Como el mayor no está en casa me toca llevar a ese simulacro de Fox Terrier mínimo que vive con nosotros al veterinario para que le corte las uñas, que por lo que se ve no se las podemos cortar en casa por si las moscas o yo qué sé. Ni qué decir que tardo una media hora en agarrar a la bicha tras sortear el reguero de cacas y meados que deja por toda la casa dado que el responsable de recogerlas, mi hijo mayor y dueño putativo del bicho, está en la uni por las mañanas.
- Ahora estamos a tope, tendrá que pasar a la salar de espera hasta que le llamemos.
- De acuerdo, si no queda otra.
- Usted no, la perra.
- ¿Cómo?
- El una sala de espera exclusiva para mascotas; no queremos que se estresen con la presencia de humanos que no conocen.
- ¿Y los dueños dónde nos ponemos?
- Pues aquí no hay sitio, así que tendrá que esperar en la calle; pero, no se vaya a tomar un café o a dar un garbeo, en cualquier momento podemos llamarlo.
- Pero, pero, afuera hace un frío que pela y además amenaza lluvia y puede que hasta granizo.
- Ya, es lo que hay.
- Entiendo, contento con que no me aten a un árbol por si me escapo...
Al cabo de una hora y pico me llaman para que recoja a la perra.
- Son 300€.
- ¿Cómo? Mi mujer me ha dicho que las uñas se las cortabais gratis como deferencia por ser clientes habituales.
- Claro, sí, las uñas gratis. Los 300€ son el paquete de pastillas para todo tipo de pijoterías que hipotéticamente pueden afectar a la perra y que es mejor que tenga en casa por si las moscas; sin ir más lejos la Tse-Tse, que no es que se dé aquí mucho; pero, con tanto cambio climático... También se incluyen unos chuches especiales y varios juguetes robotizados para que no esté su mascota todo el día tirada en casa sin hacer nada.
Me callo porque si la monto sé que luego me la van a montar a su vez en casa mi mujer y mis hijos, que si soy un puto ogro insensible que vive anclado en la Edad Media, un australopitecos irrecuperable y todas esas mierdas al uso. Luego ya, de camino a casa, voy tan absorto en mis pensamientos contra el mundo que casi me despisto y dejo miccionar a la perra junto a un portal. Ahora, como la llevo atada de la correa le pego tal tirón que probablemente se le hayan quitado las ganas de mear en la calle para una semana.
- ¡ALTO A LA POLICÍA MUNICIPAL!
- ¿Qué pasa, qué he hecho, qué?
- ¿Que qué ha hecho, que qué ha hecho? ¡Que hay que tenerlos bien puestos! ¿Le parece normal el tirón que le ha dado de la correa al pobre animal?
- Era para que no meara en ese portal.
- Encima justificando el maltrato animal.
- ¿Es que ahora está bien visto que los perros meen en los portales?
- Con la nueva normativa lo que está mal visto es traumatizar a las mascotas impidiendo que puedan hacer sus necesidades fisiológicas cuando ellas lo tengan a bien. Le va a caer una multa de las gordas.
Así que no sólo he sumado a los 300€ de la veterinaria otros 400€ de la multa del munipa, sino que encima me he visto obligado a llevar a la perra al mingitorio canino que el ayuntamiento ha acondicionado en cada barrio usurpando terreno de los parques para críos. El meadero en cuestión es un barrizal asqueroso y apestoso al que no me queda más remedio que entrar con la canija para que no se la coman otros perros más grandes que ella, eso o para que no le peguen un mordisco en el hocico por pesada.
El caso es que me ha entrado tal depre que no me ha quedado más remedio que hacer lo que hago en estos casos: entrar a una pastelería para comprarme un algo con crema, una polka, un pionono, una bomba, un suso, lo que sea. Luego ya decido sentarme en un banco para poder disfrutar en deliciosa soledad mi pastelito de crema. La perra me mira con sus habituales ojos de ansiedad poco y mal contenida mientras me deleito con lo que cada vez tengo más claro que es una de las pocas razones por las que merece seguir vivo a estas alturas de mi existencia. Por lo general suelo compartir mi pastelillo con ella; pero, en esta ocasión es tal mi mosqueo que he decidido disfrutar también, y con verdadero sadismo, de la desesperación de la perra al ver cómo engullo su objeto de deseo sin separar ni una miserable migaja para ella.
- ¡TE HEMOS VISTO, TE HEMOS VISTO! ¡MALTRATADOR, MALTRATADOR!
Ha sido escuchar a esos putos críos abroncarme por no haber compartido mi pastel de crema con el puto chucho, que me ha entrado verdadero pánico; ya sólo faltaba que les hubiera oído el munipa de antes y... 500€. Así que llego a casa con unos humos que ni para qué. Claro que para el caso que me hace mi mujer cuando me quejo de lo de la veterinaria, el munipa y los críos, pues mejor encerrarme en mi rincón a ver si me tranquilizo un poco escuchando música. Y esa era mi intención, relajarme, hasta que al atravesar el pasillo he pisado una vez más, y no sólo una sino varias veces, parte de la cuota de pis y mierda que el puto Fox Terrier del tamaño de una puta rata de alcantarilla acostumbra a dejar a diario por toda la casa; creo que mis juramentos se han podido escuchar hasta en el desierto del Gobi. Ni tan mal, porque ni Coltrane, Chet Baker, Schumman u hostias en vinagre, está más que demostrado que lo que relaja de verdad es cagarse en Dios por todo lo alto durante un buen rato. Al cabo de una media hora o así, oigo que llaman a la puerta.
- ¿Mande?
- Buenas tardes, somos agentes caninos de los servicios animales de la Diputación.
- ¿Agentes de qué?
- Hemos recibido varias denuncias en las que se aseguraba que en esta casa se amenazaba a un can con tirarlo por la ventana.
- Mujer, era una manera de hablar, para desahogarme por haber pisado una de sus mierdas y tal.
- Lo siento, se trata de una situación de peligro, por lo que tendrá que abandonar la casa para venir con nosotros.
- Por mí como si se llevan con la perra también a mi mujer y mis hijos.
- Nos referimos a usted. Usted tiene que abandonar la casa dado que supone un peligro para el animal.
- ¿Y adónde me van a llevar, a una perrera?
-...
En ese momento despierto de la que ha sido probablemente la pesadilla más gorda que he tenido en muchas semanas. No pierdo un instante en despertar a mi mujer para contarle lo mucho que la he odiado en este sueño junto con los críos y, por supuesto, la puta perra.
- Y todo esto porque anoche te pedí que, puesto que eres el primero que madruga en esta casa, bajaras a la calle a la perra de mi madre para que pueda hacer sus necesidades.
- ¿Te refieres a la Golden Retriever coja que nos han dejado tus padres para que la cuidemos mientras se van dos semanas de vacaciones a Marruecos?
- Ja, ja. Me parto contigo, oyes.
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