martes, 28 de junio de 2016

CRÓNICA IMPOSIBLE MÁS SUBJETIVA Y CANALLA DE MI VISITA A LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN DE HACE UNOS AÑOS





                 (artículo publicado en web.solonovelanegra.com)



por Redaccion | Jun 28, 2016 | DiariaTxema Arinas | 0 Comentarios
La Semana Negra de Gíjón es uno de los eventos literarios de mayor calado y más conocidos del panorama ya no sólo español, un encuentro de creadores del género negro en el que se presentan libros, se dan charlas, se intercambian ideas, lecturas y hasta nombres de restaurantes y casas de citas. Por lo general lo mismo que en todas las ferias de cualquier otro gremio, pero con el añadido, o el plus, de que en este caso la repercusión mediática es esencial, tanto para la venta del producto como para la afluencia del público que se supone que llena las salas y compra los libros.
Por si fuera poco, la feria literaria in stricto sensum se desarrolla en unos escasos metros cuadrados bajo unas carpas junto a la playa del Arbeyal en el barrio de La Calzada de Gíjón. Es bajo estas carpas que se organizan las presentaciones de libros, actividad por la que siento un más que acendrado escepticismo, cuando no pavor y a veces hasta nausea, tanto en cuanto a su utilidad como al absurdo por el que trascurren la mayoría de ellas, y no estoy pensando en exclusiva de las mías, como prota o invitado, sino prácticamente todas a las que he asistido también como público y cuyo común denominador no es otro que el patetismo de las mismas. Las presentaciones de libros son actos sin pies ni cabeza cuyo único resultado práctico es reunir a la parentela y amigos del escritor para tomarse luego unas cañas. Porque la repercusión de la mismas por lo general deja bastante de desear, a no ser, claro está, que estemos hablando de autores consagrados que reúnen, además de a las personas antes citadas y algún lector de verdad, despistado y no, a la prensa en pleno, lo cual tendrá su debida repercusión al día siguiente en los diferentes medios, aunque pocas veces por cuestiones estrictamente literarias. Por lo demás, a las presentaciones de libros no va ni el Tato, como mucho algún periodista local que puede que consiga publicar una reseña de la misma en función de su relación con el autor o el editor, acaso sólo con la chequera de éste. Y por si fuera poco, las presentaciones de libros son en sí mismas un tostón de cuidado, cuando no un verdadero atentando contra el mismo objetivo que las anima, pues en la mayoría de los casos los comentarios sobre el libro en cuestión suelen ser tan de mercadillo, tengo género, vendo barato, me lo quitan de las manos, como contraproducentes en el caso de que el autor no tenga precisamente dotes de showman o por el estilo, que suele ser lo habitual en el caso de los escritores a no ser que medien los copazos de rigor entre pecho y espalda, como que de lo contrario la mayoría se dedicaría a otros menesteres más prácticos, en lo lúdico y en lo económico, en lugar de ese otro de enfrentarse a la aterradora soledad de su cuarto delante del ordenador.
Luego están las charlas de los escritores más o menos consagrados, ahí cada uno acude a la que le viene en gana si tiene suerte o le apetece. Yo sentía curiosidad por la charla siempre divertida del bilbaíno Fernando Marías, no me iba a aburrir, seguro. Por la del griego Petros Markaris por tener todavía reciente la lectura de su NOTICIAS DE LA NOCHE que tanto me había gustado. La presentación de NECROPOLIS del colombiano Santiago Gamboa del que siempre he disfrutado con sus libros, LOS SUEÑOS DE UN LIBERTADOR de Fermín Goñi y la esperanza de ver en alguna charla, presentación o lo que fuera a la gallega Mercedes Castro que anunciaba presentación de su segunda novela MATRIS tras la maravillosa Y PUNTO. También me picaba la curiosidad por conocer al asturiano Nacho Guirado que con NO SIEMPRE GANAN LOS BUENOS, ambientada en lo que viene a ser el triángulo Oviedo-Gijón-Avilés, y que demuestra una vez más que el marco geográfico de una trama negra no tiene porque circunscribirse en exclusiva a escenarios preestablecidos como pueden ser las grandes urbes y sus bajos fondos o cualquier otro al uso. Cualquiera vale y si no basta con abrir las páginas de sucesos de cualquiera de las ediciones locales del planeta.
Por otro lado, hay que señalar la presencia en la Semana Negra del prolífico escritor vasco Jon Arretxe, el cual presentaba la traducción al castellano de dos de sus últimas novelas, SHAHMARAN y LA CALLE DE DOS ANGELES, y del que recuerdo haber leído hace tiempo una novela negra que transcurría en el casco viejo de Vitoria con un inspector de la Ertzaintza de protagonista o algo parecido, la cual no estaba nada mal dentro de su género. Arretxe no sólo cultiva la literatura de género, negra y de viajes sobre todo, sino que además vende lo que quiere dentro del limitado mercado editorial en euskara. También llamaba la atención la presencia del bilbaíno Juan Bas con su irreverente y divertida Voracidad Alacranes en su tinta, pero sin relación directa con la novela negra. Otro tanto ocurre con el navarro Patxi Irurzun, autor de los libros Ajuste de cuentos, Cuentos de color gris, Cuentos sanfermineros, El cangrejo valiente y La polla más grande del mundo, las novelas Cuestión de supervivencia, Ciudad Retrete, Odio enamorado, En el desierto de la soledad, y el libro de viajes Atrapados en el paraíso o su último libro La virgen puta, una verdadera gozada. Irurzun pasaría por un cabrón con pintas que se toma todo a guasa o casi, hasta o sobre todo lo más sagrado, pero cuya presencia en la Semana Negra, puede que venga a evidenciar de alguna manera que el género negro puro y duro, con sus tramas de asesinos, polis, detectives, forenses y demás ralea, se queda corto para tanta oferta.
Del resto, o no los conozco pero me gustaría, tiempo al tiempo que somos demasiados en este barco, o no me interesan porque me han aburrido y hasta cabreado con alguna de sus obras. Por lo demás, hay que reconocer que por mucho apego que tenga uno a la cosa literaria, por muy festival de la República de las Letras que amague ser la Semana Negra, la cosa de las presentaciones y las charlas se me sigue haciendo cuesta arriba. Para ello basta acudir a una charla en la que el escritor, en este caso un joven latinoamericano cuyo nombre y nacionalidad omito por respeto, larga una inacabable homilía acerca de su obra y aburre hasta a las musarañas, únicas asistentes al acto con la excepción, digo yo, de los cuatro colegas gafa-pasta, y comprobar hasta qué punto resulta absurdo, terriblemente aburrido incluso, este tipo de actos cuando el que los dirige no tiene el talento de un maestro de ceremonias como podría ser, por mentar a alguien, Andreu Buenafuente, o la mala baba de un irreverente y siempre divertido Rubiales para, por Dios y Graucho, hacerlo más ameno. Eso por no hablar de las tertulias de escritores, colegas y no, y las cuales consisten en lo esencial en comerse la polla los unos a otros compitiendo a ver quién suelta la frase más redonda, tremenda o simplemente pedante, de vómito. Pero bueno, yo es que soy un ocioso frustrado y amargado que no ve nada con buenos ojos…
Por lo demás, sólo comentar mi estupefacción ayer cuando llegamos a la feria en cuestión, que a la vista de las largas filas de puestos ambulantes de senegaleses casi me da por pensar que lo de la Semana Negra se refería a otra cosa; yo al menos tuve un momento que me vi de nuevo en el centro de Dakar como hace diez años o así. Y es que contiguo a las carpas de la cosa literaria, se concentraban no sólo los mercachifles de todo tipo y quincalla que pueblan nuestro paisaje urbano contemporáneo, sino también un importante parque de atracciones cuyo ruido ensordecedor nos acompañó, torturó, desde el primer momento, y al que no me pude resistir por culpa del mayor de mis retoños, con lo que yo, que iba para la cosa de las letras, me veo de repente montado en el tren chu-chu más cutre que ha parido madre, como que por no tener no tenía ni bruja que te azotara, todo lo más un barraquero mal encarado que le daba al botón y un colega de éste repartiendo globos y globazos a unas mamás con nenes todavía susceptibles de revolcón, las madres, claro. Patético, encima me mareé de puro aburrimiento. Menos mal que la alegría desbordante de mi retoño hace que estas y tantas otras cosas merezcan la pena. Eso sí, a la noria, ni qué decir, se subió su… querida madre con él.
En fin, y mientras esperaba que la madre y el guaje regresaran a tierra firme, a la vez que trasegaba la enésima cerveza y mecía el cochecito del bebé, pensaba acerca de que si toda aquella mandanga estruendosa había sido una idea de los organizadores de la Semana Negra para atraer público a la cosa de los libros con la escusa de las atracciones, iban bien dados. No veía yo al personal muy dado a curiosear entre las novedades de la feria literaria a pocos metros de los churros, el algodón de azúcar, el tiro al plato, la noria, el martillo Ranger o los autos de choque. Y lo digo porque me cuesta horrores concebir que alguien que disfruta como un enano, o como los enanos más bien, de todo aquel bullicio sonoro y la marabunta sudorosa y bullanguera, pueda luego hacer otro tanto con el silencioso y solitario placer de la lectura. Pero bueno, cada cual con sus prejuicios y yo con los míos, como todo hijo de vecino. Ahora bien, confieso que esto lo escribo única y exclusivamente por el agobio sufrido, que yo también he tenido mis ratos de autos de choque y churros de chaval y los recuerdo con no poco cariño.

Para acabar la jornada nos fuimos a tomar algo con una amiga de mi señora a la que nos encontramos de camino al aparcamiento donde habíamos dejado el choque. De modo que, entre que ellas se ponían al día de sus cosas y servidor soltaba alguna que otra chorrada para que no le cupiera duda a la amiga de mi mujer sobre lo sinsubstancia y bobo de necesidad del hombre con el que había matrimoniado, va nuestro primogénito y se estampa contra el suelo por hacer el chimpancé sobre una silla de bar. Menudo hostión que se llevó el pobre, sangrando por la nariz y la cabeza, como que creíamos que se la había partido, que había que correr a urgencias a que se la pegaran o vete a saber qué, en estos casos siempre hay que ponerse en lo peor. Menos mal que como de costumbre sólo fue un susto, eso y el chinchón la mar de chulo que le ha salido en todo el bolo. Así que de momento mejor dejarse de negruras que para eso ya está este cielo encapotado con el que hemos amanecido hoy en Oviedo, que a ver si también se nos van a joder los planes playeros para el fin de semana y acabo cargándome a alguien para desahogarme, y así ya de paso también  poder protagonizar mi propia trama negra, ésta ya de éxito seguro.

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