura socio-económica de sus sociedades, eso que el viejo Marx denominaba la superestructura y que supongo que a alguno le sonara de algo.

Resumiendo, pese al feroz o ultramontano catolicismo de los vascos-navarros y su apego poco más que enfermizo por lo suyo, el carlismo respondió sobre todo al miedo e indignación frente a los cambios del estado liberal, en especial la abolición de un régimen foral que durante siglos había servido de punto de encuentro de nuestra sociedades en todos sus aspectos. De ese modo, y casi de la noche a la mañana, el estado español abolió no sólo los privilegios de la pequeña aristocracia vascongada, nuestras instituciones seculares, sino también las leyes ancestrales por las que se regía el intercambio económico de nuestros pueblos y más en concreto las aduanas que protegían a los pequeños productores vasco-navarros de los grandes de allende el Ebro. En consecuencia, y sirva esto sólo como ejemplo, los pequeños viticultores alaveses y navarros se vieron arruinados por la afluencia a los mercados de la provincia del vino de la Rioja castellana, más barato y abundante que el alavés o el navarro, como que de repente todos los gravámenes que protegían este y otros sectores productivos del país se vieron compitiendo en desventaja con las grandes producciones del resto de España. El liberalismo había sido impuesto por la fuerza de las armas sin términos medios, y si bien las clases urbanas vasco-navarras se beneficiaban de esa ampliación de mercados, las populares y la vieja aristocracia agraria arruinada, se vieron en la tesitura de transformarse o morir, eso cuando nadie las había preparado para lo primero, cuando los únicos beneficiados resultaron los listillos al uso, los eternos aprobetxategis, los siempre bien situados al arribo del poder, del vencedor de turno.

Sólo teniendo en cuenta esa perspectiva económica se puede explicar lo profundo de la resistencia al nuevo estado liberal y lo duradero de la misma. Otra cosa es que la resistencia se hiciera de la mano de la reacción, en defensa de un pasado idealizado y de un régimen, el foral, que empezó a tener connotaciones cuasi míticas en el imaginario de nuestros paisanos. Conociendo el país y la época no resulta extraño, más bien lo habría sido todo lo contrario, que esas masas populares de campesinos, pequeños asalariados, aristócratas rurales o jauntxos venidos a menos y curas trabucaires, no se hubieran decantado por la defensa acérrima, sobre todo violenta, del anterior estado de cosas, de ahí la absurda pretensión, como muy del terruño, de solucionarlo por las bravas, esto es, colocando a la fuerza en el trono de España a un pretendiente Borbón que previamente había jurado restaurar y defender el régimen foral en su intregridad. Así llegó el carlismo de derrota en derrota, pero aumentando tras cada una de ella la aureola romántica de luchadores tan feroces como tenaces, generación tras generación, siempre esperando la siguiente oportunidad, preparándose desde pequeños para una nueva guerra, que sólo rendían sus armas ante una victoria total, aplastante, del enemigo, un ejército de voluntarios siempre en inferioridad de condiciones y medios que aún así había puesto en jaque en más de una batalla a todo el ejercito español con su inmenso poderío. Los carlistas, y más en concreto sus voluntarios armados, fueron tan temidos y odiados como admirados a regañadientes por sus principales y más cercanos enemigos: los liberales vascos, las clases urbanas del páis. Qué decir de Zumalakarregi, convertido en el imaginario del país en el èmulo de un Napoleón vascongado, o en el cura Santa Cruz como un antecesor de los actuales etarras.

Sin embargo, el carlismo siempre fue un movimiento integrista y reaccionario, así llegó a la Guerra Cívil, por eso luchó en el bando de los militares golpistas contra la República democrática, por eso también asesinó a miles de sus adversarios, sobre todo en Navarra, (aunque ahora muchos pretendan revisar la historia dando a entender que la represión en Euskal Herria fue cosa de unos pocos falangistas y encima casi todos venidos de fuera), y también por eso tras la victoria, la única que alcanzaron, ocuparon casi todos los puestos de mando y poder en nuestras provincias. Suyas fueron las diputaciones, la mayoría de las alcaldías, incluso los puestos medios de la administración y muy en especial en la policía foral de Álava y Navarra, nadie les hizo sombra, al menos no fuera de las ciudades.

Entretanto, su último pretendiente, don Jaime, educado en las mejores universidades de Europa y hombre de fina cultura e ideas avanzadas, se oponía a los nazis en Francia, denunciaba los excesos del franquismo, y de esa manera legó el trono teórico a su hijo Carlos Hugo, el cual honrando la memoria del primero puso los cimientos de la evolución, acaso revolución, del movimiento político que le había sido legado por una mera cuestión de hemoglobina; esa es la gracia de todas las dinastias monárquicas y por el estilo. A partir de ese momento, el recién fallecido pretendiente carlista empujó a los suyos a la denuncia del régimen franquista, incluso se sacó de la manga la cosa aquella del socialismo gestionario a la yugoslava, su peculiar manera de conciliar las aspiraciones forales con la unidad española, y en general, animó a sus devotos hacia las ideas progresistas, quién lo iba a decir, los abuelos no se lo podían creer, los nietos fruncían el ceño y los padres se engañaban con una redención a última hora por los pecados de décadas de connivencia con el franquismo.

Eso le costó la ruptura al movimiento, trágicamente consumado tras los sucesos de Montejurra, pero también el desconcierto de una masa social, en especial la vasco-navarra, que apenas podía concebir que los que habían ganado la guerra, matado a cientos de paisanos durante ésta, y disfrutado de las ventajas del régimen franquista casi en exclusiva se convirtieran de la noche a la mañana en opositores, más a la izquierda de lo que nunca se había visto u oído por estas tierras. No se lo tragó nadie. Carlos Hugo ni siquiera consiguió sacar su escaño por Navarra a las Cortes Españolas, y si no lo hacía allí, estaba claro que ya no lo haría en ninguna parte. Pero el carlismo no se diluyó, más bien migró hacia opciones políticas más acordes con los tiempos. De ese modo, si antes de la guerra había empezado a disputarse su hegemonía con el nacionalismo vasco en las provincias cantábricas y apenas era discutido en Álava y Navarra, a partir de la transición la gran mayoría de sus partidarios evolucionó hacia en nacionalismo vasco, cambió el rey por la ikurriña a la vez que conservaba la llama de la reivindicación foral, sobre todo en los medios rurales alaveses, guipuzcoanos y el norte de Navarra. En el resto de esta última provincia dio a parar en el navarrismo, la versión navarra de un regionalismo de derechas ultracatólico que por culpa de los errores anexionistas de los vecinos vascos fue a dar también en un antivasquismo primario, de matar al padre sobre todo, ese que nunca antes habría renegado de su condición de vasco y navarro al no ver en ello contradicción alguna. Y aún así, resulta bastante paradójico el gran número de familias de esa comunidad de probado abolengo carlista cuyos miembros militan en uno u otro bando. No por nada dicen muchos expertos que tanto el nacionalismo vasco como la derecha navarra no són sino la versión actualizada de un carlismo al que hacía tiempo ya que le sobraba la boina roja y la opción monárquica para defender lo de siempre: Dios, Patria y Fueros.

Así murió el carlismo y con él hoy lo ha hecho el último de sus pretendientes. Con todo, y si tenemos en cuenta su evolución ideológica para alguien que venía de donde venía, un más que digno epílogo de esta reliquia de la histórica, el único aspirante a rey de España que antes podría haber sido profesor en la Sorbona a diferencia de su primo Juan Carlos (otra cosa es que para la inmensa mayoría de los monárquicos mediáticos las principales cualidades del su rey no sean tanto las intelectuales como su don de gentes y simpatía, lo que, unido al hecho de que de su heredero apenas destaquen su prestancia y guapura, da mucho que pensar de lo que considera el común de los españoles que deben ser las cualidades de sus representantes por disignio divino...) el cual durante su visita de hace un año o así al recién inaugurado Museo del Carlismo en Estella, ofreció la imagen ya postrera e inevitablente triste del carlismo con su rostro demacrado por la enfermedad terminal y la anacrónica boina roja en la cabeza; parecía una pieza más del museo, o más bien eso es lo que era, una reliquia andante. La Historia no perdona ni los errores ni las excentricidades.

HALA ETA GUZTI, GIZALEGEZ ERE: AGUR ETA OHORE ERREGEARI: GOIAN BEGO ON CARLOS HUGO!

jueves, 19 de agosto de 2010

A SALTOS SOBRE LOS ATAUDES DE LA MEMORIA


Situado en un gran terreno entre la Puerta de Brandenburgo y los restos enterrados del búnker de Adolf Hitler, caminamos entre los bloques del monumento en honor a los judíos asesinados en Europa de arquitecto estaunidense Peter Eisenman, 2.711 pilares que se extienden en altura desde unos pocos centímetros a 4,7 metros y forman una densa trama a través de la cual los visitantes puedan caminar

Desde una cierta distancia, el sitio parece un oscuro y apacible océano. Mientras uno desciende por el terreno desigual, en pendiente, hacia el monumento, los pilares de cemento se vuelven más imponentes, vistos desde diferentes ángulos, y comienza a perderse el ruido de la calle.

Dice la nota de rigor que la experiencia de caminar 'en el monumento' intenta crear una sensación de inquietud y soledad, y alentar también la discusión sobre el destino de los seis millones de judíos que murieron a manos del régimen nazi. Pues bien, en esas estábamos, yo al menos lo intentaba, cuando de repente vemos a un mocoso pegando brincos de uno a otro de esos bloques, que se suponen que simulan tumbas. Era obvio que el chaval prentendía batir un record personal o así viendo hasta dónde podía llegar dando brincos. Lástima que como era de prever, al rato apareció el correspondiente guardia uniformado persiguiendo al pequeño atleta a la vez que profería incompresibles gritos gérmanos de los que imagino algún que otro achtung, achtung, keine Scheiskerl... A saber si el agente lo perseguía visiblemente indignado por la profanación que el crío saltarín estaba llevando a cabo o simple y llanamente en respuesta al alto sentido del deber del funcionario alemán, ya sea a la hora de perservar la integridad de tan delicado monumento o la del cesped de un jardín cualquiera de la capital alemana. El caso es que el chaval, ni corto ni perezoso, hasta se permitió el lujo de regatear con el guardia las condiciones de su descenso, como que me pareció que le decía que, de acuerdo, me bajo, pero antes que dejas que brinque hasta aquel bloque porque aquí está muy alto y me la puedo dar.

En fin, una anécdota tan tonta como significativa de la insustancialidad metafísica de algunos monumentos para consumo exclusivo de almas sensibles y artísticamente comprometidas o simplemente estudiadas que se pueden permitir el detalle de ahondar el los entresijos conceptuales del arte moderno, por muy a la vista que éste la pretensión del artista con semejante cementerio de hormigón o de lo que sea. No obstante, si tan trascendente como delicado era el motivo que justificaba el levantamiento de semejante mamotreto en pleno centro de la capital germana, no hubiera estado de más una simplificación del mensaje, siquiera un acercamiento al gusto estético del común de los mortales por muy vulgar que resulte éste. Luego pasa lo que pasa, como en el cuento del Traje del Rey Desnudo, que va un puto crío y le da por dar saltitos ahí donde sólo ve unas piedras amontonadas.

Y por si fuera poco la discusión que genera este monumento, y como ejemplo de la complicada relación del pueblo alemán con el recuerdo del Holocausto, no por nada el cuento de la desnazificación tiene miga y mucha, aquí va el recordatorio de la polémica que suscitó en su momento el periódico suizo Tages-Anzeiger al publicar una serie de artículos presentando como un escándalo que la compañía Degussa estuviese involucrada en la construcción del monumento al producir la sustancia anti-graffiti llamada Protectosil usada para cubrir las estelas, dado que la compañía había estado en el pasado involucrada en diferentes formas de persecución nazi contra los judíos.

Cuanto menos curioso...

miércoles, 18 de agosto de 2010

ORANIENBURGER STRASSE







Moderno y, supongo que también eso que dicen coqueto, hotel en la Oranienburger Strasse, al norte de la ciudad y eje central del que hasta la II Guerra Mundial fue el Scheuenviertel o corazón del extenso barrio judío de la ciudad. La guía al uso dice que pese a la riqueza que atesora, o más bien precisamente por esa, por haber sido atesorada por la raza maldita cuya trágica historia parece asaltar al viajero en cada uno de sus rincones a poco que vaya un poco léido o preste la debida atención a la placa conmemorativa de rigor, fue abandonado a la desidia durante 50 años tras la devastación nazi, los bombardeos aliados y la indiferencia de la antigua RDA tras cuyo tan famoso como ignominioso muro permanecía olvidado.

Hoy en día, transcurridas dos décadas desde la caída del muro en cuestión, el barrio, y más en concreto esta calle donde nos alojamos, parece haber recuperado el encanto que tuvo en su momento, en especial durante los años 20, como zona que atraía a artistas, escritores y activistas políticos. Uno llega por primera vez, de noche y directo desde el aeropuerto en metro, y cuando sube al exterior se topa con el gentío que bulle por la calle al reclamo de todo tipo de comercios y establecimientos hosteleros con sus luces de neón, su decoración cada cual más estrambótica, hortera con sólo mirar a la decoración de muchos de éstos, más de un solar reconvertido en improvisado aparcamiento y edificio en ruinas, la elegancia de la mayoría de los edificios recién restaurados, algún que otro pegote moderno, y también más de un detalle muy, pero que muy, significativo de lo que no tiene que fueron otros tiempos de decadencia y también de rebeldía, hoy siquiera sólo capital europea de la juventud y también del movimiento gay, cuya sincera aceptación y asumida normalidad ya me imagino yo que les gustaría poder disfrutar a los de Chueca, apenas algo más que un mero reclamo turístico de unas autoridades cuya inmensa mayoría de miembros siguen hablando por detrás de maricones o invertidos como el mayor insulto que se les puede hacer a los de su especie engominada y no.

Pero todo a su tiempo. Uno llega con las maletas a cuestas como si lo hiciera en pleno bullicio sanferminero o por el estilo, con la calle a rebentar de juventud alegre, ebria, y a saber cuánto también de combativa, por todas partes. Estamos en el centro de la capital del país que según la prensa de la semana dice que tira casi en exclusiva del carro de la ecomonía europea, la que a poco que se empeñen los boches nos sacarán a todos de la crisis que padecemos y a ver luego quién tiene la desfachatez de meterse con su cánciller porque desdeña de su corte de pelo o de su sobrio gusto en el vestir, no hay por ahí poco machismo mal disimulado ni nada.

El caso es que grupos de jóvenes y fornidos germanos y no berrean a nuestro paso cerveza de medio litro en mano, otros descargan el contenido de éstas en la entrada de un banco, a saber si a modo de protesta antisistema, por qué no, o ya, más acorde con el sentido germánico del orden y tal, en el interior e la papelera de turno, si es que hasta para hacer el gamberro son de un ordenado que espanta... Y qué decir cuando nos acercamos hasta nuestro hotel, poco más que pensábamos que ya lo estaban derribando al ritmo que va la economía alemana de marras. Pero no, no hay escavadoras por medio sino el retumbe de los mega altavoces que vomitan música, o algo por el estilo, que llaman rave y chill out desde el famoso Tacheles, epicentro de la cultura alternativa, cutrosa más bien, y por ello no menos exclusiva, ya creo haber tocado el tema, que junto a otros edificios medio en ruinas de las cercanías, y tras la correspondiente ocupación, han sido destinados a la cultura alternativa, lo que viene a ser mucho melenudo con tucos y camiseta a rayas entre paredes descolchadas, sucias o cubiertas de todo tipo de graffiti con ínfulas subversivas o casi; vamos, lo que viene a ser un gaztetxe de los del terruño con más metros cuadrados, decibilios y prácticamente la misma cantidad de mugre. Ya le dedicaré otra entradica a Tacheles, merece la pena con sus txoznas en el patio, el arte pictórico de los muros y sus eslóganes como que ya definitivamente anacrónicos, su campo de maría entre la maleza y sus vasquitos y neskitas de vacatas alternativas; enternecedor.

Lo curioso es que justo enfrente, no a unos metros ni a la vuelta de la esquina, sino justo en la acera de enfrente o vecino al chiringuito del kebad o de las würtzen con curry que también dan fama a esa parte de la ciudad, se suceden casi sin interrupción una serie de grandes y pretendidamente elegantes restaurantes de comida de todo tipo, italianos, mejicános, árabes, japoneses, chinos, vietnamitas, la franquicia norteamericana de turno a la que no hay que hacer propaganda ni por descuido, incluso alguno de esos alemanes que expeden chukrut en cantidades industriales, y en general toda una pleyade de locales de grandes dimensiones cuyas lustrosas terrazas invaden las amplías aceras de la Oranienbürger Strasse en alternancia con galerías de arte, tiendas de artesanía, oficinas de seguros, estudios de arquitectos, alguna que otra frutería y otros baretos no tan elegantes pero sí, o al menos en apariencia, mucho más bullangueros y borrachuzos, a destacar el que recibía el nombre de VIVA ZAPATA, así en castellano, y otro que tal con el Che Guevara y la Revolución Cubana a modo de reclamo para nostálgicos de la cosa o simplemente para libadores de mójitos, caipirinhas y demás combinados exóticos.

Pero no todo es jolgorio o comercio, el la calle que nos ocupa también se encuentra Die Neue Synagoge, la Nueva Sinagoga que no es sino la antigua de 1866 reconstruida tras su más que tormentosa historia, una vez más, y como tantas cosas en esta ciudad, en especial en este barrio judio, no sólo durante el periodo nazi sino también durante el posterior. La cúpula de la sinagoga es de tal magnitud, y el oro que la cubre brilla tanto, que prácticamente no hay rincón en lo que es el centro de Berlín desde el que no se la pueda divisar, lo cual resulta verdaderamente paradójico, se diría que hasta de justicia divina o lo que sea, cuando se mira la estampa del centro con la Nueva Catedral,Der Berliner Dom, protestante en el centro con su tremenda cruz rematando su correpondiente cúpula y, a pesar de toda la magnificencia de ésta, siempre sobresale a sus espaldas, en el horizonte, la cúpula con sus ribetes dorados de la sinagoga.

La reconstrucción, iniciada en 1988, fue completada con el edificio contiguo del Centrum Judaicum, esto es, un archivo-biblioteca de todo lo relacionado con la cultura judia y más en concreto con la rama jidish o de lengua alemana. La acera junto al centro es el único tramo que aparece acotado en su mitad, dado que suele estar permanentemente vigilado por la policía; aunque, si reparamos tan sólo en las barrigas y la edad ya al borde de la jubilación que lucen la mayoría de los agentes de policía que se ven de la mañana a la noche, no creo yo que la perspectiva de un ataque neonazi o por estilo sea lo que se dice algo inminente.

Y ya casi para rematar esta concisa descripción del caserío y la fauna que puebla la Oranienburger Strasse, subrayar que a este viajero de latitudes más pacatas y provincianas le llama poderosamente la atención, no ya la abundancia de las prostitutas callejeras y lo exuberante de sus formas y atuendos, la mayoría de ellas jovencísimas y preciosas chicas del Este, también la mayoría de ellas rubicundas como parece que deben gustarles a las cuadrillas de jóvenes alemanes de los que hablaba al principio, sino sobre todo la preciosa normalidad con la ejercen su oficio a plena luz del neón de los establecimientos nocturnos, entre un restaurante de lujo, o de todo lo contrario, el puesto de kebab con sus turcos o el chino su chinita apenas visible tras el mostrador de la furgoneta desde la que expide sus rollitos de primavera, y el alternativo con tucos o la patrulla de la policía que cuida la sinagoga y su centro, a apenas un par de pasos de la mesa donde cena alegramente el pijerío germano o el turista de todas partes, también al lado de la vomitona junto a la entrada al gaztetxe alemán de turno o de cháchara con el agente de la Polizei que a esas horas de la noche está más que aburrido de ver cómo se divierte todo el mundo, y hasta follan previo paso por el cajero, todos menos él.

Fascina, claro que fascina, esta normalidad con la que se ejerce la profesión más vieja del mundo, otra cosas son las historías que haya detrás de tanto maquillaje, esos escotes poco más que testimoniales o sobre los zapatos con plataformas imposibles que ayudan a que ningún cliente potencial se confunda a la hora de reclamar sus servicios. Y es que entre la fauna femenina que puebla y transita sin parar por la Oranienburger Strasse se ve todo tipo de moza y de todas partes y estilos, que como no estés muy fino o recién llegado del pueblo puede que te ganes un tortazo por equivocarte al dirigirte a una de ellas, tan mezclado como está todo el mundo. Aunque lo dudo, ya digo que reina la normalidad, nadie se escandaliza por el comercio del amor, la parranda alternativa o los altavoces a todo volumen de los restaurantes y pubes vierten horteradas sonoras sobre su clientela cómodamente instalada en sillones y sofás a la intemperie con el correspondiente cubata o cocktail en la mano o sobre la mesita a poco más de ocho o diez euros, jamás se les ocurra pedir uno de Banana Boat por mucho que les guste la versión de Harry Belafonte, a no ser que sientan una atracción irrepremible por el sabor a plátano mejor inclinarse por los combinados de toda la vida como un buen Gin Tonic, seis euros lo sumo.

En resumen, uno pasea por la Oranienburger Strasse arriba y abajo varias veces al día, y casi resulta inevitable concluir que, dejando a un lado las grandilocuencias arquitectónicas de todas las capitales de país con sus museos, catedrales, edificios históricos y gubernamentales, con sus Puerta de Brandeburgo o el testimonio del horror o el sinsentido de la guerra con la Kaiser Wilhelm Gedächtniskirche tal y como quedó tras los bombardeos de la II G.M, así como a falta de un conjunto urbano destacable, bello o simplemente armónico como resultado de lo que no deja de ser una ciudad levantada sobre sí misma, con retales apenas acabados o siquiera fidedignos de lo que pudo quedar de pie tras los bombardeos y mucho experimento arquitectónico, cuando no simple mamarrachada del arquitecto de turno con pretensiones de genialidad a toda costa y mucha carta libre, el verdadero espíritu de la que dicen la ciudad más joven y libre de Europa no se encuentra precisamente en sus obligados monumentos o su insoportable pretenciosidad urbanística, ni siquiera en la memoria histórica que pese a tanto cambio, a saber si pura o dura ocultación, rezuma por todos sus rincones y muy en especial en la decadencia de muchos de los barrios que en su tiempo pertenecieron al paraiso socialista, sino más bien en el ambiente juvenil, alegre, libre o al menos desinhibido y decididamente cosmopolita que reina en la calle donde nos alojamos. Podría soltar la tremendidad pedantesca de que es el Berlín que resulta de siglos de belicosidad prusiana y en especial de padecer los peores dos ismos de la intolerancia del pasado siglo. Pero ya, ya, uno repasa la Historia de la ciudad y enseguida sospecha que después de muchos altibajos, entre épocas de rigores de todo tipo e intolerancia y fanatismo a lo nazi o soviétivo, siempre ha habido también otras de libertad desaforada y feliz prosperidad con mucho cabaret a lo Liza Minelli y producción cultural y científica casi que a borbotones. No me cabe duda de que la de ahora es probablemente la más larga que ha conocido nunca esta ciudad hecha y rehecha. Pues que dure y mucho.

ZURUCK DA ITZULI


Bukatu zaizkigu oporrak eta ni ikaragarri pozik dagoeneko haurretaz kopetaraino nengoelako. Azkenik berreskuratu egin dut nire egunerokotasuna ordegailuaren aurrean, nire gauzaetan murgiltzeko irrikan nengoen, bai horixe. Gaur arte etxean neskame lana ez beste egiten ez nuelako, guztiari adi nireari izan ezik, beti bataren zein bestearen atzetik errieta eginez zein deidarrei adi-adi badaezpada, neskalagunarekin tirabiraka etxekoaren kontura. Gaurkoan, ordea, idazteari zein zuzentzeari ekin diot behin berriro, duda izpirik gabe benetan eta ia-ia bakarrik bizirik sentiarazten nauena, bestela akabo, bestela atsekabetzen naiz denbora alperrik galtzen ari naizelakoan.

Bestalde, itzuli ere itzuli gara Alemaniatik, hamaika gauza kontatu zein blogean sartzeko gertu, gogoa bor-bor dut, ea horrela behintzat gero eta itogarriagoa begitantzen zaidan egunerokotasun petral honetatik ihes egiteko parada dudan, ezin aurrera edo inora ez doakidan honi guzti honi muzin eginez edo gutxienez zer edo zer idaztearren, ez baitut oso gogo handirik aterabiderik ez duten hainbat idazlan tiraderan gordetakoan beste berri bati eusteko, gogoan hartuta bai, baia adorerik ez, zertarako ote, beste bat tiraderan bertsuan sartzeko edo? Ez du merezi, eta hala eta guztiz ere badakit eutsiko diodana nola edo hala nire patu beltza baita alperrikako lanetan jardutea.


Aitortu beharrean nago Berlingo azken egunotan ikaragarri ondo, primeran, igaro dudala T.rekin, egundokoa goxatu dudala kalean behera eta gora, hirian barrena tipi-tapa, batzutan ere dinbili-dandala, ea nola edo nolako pasadizoak blogeratzen ditudan inor edo inoz aspertzeke, bai azpimarratzekoak suertatu zaizkidan pasadizu barregarriak, bitxiak edota hor nonbait eta beti ezustez atera ditudan zirrarak zein gogoetak. Azken finean, idaztea horixe baita, zirradaz zein gogoetaz istoriotxoak harikaltzea; bis Später.

jueves, 12 de agosto de 2010

URTEROKO LELO BENETAKOA

LA CHAQUETA TRICOLOR


El sábado de la semana pasada durante la comida en casa de mis padres con mis recién llegados parientes de Venezuela, hablando de lo que siempre se acaba hablando desde hace años con cualquier venezolano, de su rumbero presidente, el teleautócrata y showman Hugo Chavez, pergeñador de ese socialismo con maracas que dice beber tanto de las fuentes del legado bolivariano como del ejemplo, fallido como todos los de su especie, castrista.

Nada nuevo que reseñar a lo dicho u oído mil veces antes, nada por mucho que disfrutara escuchando después de tanto tiempo a mi locuaz prima Adriana con su exhuberante y hasta hipnótico acento caraqueño, una expresividad más que un habla que me encandila desde siempre. Y digo nada porque, exceptuando el testimonio personal de la parentela, ya casi todo parece estar dicho o escrito sobre tan extrafalario personaje, antiguo comandante golpista que por mor de una afortunada intervención televisiva en los momentos previos a su detención tras la fracasada intentona del 92, puso los cimientos de un movimiento revolucionario que tras las elecciones e3 1988 puso fin al entonces vigente régimen bipartista y latrócrata que había gobernado Venezuela a mayor gloria de una oligarquía sustentada en las ganancias del petróleo y poco más.

A partir de ese momento, y sobre todo con la proclamación de la Quinta República, se inició un movimiento que él televisivo prócer tilda de continuo como de revolucionario, el cual mezcla la mitología nacionalista bolivariana con un socialismo que dicen de nuevo cuño, del Siglo XXI, pero me mira siempre de reojo a Cuba como pozo inagotable de consignas demagógicas para contento de la masa social empobrecida que apoyó desde sus inicios a su comandante en maracas, una masa resentida, y con razón, de tantas décadas de ostracismo dentro de su propio país.

Este socialismo caribeño que amaga todo el rato con subvertir las bases de la sociedad venezolana, que anuncia a bombo y platillo la muerte del capitalismo y de su avance inexorable al resto de pueblos americanos, apenas ha hecho tímidos avances en las mejores reales de las condiciones de vida de los deheredados del país, todo lo más una legislación por la senda de la tradicion constitucionalista hispana, esto es, en la creencia de que primero viene la ley y luego el remedio, una metafísica que nos ha proporcionado la historia que tenemos de golpes de estado a la menor de cambio y constituciones una tras otra a servicio de la facción de turno. De ahí la larga lista de reformas constitucionales como previo paso al alumbramiento de una nueva sociedad y no al revés. También ha impulsado medidas populares, y a veces sólo populistas, como las misiones bolivarianas, la expropiación con reservas de los grandes latifundios, la nacionalización progresiva de los sectores económicos estratégicos del país, todas ellas dirigidas a poner las bases de esa revolución tantas veces anunciada, la cual después de tanto tiempo y tanto amago no parece otra cosa que una mera estrategia de mantener un estado de tensión continua entre sus adeptos con el único objetivo de agarrarse al poder a la vez que va haciendo tímidas reformas estructurales que apenas se sostienen por otra cosa que no sea la bonanza petrolífera en la que ha vivido el país hasta el momento.

Dentro de esta estrategia de tensión continua, si es que no es su principal componente, encontramos el tira y afloja entre lo teatral y lo simplemente dictatorial, con una oposición que en los últimos años ha ido evolucionando desde los afines al antiguo régimen corrupto copeyano al conjunto de agentes sociales descontentos con el presidente, del que forman parte tanto líderes sindicales como antiguos y destacados miembros del gobierno.

Y cómo no, al discurso populista contra la oligarquía corrupta y los contrarrevolucionarios de ocasión, amen de los ataques cada vez más escandalosa de la libertad de expresión, los cierres de los medios críticos y la encarcelación de los pocos que osan levantar la voz dentro de sus propias filas, Chavez también ha sumado la demagogia antimperialista y los fantasmas nacionalistas con Colombia como vecino susceptible de volcar sobre él todas las frustraciones y fracasos del gobierno bolivariano en el mejor estilo de "ponga una guerra con el vecino y los suyos se olvidarán de todos lo problemas de casa".

Eso es lo que hay, la dictadura encubierta de un charlatán populista al más genuino estilo sudamericano, ahora con el agravante del fenómeno de los media y la televisión como el más destacado de ellos por su influencia sobre una población con grandes cifras de analfabetismo, y mucha, pero mucha demagogia maridada con socialismo, indigenismo y nacionalismo, todo lo que haga falta para sostener un régimen cuya última razón de ser, y siguiendo un guión que recuerda las mejores novelas sobre dictaturas sudamericanas con el Tirano Banderas de Valle Inclán a la cabeza, cada vez es más evidente que empieza y acaba en la propia figura de Chavez.

Claro que al lado, delante y detrás de él todavía no hay nada, ni una verdadera praxis revolucionaria por muy trasnochada que ésta sea, ni siquiera, y lo que es peor, una alternativa de oposición seria, factible. Sobre todo, porque de haberla está ya no puede venir de la clase cuyo régimen él fulminó con sus sucesivas victorias electorales, y también el descrédito de la intentona golpista de esa misma oligarquía incapaz de ver más allá de sus intereses económicos y de clase, sino más bien de entre las propias filas del chavismo sociológico, la clase social desfavorecida de la que también surgió en Brasil su actual presidente, Lula, el reverso en casi todo del venezonalo, y muy en concreto en cuanto a resultados dentro de lo que también en un discurso de izquierdas pero con los pies muy en el suelo y no en el mito o en la pura nada como en el caso del presidente telepredicador de Venezuela. Casi es de lógica histórica, la misma que si la repasas te das cuenta de que en revoluciones anteriores como la francesa, los que pusieron freno a los desmanes de los primeros años no fueron los defensores del llamado Antiguo Régimen, sino la clase media resultante de esa misma Revolución que en sí misma fue un punto de no retorno. En Venezuela, me lo aseguraba e ilustraba con ejemplos mi prima, aparte de los encaramados en el poder y como de costumbre no siempre por verdadera devoción o convencimiento, no existe la voluntad de crear una clase media a partir de los mejores, los más inteligentes o esforzados de la baja gracias a un sistema de promoción social vía becas, créditos o lo que sea. La igualización socialista que pregona Chavez dista ser por el medio del que surgen nuestras prósperas democracias occidentales, sino más bien por lo bajo; no vaya a ser que una vez bien situados en lo económico y hasta en lo académico, les dé también por pensar por su propia cuenta y de ahí al revisionismo revolucionario, siquiera sólo a renegar del comandante en maracas y su pachanga mediática, solo hay un paso, qué digo, un voto.

Esto último hasta me lo reconoce mi prima, más bien me lo señala, desde siempre mucho más lista y sincera que la mayoría de los venezolanos de su entorno, escuálidos en su inmensa mayoría, ciegos ante el pasado, presente y futuro de su país, incapaces de ir más allá en su discurso de la pataleta o el insulto, de ver más allá de los errores o excesos de su actual presidente los suyos en el pasado, de hacer algo más que chistes a cuenta de la sumamente hortera chaqueta de Chavez con los colores de la bandera venezolana. No se dan cuenta de que puede que con ella Chavez no sólo de la nota y demuestre su escaso o nulo pudor en las cosas del vestir, también se exhibe como le gustaría hacerlo a la mayoría gente que lo apoya: encantado de conocerse como venezolano sin complejos y buenas dosis de rumba, ajuaaa.

miércoles, 11 de agosto de 2010

LA BALADA DE IZA


Noche del miércoles, un calor de aupa que no dejaba dormir al bebé, me he tenido que tragar entero uno de esos CDs de sonidos acuáticos y juro que casi me meo por la cosa esa de la sugestión hipnótica o lo que sea. El caso es que hemos estado sudando la gota gorda el baby y yo en la cama hasta que por fin ha caído rendido a mi costado. Luego a perseguir al otro por la casa para que se desvistiera, cenara, se lavara los dientes y fuera directo a la cama. Nada del otro mundo, al menos no de éste. Luego una vez situados los retoños, mi señora que se atrinchera frente al televisor a ver una de sus series. Pues de cabeza al blog porque en el interín de su serie y mi entrada seguro que empieza algo que merezca la pena.

La intención era dedicar una entrada a las lecturas del verano, siquiera sólo por ser lo más recurrente con lo que mantener los dedos sobre el teclado. No obstante, me digo, ya por enésima vez, que no le veo mucho sentido a eso de comentar libros como si de un crítico de baratillo se tratara. Las lecturas son muy subjetivas, tienen que serlo a la fuerza, ni siquiera lo que escribe uno sobre un libro es lo mismo que días después y con el ánimo cambiado volvería a escribir.

Con todo, y como en realidad lo que me anima a hacer alguna reseña no es otra cosa que elaborar mi peculiar y muy personal lista de libros a ser tenida cuenta en un futuro, esto es, cuando me de por releerme en el blog, sólo me queda decir que de entre las lecturas del verano, mucha historia, novela negra y libros de viaje, siquiera para compensar el sedentarismo de estos años, si tengo que destacar algo es sin duda LA BALADA DE IZA de la escritora húngara Magda Szavo. Una preciosa historia de intimidades humanas, altibajos emocionales y vitales y, sobre todo, vicisitudes familiares en torno a las relaciones entre padres e hijos, amen de las historias de amor más o menos satisfactorias de sus personajes. Todo ello con el transfondo de la Hungría en los estertores de su régimen comunista, con la provincia y la gran capital como telones de fondo.

Sé que así de entrada no parece gran cosa, que con estos mimbres las hay a miles, que podría pasar por otra novela del Este tan en boga de unos años a esta parte, los paises del antiguo telón de acero como un filón inagotable de autores por descubrir, víctimas del anonimato inducido por sus respectivas dictaduras, escritores antes represaliados y ahora reconvertidos en notarios de estas mismas. Los hay a montones sobre las mesas y escaparates de las librerías, no todos son tan buenos como nos prometen en las solapas de sus libros. Pero no, esta novela, esta autora, ha construido un retrato sicológico excepcionalmente fino y a la vez potente de sus personajes, la sutileza junto con la más aguda de las miradas sobre las relaciones humanas, la convierten en un hermoso ejemplo de lo que tiene que ser la buena, verdadera, literatura: historias de personajes. Hay melancolía, ternura, emoción, asombro, alegría, amores y desengaños; simplemente la vida. Nada más que eso, que no es poco, todo lo demás a mí se me antonja pura farfulla mediática, mercantil, cuando no chalaneo al cuadrado de los enteradillos de siempre, por no decir pringosa y empalagosa nocilla, a buen entendedor...

A continuación, por si pudiera interesar a alguien, una pequeña sipnosis que robo de alguna web para no devanarme los sesos en demasía:

Tras la muerte del padre, Iza decide llevarse a su madre a vivir con ella. Iza es una doctora de prestigio y mujer trabajadora a la que todo el mundo reconoce su entrega. Formalmente nunca falla, está siempre atenta a las necesidades de los demás, muy competente y entregada en su trabajo y generosa. Por eso, tras la muerte del padre, calcula todo lo que necesitará su madre, y se dedica a organizarlo todo.

La madre parece contenta, dentro del luto, porque podrá volver a vivir con su hija, que años atrás se había trasladado a Budapest y apenas venía a visitarlos y, cuando lo hacía, ni siquiera dormía en casa. Las buenas intenciones de la hija y el ambiente propicio no son los adecuados para la anciana pueblerina que cada vez se encierra más en sí misma. Un viaje a su pueblo para colocar una lápida sobre la tumba del marido muerto propiciará un fatal desenlace.