sábado, 7 de febrero de 2015

AMIGUITOS



Han condenado a seis años de cárcel a Marcial Dorado. ¿Que quién? Pues mira, el amiguito de Feijoo, el narcotraficante con el que veraneaba el actual presidente de la Xunta de Galicia y de cuya estrecha relación dieron fe fotos como la que ilustra esta entrada. ¿Que eso ya se aclaró en su momento, que Feijoo no sabía nada de nada de a lo que se dedicaba su amiguito, que ni siquiera lo eran de verdad, que fue cuando todavía Feijoo era un mindungui en la administración gallega, que pasaba por ahí, el Dorado le dijo que subiera a bordo, se puso el traje de baño y...? Pues por eso, porque clama al cielo no sólo la corta memoria en este país, bien que aposta claro está, ese rasgarse las vestiduras cuando salta la noticia para luego aparcar el tema a los dos días y a otra cosa mariposa, sino también o sobre todo porque la única consecuencia de que la máxima autoridad gallega haya tenido entre sus amistades -no sé vosotros, pero yo no me subo al yate de cualquiera, no me subo al de nadie en realidad, en traje de baño a dar una vuelta, tomar unas birras y echar unas risas si no media como poco "cierta" confianza...- a uno de los narcos más conocidos de Galicia, fuera la escena histriónica pero bien que justificada de Xoxe Manuel Beiras en el parlamento gallego y pelillos a la mar. Eso y la correspondiente respuesta de los lacayos mediáticos al uso quitando hierro al asunto, disculpando al presi porque esto o lo otro y acusando al resto de lo de siempre, inquina, difamación, catastrofismo, revanchismo; ya saben; guau, guau, guau... Y también, también, de que esas anécdotas sin importancia como la de que un político se pasee en compañía de un narco ocurren en cualquier lado, que los que dicen que estas cosas sólo pasan en España porque más al norte sería inconcebible no saben de lo que hablan porque en todas partes cuecen habas y no somos más diferentes que los suecos o los daneses. Momento ideal este para recomendar a ese espécimen tan reconocible en los medios y en las redes que acostumbra a afear al resto su indignación por estas cosas, y aquí a saber si lo hace porque le viene en el sueldo o por ese pujo de las mentes conservadoras, conformistas, cómplices, de fruncir el ceño ante toda opinión que cuestione lo establecido o señale con el dedo a los poderosos, qué se habrán creído, rojos de mierda, filoetarras, para que vean la serie danesa Borgen sobre los entresijos de la política en aquel país. Un país, para resumirlo en pocas palabras, en el que los políticos son tan pringados, débiles de carácter y espíritu, tan poca cosa en comparación de Feijoo, Rajoy y compañía, que hasta hacen que sus parejas renuncien a sus trabajos por el qué dirán si luego la empresa que los contrató y el gobierno tal o cual resulta que... ¿Ficción? Por supuesto, pero es que una serie así en España sería ya directamente de Ciencia Ficción.

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