Estoy de farra con mis colegas en un un conocido pub irlandés del centro de mi ciudad. Llevo ya media docena de pintas negras, varias de ellas a lo "black&white", vamos, con un chupito de whiskey Jameson dentro, y además demasiado bien echadas como para no sospechar de que se trata de un sueño en toda regla.
Entonces, entre tanta pinta, risas y algún que otro cántico al estilo de The Fields of Athenry (By a lonely prison wall/I heard a young girl calling/Michael, they have taken you away...), de repente me entran unas ganas tremendas de descargar tanto negro elemento. Así que desciendo las escaleras que conducen a los meaderos del pub. Reconozco que el descenso se me hace eterno; un poco más y fijo que voy de cabeza al infierno. Ya en el subsuelo, junto a la puerta que supongo que da a los servicios, me encuentro a una chica sentada a una mesa con un un tablero de ajedrez encima.
-¿Tú no eres la de Gambito de Dama?
- Lo que tú digas- Pero, si quieres cruzar la puerta tendrás que ganarme una partida.
- ¿Lo qué?
- Juegas o te meas encima.
- Juego.
No me dura ni cinco minutos, despacho la partida con un Jaque Mate del Pastor y corro a abrir la puerta del baño para encontrarme junto a otra puerta a... ¿Anatoli Karpov?
- Venga, rapidito que me meo. Mueves tú.
Mira si tendré ganas de mear que me lo cepillo al ruso en menos de cinco minutos con un Gambito italiano.
- ¡Que me meooooo!
Atravieso la segunda puerta y me doy de bruces con la tercera. Junto a esta me espera, cómo no, Garri Kasparov.
- ¡A tomar por culo, Jaque Mate del Loco!
En la siguiente puerta me espera la ajedrecista georgiana Nona Gaprindashvili. La verdad es que ya me estoy empezando a cansar de tanta partida y tanto ex-soviético. Eso y, sobre todo, que no me aguanto. Así que no dudo en jugar un poco sucio.
- ¿Tú no eres la ajedrecista que demandó a Netflix por haber dicho que nunca jugaste contra hombres? Eso y que en la serie además te decían "ajedrecista rusa".
- Sí, ¿Qué pasa, pues?
- Nada, nada. ¡GAMBITO DE DAMA!
Cruzo la quinta puerta ya con la vejiga a punto de estallar, confiando que la pesadilla acabe de una vez por todas. Pero no sería una pesadilla si no hubiera otra puerta y junto a ella... ¡MI PUTO HIJO PEQUEÑO?
- Venga, aita, ya sabes lo que toca, tienes que ganarme si quieres...
- Va a ser que no, no. ¡Si tú me ganas siempre, a mí y a todos!
Dicho lo cual ya no aguanto más, así que me saco la chorra ahí mismo -confieso que empieza a preocuparme las veces que lo hago en mis últimos sueños- y vació todo lo que llevo dentro sobre el tablero y también, qué se le va a hacer cuando lo que se impone es la fisiología, parte del crío.
- ¡SERÁS GUARRO!
- Lo siento, hijo, no podía más y tampoco tenía opción.
- ¡PUNKY, QUE ERES UN PUTO PUNKY!
Y sí, claro que sí, al despertarme había gotitas...
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