viernes, 21 de marzo de 2025

UN COR FURTIU - JOSEP PLA de Xabier Pla


    Qué barbaridad, Marc. Esto por haber hablado en voz alta para lo de un regalo navideño y de buen nacido es ser agradecido y tal, que si no de qué me iba a tirar yo desde diciembre hasta ayer leyendo este tocho. Vamos, por eso y porque a mí me van mucho los escritores que dicen poliédricos, contradictorios, por eso de ir a la contra de su supuesto rebaño, siquiera a la contra de lo que se estilaba en su época. Luego yo es que de la copiosa obra de Pla, 47 volúmenes y así, sólo he leído el famoso "Quaderm gris" y "Fer-se totes les il·lusions possibles - i altres notes disperses". Vamos, que no soy lo que se dice un devoto ni muchos menos. Pero, aún así reconozco el embeleso de esa prosa aparentemente sencilla, directa, clara, tan culta como coloquial y el uso constante de la ironía para lijar la solemnidad que pudiera haber ente sus líneas, de los diarios antes mencionados.

Así que de repente me veo con un regalo de Navidad de casi mil quinientas páginas. Una barbaridad que supongo que hay que considerar un hito biográfico por parte del autor, un pujo por escribirlo todo sobre el escritor de Palafu... Pla. de abarcar todo aspecto de su vida y obra que pudiera pasársele a alguien por la cabeza. Una biografía que apabulla y no tanto por su tamaño sino por la cantidad de información que, supongo, de no ser un entusiasta lector de Pla, resulta sinceramente innecesaria. Me refiero a capítulos como los dedicados a los asuntos de rentas y tal de la casa familiar de los Pla, los pormenores de la relación con el padre, o, ni qué decir, esos otros dedicados a los escarceos amorosos del autor con féminas como la Aurora o la Consuelo -aquí "articulizo" los nombres como guiño catalanista o algo por el estilo-. Capítulos, episodios, apartados o como lo quieras llamar que juzgo que se podrían haber resuelto en varios párrafos, acaso pinceladas, y poco más, que no entiendo la necesidad de extenderse en las intimidades del autor si no es para rellenar, siquiera para demostrar lo exhaustivo que ha sido el biógrafo que no ha dejado escapar ni una tarde de juegos amorosos bajo el sol del Mediterráneo o así, que nos ha documentado hasta las puestas de sol del Ampurdán.

Luego ya en lo que atañe a la obra literaria de Pla y sus más y menos con la intelectualidad de su época, incluso sus devaneos políticos en el ejercicio de su oficio como periodistas, qué decir. Pues bien, no sé, ahí también tengo que reconocer que, si dejamos a un lado "La plaça del Diamant" de Mercé Rodoreda, "Camí de Sirga" de Jesús Moncada, "Julia" de Isabel-Clara Simó, "Feliçment jo soc una dona" de M.A. Capmany y cosas de Joan Fuster como "Nosaltres els valencians", amén de alguna que otra cosica de contemporáneos como Pamies, Quim Monsó o "La mestra i la Bèstia" de Inma Monsó, "Noruega" de Rafa Lahuerta Yúbera y puede que algún otro que haya olvidado, tampoco es que servidor esté muy versado en Literatura catalana por mucho que me apasione la lengua y en general todo lo relacionado con esa zona de la Península. Lo digo, subrayo porque soy consciente de que mucha, o la mayoría, de la información que aparece en la biografía de Pla seguro que hace las delicias en los que sí lo están, de ahí la puntillosidad del biógrafo que sabe a qué público se dirige. A mí, en cambio, me ha pasado lo que con muchas otras biografías y autografías de las que leo de vez en cuando, porque la maldita cosa esa de la curiosidad acostumbra a ponerte entre las manos libros que luego te preguntas a santo de qué tanto tiempo vertido en escudriñar vidas que tampoco tienen para tanto. Y esa fue la de Pla, una vida que tampoco tiene para tanto, como mucho el cosmopolitismo del principio y una guerra civil y su posguerra de por medio como testimonio, este sí, interesante a través del periplo vital un escritor ferozmente individualista y pinturero, a la par que liberal sincero, "pagès" conservador casi que por definición y catalanista en diferente grado de exaltación patriótica según las circunstancias, el cual atravesó la larga noche del franquismo casi que sin moverse, más que nada en lo simbólico, con boina y pitillo para lo del postureo de las fotos, porque en lo físico no se estuvo quieto, del "mas" familiar. Eso hasta que por fin escampó. Pues bien, para otros no sé, para mí demasiadas hojas. Suerte que estas cosas nunca las leo de tirón, sino al limón con otras, así que no me extraña que desde navidades hasta ayer hayan pasado prácticamente tres meses, lo que nunca.

 

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